Nuevo Principe de la Iglesia y Obispo de Iquique

Consagración episcopal de Monseñor Marco Órdenes

Con Aplausos, vitoreo y lágrimas fue recibido Monseñor Marco Ordenes Fernández, el pasado 18 de noviembre en La Tirana, día de su Ordenación Episcopal.

 
Jueves 23 de Noviembre de 2006
Cerca de las 17.50 horas llegó hasta la Cruz del Calvario, el hasta entonces presbítero, quien no logró esconder su emoción al sentir las muestras de afecto de amigos y fieles que le esperaron en el lugar para, junto a las diversas cofradías de los Bailes Religiosos, peregrinar al son de la banda hasta el acceso a la sacristía del templo de la “Carmelita”.

Profesión de la Fe

Inmediatamente después de llegar al Santuario, el nuevo Pastor bajó a la Capilla del Cenáculo, donde juró fidelidad a la Iglesia y al Santo Padre.

Orando, lo esperaban sus hermanos sacerdotes, seminaristas y Monseñor Enrique Troncoso Troncoso, Obispo de Melipilla, para presenciar la profesión de fe, que deben realizar los electos Obispos antes de Consagrarse.

Ceremonia de Consagración

Mientras Monseñor Ordenes cumplía con dicha ceremonia, en la explanada del Santuario de La Tirana, más de 3.000 devotos, fieles, autoridades regionales y locales, además de amigos y familiares, rezaban y cantaban a la espera del inicio de la solemne celebración litúrgica.

A las 19.20 horas, el nuevo Pastor se ubica entre los presbíteros, mientras que el padre Carlos Hernández, sacerdote a cargo de la parroquia Padre Hurtado de Iquique, entrega un saludo diocesano a los obispos asistentes. Ver texto completo

El Rito de la Ordenación

Una vez leídas las lecturas y el Evangelio el presbítero Franklin Luza, párroco de la parroquia Espíritu Santo, solicitó la ordenación episcopal al obispo Consagrante: “Reverendísimo Padre, la Iglesia peregrina de Iquique, pide que ordenes de Obispo al Presbítero Marco Antonio Órdenes Fernández”, y el Cardenal respondió “¿Tienes el mandato apostólico?”. “Lo tenemos”, dijo Luza. El Arzobispo de Santiago pidió que dicho documento fuera leído, y el padre Cristián Castro Toovey, dio lectura al mandato apostólico en que certifica la decisión del santo Padre en el nombramiento del nuevo Obispo: “hemos pensado en ti, amado hijo, que estás adornado no sólo de virtudes sino también de experiencias y doctrina, y por tanto te juzgamos idóneo para desempeñar este oficio. En consecuencia, habiendo escuchado el parecer de la Congregación para los Obispos, haciendo uso de nuestra potestad apostólica, te nombramos Obispo de la Diócesis de Iquique”. Ver texto completo

Posteriormente el Cardenal Francisco Javier Errázuriz saludó a los presentes y de forma especial a la madre y familiares de Monseñor Órdenes. Durante su homilía se dirigió al nuevo Obispo de Iquique: “nuestro ministerio episcopal está marcado por la experiencia de la debilidad frente a la magna obra que el Señor realizar con nosotros. Somos servidores que actuamos en la Iglesia como instrumentos de Dios desde nuestra pobreza, conociendo nuestras limitaciones y agradecidos de su elección”.

“Por eso mismo, de la fe del Pueblo de Dios encontrará en nosotros mucho más de lo que somos, de nuestra pobreza humana. Encontrará a Cristo, su Buen Pastor. No será, querido hermano, ni tus méritos ni tus talentos, sino el amor a su Persona y a su Pueblo, la confianza en u Palabra, la disposición de servir conforme a las mociones del Espíritu Santo, y el abandono en su inconmensurable misericordia, lo que hará posible que seas, como Obispo, centinela atento, testigo creíble y fiel servidor de Cristo, esperanza de la Gloria”.

Promesa del Elegido

De manera previa a los signos de la imposición de las manos de los obispos asistentes a esta celebración, el Cardenal Francisco Javier Errázuriz, como obispo consagrante señaló que “una antigua disposición de los santos padres establece que quien ha sido elegido para el Orden episcopal, sea previamente examinado ante el pueblo sobre su fe y sobre su futuro ministerio, por tanto querido hermano, te pregunto: ¿Quieres consagrarte hasta la muerte al ministerio episcopal, que hemos heredado de los apóstoles y que, por la imposición de nuestras manos, te va a ser confiado con la gracia del Espíritu Santo?”, fue la primera pregunta de Monseñor Errázuriz al nuevo obispo de Iquique, quien respondió. “Sí, quiero”.

Luego el interrogatorio continuó: “¿Quieres predicar fielmente y sin desfallecer el Evangelio de Cristo?”. Sí, quiero. “¿Quieres conservar íntegro y puro el depósito de la fe, tal como fue recibido de los apóstoles y conservado en la Iglesia siempre y en todo lugar?”. Sí, quiero. “¿Quieres edificar la Iglesia, Cuerpo de Cristo, permanecer en su unidad con el Orden de los Obispos, bajo la autoridad del sucesor de Pedro?”. Sí, quiero. “¿Quieres obedecer fielmente al sucesor de Pedro?”. Sí, quiero.

“Con amor de padre, ayudado de tus presbíteros y diáconos ¿quieres cuidar del pueblo santo de Dios y dirigirlo por el camino de la salvación?”. Sí, quiero. “¿Serás siempre bondadoso y comprensivo con los pobres, con los inmigrantes y con todos los necesitados?”. Sí, lo seré. “Cómo buen pastor ¿quieres buscar las ovejas dispersas y las conducirlas al rebaño del Señor?”. Sí, quiero. “¿Perseverarás en la oración a Dios Padre todopoderoso y ejercerás el sumo sacerdocio con toda fidelidad?”. Sí, quiero hacerlo, con la ayuda de Dios. “Dios que comenzó en ti esta obra buena, él mismo la lleve a término”.

Una vez finalizado el examen público, Monseñor Órdenes se extendió boca abajo frente al Cardenal, mientras los presentes elevaban oración en su nombre. Inmediatamente después, ya de rodillas el electo obispo, el Cardenal Errázuriz impuso sus manos sobre la cabeza del elegido, como gesto de transmisión del ministerio episcopal. Lo mismo hicieron los obispos co-consagrantes: Monseñor Pablo Lizama Riquelme, Arzobispo y Metropolitano de la Provincia eclesiástica de Antofagasta y Monseñor Javier Prado Aránguiz, Obispo emérito de Rancagua, además del Nuncio Apostólico de Su Santidad, Monseñor Aldo Cavalli, y todos los obispos presentes.

La Consagración

Inmediatamente finalizado el gesto de la imposición de las manos, fue impuesto sobre la cabeza del presbítero elegido, el libro de los Evangelios, sostenido por dos diáconos diocesanos: Rigoberto Valeria y Luis Romero, como signo de súplica para que descienda sobre él la gracia y el don del Espíritu Santo. En tanto que el obispo consagrante elevó la oración consagratoria:

“Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios de todo consuelo, que habitas en el cielo y te fijas en los humildes; que lo conoces todo antes de que exista. Tú estableciste normas en tu Iglesia con tu palabra bienhechora. Desde el principio tú predestinaste un linaje justo de Abraham; nombraste príncipes y sacerdotes y no dejaste sin ministros tu santuario. Desde el principio del mundo te agrada ser glorificado por tus elegidos”.

Mientras que al unísono, todos los obispos asistentes, acompañaron la oración diciendo: “Infunde ahora sobre este tu elegido, la fuerza que de ti procede: el espíritu de gobierno que diste a tu amado Hijo Jesucristo, y Él, a su vez, comunicó a los Santos Apóstoles, quienes establecieron la Iglesia como santuario tuyo en cada lugar, para gloria y alabanza incesante de tu nombre”.

El Cardenal continuó la oración consagrante suplicando: “Padre santo, tú que conoces los corazones, concede a este servidor tuyo, a quien elegiste para el episcopado, que sea un buen pastor de tu santa grey y ejercite ante ti el sumo sacerdocio, sirviéndote sin tacha día y noche; que atraiga tu favor sobre tu pueblo y ofrezca los dones de su santa Iglesia; que por la fuerza del Espíritu, que recibe como Sumo sacerdote y según tu mandato, tenga el poder de perdonar pecados”.

“Que distribuya los ministerios y los oficios según tu voluntad, y desate todo vínculo conforme al poder que diste a los Apóstoles; que por la mansedumbre y la pureza de corazón te sea grata su vida como sacrificio de suave olor, por medio de tu Hijo Jesucristo, por quien recibes la gloria, el poder y el honor, con el Espíritu, en la Santa Iglesia, ahora y por los siglos de los siglos”.

Finalmente el obispo consagrante, el Cardenal Francisco Javier Errázuriz, invocó la fuerza del Espíritu derramando el Santo Crisma sobre la cabeza del entonces electo obispo de Iquique, que se convierte entonces definitivamente en un nuevo ungido de la Iglesia Católica: “Dios, quien te ha hecho partícipe del sumo sacerdocio de Cristo, derrame sobre ti el bálsamo de la unción y, con sus bendiciones te haga abundar en frutos”.

Ofrecimiento de las Insignias Episcopales y el libro de los Evangelios

De manera previa a este momento tan esperado por los fieles, hasta el altar, llevó el anillo episcopal, la madre de Monseñor Marco Órdenes, Fresia Fernández. Algunos representantes de la comunidad del Santuario de Nuestra Señora del Carmen de La Tirana, personas que cuidan el templo durante el año, entregaron la Mitra, y hermanos de las comunidades andinas, entregaron el báculo.

El nuevo obispo, ya ungido con el Santo Crisma y de rodillas a los pies del Cardenal, recibe el libro de los Evangelios de manos del obispo consagrante: “Recibe el Evangelio y proclama la Palabra de Dios con deseo de instruir y con toda paciencia”.

También le fue entregado el anillo episcopal: “Recibe este anillo, signo de fidelidad, y permanece fiel a la Iglesia, esposa santa de Dios”. Al imponer la Mitra, sobre la cabeza del nuevo obispo, el Cardenal Errázuriz expresó: “brille en ti el resplandor de la santidad para que, cuando aparezca el Príncipe de los pastores, merezcas recibir la corona de gloria que no se marchita”.

Por último, el Cardenal pone en las manos del nuevo pastor el báculo “signo del ministerio pastoral, y cuida de todo el rebaño que el Espíritu Santo te ha encargado guardar como pastor de la Iglesia de Dios” e inmediatamente el obispo de Iquique es saludado por los obispo co-consagrantes y del colegio episcopal presentes, como signo de comunión y de paz.

Los fieles saludaron con aplausos y vítores al nuevo Pastor que, luego de la comunión, caminó brevemente entre los asistentes para saludarlos.

Primeras palabras del nuevo obispo

Antes de concluir la ceremonia de consagración, y después de las palabras del Nuncio Apostólico, Mons. Aldo Cavalli, Monseñor Marco Antonio Órdenes Fernández saludó y agradeció en sumensaje el apoyo de sus hermanos obispos, sacerdotes, familiares, amigos y fieles por todo el cariño y apoyo dispensado.

En la oportunidad señaló: “El Señor se fijó en mí, instrumento ciertamente insuficiente; y me dijo por boca de la Iglesia: Sé pastor: ama, enseña, conduce y santifica a mi pueblo Y aquí estoy porque el corazón me reclama amor por Él. El deseo más hondo de mi vida es amarlo y servirlo por sobre todas las cosas. Quiero ser discípulo del Maestro”.

También expresó su “afecto y fidelidad al Santo Padre Benedicto XVI, por cuyo ministerio el Señor me ha encargado el oficio de Pastor de la Diócesis de Iquique. Acogemos la presencia cercana del Nuncio apostólico que lo representa en nuestro país. Que siempre sepa el Papa que este Norte lo quiere”.

Por otra parte, dirigió su saludo a las diversas autoridades presentes: “Rogamos a Dios por ustedes, para que sean siempre servidores del bien común y abnegados en el servicio, especialmente a los más necesitados de nuestra región y del país. Un particular saludo a hermanos pastores aquí presentes de otras confesiones cristianas. Gracias por su presencia hoy, y sincero y mutuo respeto y amistad en estos años de mi servicio aquí en la pampa”.

En la oportunidad agradeció las muestras de cariño y acogida de los fieles “y como hijo agradezco el testimonio de fe y el cariño de mi mamá, que también me acompaña junto a algunos familiares; como también a la familia espiritual de las hermanas de los monasterios carmelitas que con su oración me han sostenido en el servicio ministerial”.

El obispo de Iquique dijo que quiere ser pastor, según el corazón de Dios y pidió a los presentes: “Ayúdenme con sus palabras, con su propia entrega; pero por sobre todo con su oración, porque sin la fuerza del Señor de nada sirve el trabajo de los obreros. En la oración está la fuerza de todos nosotros”.

“He sido ordenado en este corazón espiritual del Norte Grande de Chile. Esta plaza es la síntesis de la fe de nuestro pueblo que busca, con sus tradiciones ancestrales, con la música, con la danza, el color y el canto, al Señor que nos salva. Aquí, generaciones tras generaciones han llamado dichosa por haber creído a la Madre del Señor. Bajo su materno amparo quiero acoger mi ministerio episcopal. Que ella, como la estrella del camino de la fe, guíe nuestro peregrinar como discípulos tras las huellas del Señor Jesús”.

Fuente: Comunicaciones Iquique






Iquique, 23-11-2006