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Voluntarios chilenos en Canadá:
Con las pilas bien puestas


Daniel Gana:
Diácono chileno será el vocero hispano frente al Papa

Muy entusiasmado por la maravillosa posibilidad de vivir esta experiencia universal con sus compatriotas, señala que desde su corazón está solidarizando con aquellos chilenos que no pudieron llegar a Canadá para compartir con el Papa.

Con un cariñoso saludo a su país, el diácono Daniel Gana, oriundo de Santiago, y radicado en Canadá desde hace 24 años, invita a todos los compatriotas que no pudieron venir al encuentro a vivir la fe sin temor desde sus hogares.

Respecto de la recepción que esta jornada ha tenido en Canadá, señaló: “llama la atención el entusiasmo que se deja ver en las calles. Hay un gran espíritu de comunión y participación en el ambiente, que seguramente va a ir en aumento mientras avancen los días”.

Su participación en la JMJ estará centrada en la presentación de cantos y lecturas sobre la vocación de diáconos: “La organización del encuentro me ha invitado a entregar un signo en el tema de las vocaciones sacerdotales, y para ello mi familia y yo estamos preparando una oración y una alabanza a Dios –en todos los idiomas, aunque a mí me tocó en español- acerca de lo que significa vivir en familia el tema de las vocaciones”.

Su tarea es velar para que los más de 1.000 chilenos, que están participando en la XVII Jornada Mundial de la Juventud en Canadá, tengan todas las facilidades para vivir un encuentro cercano con Dios y con todos los jóvenes del mundo. Veinticuatro horas al día preocupados de organizar, coordinar y proveer a los peregrinos de todo cuanto requieran para pasar momentos inolvidables: son el equipo de voluntarios chilenos de la JMJ Toronto 2002.

Tienen entre 17 y 28 años y se han organizado para asistir, apoyar y coordinar a los más de 1.000 peregrinos que tras haber sudado la gota gorda, han podido llegar hasta Canadá con la esperanza de reunirse con el Papa Juan Pablo II.

Evelyn Navarro, Estefanía Quevedo, Carolina Miranda, Claudia Alarcón, Macarena Hernández, Marcelo Herrera, Mauricio Fuentes, Maria José Moya, Claudia González y Lorena Bascur son los integrantes de este grupo y según cuentan sus amigos se caracterizan por tener una gran disponibilidad para ayudar en lo que se les pida. Son solidarios y muy alegres.

Para Renato Calcagno (22), coordinador del voluntariado, ha sido muy grato trabajar con un grupo así: “Son muy comprometidos con sus propias pastorales, tienen una gran capacidad de servicio y ganas de colaborar para que las cosas resulten bien. Estoy muy confiado en que no vamos a tener ningún problema”.

Cada uno tiene asignada una labor aunque ello no quita que se ayuden entre sí. Esto, aquí en Toronto, se vive y se nota muy bien en las dependencias del Colegio Saint Michael, donde estan albergados todos los peregrinos que llegan al aeropuerto Pearson para luego ser trasladados a las diferentes diócesis.

Unos se preocupan del transporte, otros de ver que cada uno de los peregrinos llegue sin problemas, de las comidas, del aseo y la limpieza. Son como una familia, que al enterarse de que los necesitan se juntan y se fusionan para compartir, trabajar y pasarlo bien.

Tanto en Chile como en Toronto han demostrado su capacidad de servir. Estos días, mientras comienzan las actividades del encuentro, se preocupan de mantener la casa que acoge a los peregrinos, organizar los eventos masivos y preparar todos los detalles. No es una tarea fácil, pero igual lo hacen con dedicación y agrado, cuentan los que han tenido la oportunidad de verlos en acción.

Misionar en tierras lejanas

Sobre la experiencia de estar trabajando en un país extraño, tan lejano y con un idioma distinto, Claudia Alarcón, afirma: “Si bien somos voluntarios, muchos de nosotros también tenemos la misión de vivir a concho esta jornada para luego transmitirla en Santiago en nuestras parroquias y movimientos”.

Claudia es una joven de 22 años muy sencilla, elocuente y alegre. No es primera vez que participa de un encuentro como éste. Antes estuvo en el Encuentro Continental de Jóvenes en Chile y luego fue a la Jornada Mundial en Roma, también como colaboradora.

Muy emocionada, agrega, que hasta último momento pensó que no podría viajar a Canadá, pero como un regalo a su esfuerzo y dedicación, un día sonó el teléfono y le dijeron “Claudia estás inscrita”.

Sobre su estadía en este país, resalta que las barreras de idioma no han sido problema: “Donde caminas te encuentras con un chileno, un argentino o un peruano y cariñosamente te invitan a conversar. Eso es muy lindo, sobre todo cuando no estás cerca de casa”.

El espíritu y la magia que se vive en estos lugares es realmente increíble. Los jóvenes comparten su fe sin importar la raza, el color o la nación. Ésta es una de las grandes motivaciones que tanto Claudia Alarcón, como el resto del equipo, han logrado transmitir a los cientos de peregrinos chilenos que motivados por el propio Santo Padre, se han aventurado a este lejano país.

Para Héctor Guajardo, “Tito”, la experiencia ha sido similar. Cuando fue el encuentro en Roma también colaboró como voluntario, pero esa vez internacional. Hoy, pasando por alto los problemas de idioma, los espacios desconocidos y la soledad que a veces se siente al estar lejos de la familia, cuenta que para él y el resto del equipo, “la prioridad son los chilenos”. La idea, aclara, es que los chilenos no se sientan solos ni abandonados, sino acogidos y en familia.

Tito señala que, al igual que todos los peregrinos, una de sus metas es ver al Papa. Sin embargo, sabe que si hay algún problema o si ocurre algo inesperado con los chilenos, su preocupación serán ellos. Ese es el espíritu de servicio que se vive en todo el voluntariado y que apoya a la Comisión Nacional de Toronto 2002 para que la experiencia sea inolvidable.