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CURSILLOS DE CRISTIANDAD |
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3ª ULTREYA MUNDIAL (Roma, Italia, 29 de Julio de 2000) |
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Con la participación de cerca de cuarenta mil miembros del Movimiento Cursillos de Cristiandad, procedentes de todo el mundo, que se dieron cita en Roma, se realizó la Tercera Ultreya Mundial, la Ultreya del gran jubileo, la que tuvo como tema central: "Evangelizar los ambientes en el tercer milenio cristiano: Un "desafío" para los Cursillos de Cristiandad”.
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| 40.000 Cursillistas esperan al Papa | El Papa llega a la Plaza de San Pedro | |
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| El Papa avanza entre los cursillistas | El Papa bendice a los cursillistas |
Luego de las palabras de saludo que al inicio del encuentro dirigió a Su Santidad la Presidenta del Organismo Mundial de Cursillos de Cristiandad (OMCC), Frances Ruppert, el Papa pronunció en italiano, francés, inglés, castellano, portugués y polaco, un hermoso discurso, en torno al tema "Cristo no tiene manos, solo tiene nuestras manos para cambiar el mundo" (Haga click aquí para leer su texto)
Entregamos a continuación algunas de las principales intervenciones durante la Ultreya Mundial:
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IIIª
ULTREYA MUNDIAL DEL MOVIMIENTO DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD SALUDO DE APERTURA
Roma, 29 de julio de 2000 |
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¡Buenas
tardes y un cordialísimo saludo de bienvenida a todos!. Eminencias,
Excelencias, Reverendísimos Monseñores, queridos Invitados, Hermanas y
Hermanos, Deseo
antes de nada, daros las gracias, gracias desde lo más profundo de
nuestro corazón, por como habéis respondido a la invitación a
participar a este significativo e histórico encuentro que, estoy seguro,
permanecerá grabado para siempre en nuestro corazón y en nuestra mente. Me
siento muy contento al poder comunicaros que por medio vuestro están
presentes 40 Secretariados Nacionales, pertenecientes a los siguientes
Grupos lnternacionales: Grupo Internacional Asia Pacífico: 7 Secretariados Nacionales Grupo
Internacional de Norte América y
Caribe: 3 Secretariados Nacionales. Grupo
Internacional de la Oficina Latino Americana: 14 Secretariados Nacionales Grupo
Internacional Europeo: 16 Secretariados Nacionales. Esta
vuestra presencia compensa totalmente todos los esfuerzos, las ansias y
las dificultades que hemos encontrado durante la organización de este
acontecimiento. Es
esta también una grata ocasión para comunicar mi más sentido v
afectuoso saludo a Su Eminencia Reverendísima, el Cardenal Jamen Francis
STAFFORD - Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos - por su
paterna, benévola y cuidada atención hacia nuestro Movimiento y por
haber aceptado con alegría presidir la Celebración Eucarística y
nuestra ULTREYA; A
Su Excelencia Monseñor Crecenzio SEPE - Secretario General del Comité
Central del Gran Jubileo - por todo lo que ha querido dar y hacer,
personalmente y a través de sus más directos colaboradores, para mejor
organizar esta jornada; A
Monseñor Luigi GHIDONI - Subsecretario de la Congregación para la
Evangelización de los Pueblos - que aunque cargado por las múltiples
ocupaciones inherentes a su delicado cargo, ha repuesto siempre Sí a
todas nuestras peticiones de consejo y ayuda. El
excepcional evento de esta Jornada, nos permite también hacer alguna brevísima
reflexión sobre nuestro empeño y sobre lo que el M.C.C. ha conseguido
dar y hacer en estos sus 50 años de vida en la Iglesia, también a través
de nuestra pequeña y pobre, pero sentida acción apostólica. La
experiencia del Cursillo nos ha hecho comprender que la conversión
verdadera y total puede y debe alcanzarse viviendo y compartiendo día a día
la PALABRA... Cuando
se vive y comparte la PALABRA, uno comienza a advertir el deseo de
testimoniar el AMOR del PADRE. ¡Se
siente la exigencia de ser con CRISTO Mayoría Absoluta! Testimoniar
a CRISTO RESUSITADO es y será la única verdadera respuesta a las dudas,
a las superficialidades y a los desafíos del mundo contemporáneo.
Testimoniar la sonrisa de Dios en la historia - que es CRISTO
RESUCITADO - es y será siempre el empeño con el que el Movimiento de
Cursillos de Cristiandad colaborará con “Dios en búsqueda del
hombre”. En
estos 26 años de mi camino hacia la conversión, el SEÑOR ha tenido la
bondad de hacerme participar a momentos inolvidables que me han dado la
certeza de que Él cuenta fuertemente con la obra evangelizadora del
M.C.C. El
evento que celebramos hoy es, ciertamente, uno de estos momentos, por que
compartimos la misma ansia apostólica, que es la de prodigarse siempre más
y mejor para que el CARISMA fundacional de nuestro Movimiento esté
perennemente al servicio de la obra evangelizadora de la Iglesia. Esta
ansia apostólica nos debe animar siempre y sobre todo, nos debe sostener
y espolear cuando las debilidades humanas nos hacen dudar sobre la validez
del núcleo esencial de esta Obra Apostólica y sobre los medios y modos
para realizar las finalidades propias del Movimiento. El
único remedio para vencer estos estados de ánimo es y será siempre la
oración. Por medio de ella podemos y debemos pedir al Señor que nos
ayude a comprender su voluntad. Cuando
me asaltan dudas o incertidumbres, pienso siempre en Jesús. También Él
en el Huerto de los Olivos fue atacado por el desánimo y el miedo, pero
aunque sudaba sangre, aceptó la voluntad del PADRE, muriendo en la cruz
para salvarnos. A
imitación de Jesús, tantos otros, con la oración y con la adhesión a
la voluntad divina, han continuado la Historia de la Salvación. En
particular modo, quiero recordar los ejemplos más recientes de nuestra
historia de cristianos empeñados: Ante
todo Su Santidad Juan Pablo II, signo vivo y tangible del inmenso amor del
Altísimo por toda la humanidad, Eduardo Bonnin, y y tantísimos hermanos y
hermanas que he tenido la fortuna de conocer y que, superando cualquier
clase de sacrificios, han obrado y obran para que la PALABRA que salva esté
siempre viva en sus ambientes. Queridos
hermanos y hermanas, recordemos siempre que el mundo, con todas sus
insidias, puede ser vencido solamente con la fuerza del AMOR Evangélico. Recemos,
por lo tanto, al Omnipotente, para que por medio del Espíritu Santo, nos
haga siempre ser cada vez más cristianos creyentes y creíbles de este
Amor Evangélico. Deseo
concluir este saludo con unas palabras que pueden ser consideradas como la
síntesis de todos nuestros sentimientos.
Como los Peregrinos de Santiago de Compostela, que se repetían
unos a otros aquel Ultreya: “Más allá, adelante, siempre más allá”
para retomar nuestro camino siempre con más fe, esperanza y caridad,
siempre con más vigor: ”Habéis
venido de lejos, ¡DE COLORES! y... ULTREYA!
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IIIª
ULTREYA MUNDIAL DEL MOVIMIENTO DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD SALUDO DE APERTURA Roma, 29 de julio de 2000 |
Antes
de nada, deseo expresar mi más sincero agradecimiento y fuerte elogio a
los numerosos colaboradores del Comité Organizador de Roma, sabiamente
coordinados por nuestro querido Gian Paolo Marchetti. Se
han empeñado incansablemente para hacer posible esta Ultreya. Que el
mismo Señor os recompense, queridos amigos, por vuestro fuerte empeño
y por todas las fatigas unidas a vuestro servicio. En
este gran Año Jubilar, en el que comienza el tercer milenio, podemos
mirar juntos al pasado. Han
pasado ya 50 años del nacimiento de nuestro Movimiento. Vuestra
presencia aquí, provenientes de todos los rincones de la tierra, es un
testimonio de cómo el Cursillo se ha podido extender en todos los
continentes. Hoy
celebramos juntos la fiesta de la fe v de la alegría, animándonos unos
a otros en nuestro camino. Nos
hemos reunido para celebrar el Año Santo.
Con nuestra presencia aquí, deseamos demostrar que aceptamos los
desafíos que el mundo contemporáneo pone al Movimiento de Cursillos,
respondiendo al mandato que el Santo Padre nos ha dado en esta Plaza a
nosotros y a otros movimientos, hace ya dos años. En
este tercer milenio deseamos trabajar con prontitud para la nueva
evangelización. Esto es lo que continuaremos a hacer, como está
previsto en el método del Cursillo, en comunión de gracia con Cristo.
Por esto, nos ponemos todos al servicio de todas las Hermanas y
Hermanos, para vivir y testimoniar la propia fe en los ambientes en que
vivimos, para descubrir y vivir la propia vocación, para alcanzar el
ideal que Cristo nos ha indicado. Él y solo Él es “el camino, la
verdad y la vida”.(Jn.14,6). El
Cursillo nos ha sido donado por el Espíritu de Dios para testimoniar a
los hombres de nuestro tiempo que es algo justo y hermoso recorrer con
Cristo el camino de nuestra vida. Como
cristianos, como cursillistas, sabemos lo que hemos de hacer para
peregrinar hacia el Padre Celeste. Con esta peregrinación a Roma,
deseamos confirmar nuestra fidelidad al carisma de nuestro Movimiento y
reconfirmar vigorosamente nuestra fidelidad a la Iglesia. Vemos y
consideramos atentamente los signos de nuestro tiempo, y queremos
testimoniar el Evangelio con nuestro modo de vivir. Como
subtítulo de esta Ultreya, hemos elegido: “Con Dios en búsqueda del
hombre”. El Cursillo se
propone la finalidad de verificar la relación entre el hombre y Dios.
Deseamos decir a los Hermanos y Hermanas de nuestros ambientes, a
los hombres de nuestro tiempo, que a Dios le interesan todas sus
criaturas, porque Él las ama a todas incondicionalmente. San
Pedro nos anima en esto cuando dice: “Estad siempre preparados para
responder a quien os pida las razones de vuestra esperanza”.(1ªPe
3,15). Si
queremos poder responder a las preguntas sobre esta esperanza, debemos
vivir en la felicidad que deriva de la fe y demostrar con nuestro
comportamiento que Dios concede a los hombres una vida para vivir en
plenitud ya ahora en la tierra, y los hace libres en la muerte. Que esta Ultreya pueda reforzar nuestra fe e inflamamos de un vigor renovado, para que podamos ser en este mundo testigos apasionados del amor de Dios. |
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La Plaza de San Pedro |
canta: "De Colores" |
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| Juan Pablo II canta: "De Colores" |
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IIIª
ULTREYA MUNDIAL DEL MOVIMIENTO DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD SALUDO DE APERTURA Roma, 29 de julio de 2000 |
El
hecho de estar aquí reunidos nos invita a reflexionar sobre las raíces
del Carisma Fundacional de nuestro Movimiento y recordar que la actitud
del hombre o de la mujer ante lo personal y vital, que es el área de
influencia del Cursillo, es siempre la misma en todas las latitudes,
lugares v culturas. La
actitud no ocupa tiempo, ni espacio. Es una postura ante el hecho de
vivir. Los
Cursillos son un Movimiento, que mediante un método propio, intenta
desde la iglesia, que las realidades del cristiano se hagan vida en la
singularidad, en la originalidad y en la creatividad de cada persona,
para que descubriendo sus potencialidades y aceptando sus limitaciones,
conduzca su libertad desde su convicción, refuerce su voluntad con su
decisión y propicie la amistad desde su constancia en su cotidiano
vivir personal v comunitario. Los
Cursillos son la mejor noticia, que Dios nos ama, comunicada por el
medio más humano, que es la amistad, hacia lo mejor de cada uno que es
su ser de persona. Por
eso queríamos, y seguimos queriendo que la gente laica, que forma la
mayoría de los hombres y las mujeres corrientes, pueda encontrarse en
el lugar donde está y de la manera más simple, con el Cristo vivo del
Evangelio, y que al sentirse unido a El por la Gracia, cambie el rumbo
de su vida, y aprenda a saborearla y agradecerla, pero sin desubicarse
de donde vive, porque el mundo precisa de hombres y mujeres, con clara
visión v despierto criterio, que situados en las arterias vivas del
humano existir, puedan ser fermento que fermente en cristiano el
ambiente y el clima donde le ha tocado vivir. Pero
todo ello, permaneciendo laicos, porque entendemos que lo más laico del
laico, lo que constituye la sustancialidad más genuina de su laicidad,
es el hecho de tener que vivir a la intemperie en un mundo donde los
valores que valen, son desconocidos, desvalorados o no valorados.
En esta situación tan generalizada Cursillos ofrece unos medios
simples y concretos para que cada uno pueda vivir y
acrecentar su fe. Queremos
que los que transiten por el mundo, puedan encontrarse con creyentes de
verdad, convencidos de su fe, testimonios vivos y entusiastas, que por
su actitud ante la vida, contagien la alegría de vivir de cara a Dios y
a los hermanos. Esta
es nuestra meta, para esto luchamos y para animarnos en nuestra común
fe para ir consiguiéndolo, nos hemos reunido otra vez aquí en Roma, y
también para agradecer de todo corazón y de verdad al Santo Padre, la
cariñosa acogida que desde siempre ha dispensado a nuestro Movimiento.
Y es que a nosotros nos inquietan sus inquietudes y queremos afinarlas
compartiéndolas con él. Pensemos
con agradecimiento con todos aquellos que se desvivieron para que Cristo
llegara a los más posibles, para que fueran muchos los que saborearan
el gozo de la fe y el don de contagiarla con alegría. Tengamos
un recuerdo también por lo que, tal vez merecían más que nosotros el
regalo de estar hoy aquí, y que por circunstancias de trabajo, de
familia de permiso o económicas, no han podido reunirse con nosotros. Con
el ánimo renovado, unidos a todos ellos por la oración, y unidos a
Cristo, por la gracia, volvamos otra vez al mundo a continuar nuestro
peregrinar de siempre, que sabemos bien, porque lo llevamos en lo más
hondo del alma, que es caminar por Cristo hacia el Padre, a impulsos del
Espíritu Santo, con la ayuda de María v de todos los santos, llevando
con nosotros a todos los hermanos. ¡De
colores! |
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IIIª
ULTREYA MUNDIAL DEL MOVIMIENTO DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD SALUDO DE APERTURA Roma, 29 de julio de 2000 |
Estaré
espiritualmente con vosotros, de forma particular en el momento en que
el Santo Padre levante vuestros ánimos y nos indique el camino que el
Movimiento de Cursillos debe andar, en el seno de la Iglesia. Seguiremos
puntualmente, fervorosamente, las consignas que se digne impartirnos;
acogeremos sus palabras como dictadas por el Espíritu. La
misma palabra ULTREYA viene a indicarnos los objetivos de esa asamblea:
MAS ALLA. Mas
allá guiados por nuestra fe, para intensificar nuestra vida interior, y
dejarnos ser evangelizados para poder evangelizar un mundo que, tal vez
sin saberlo, anda buscando a Dios. Mas
allá en nuestra esperanza, la cual nos garantiza que, a pesar de los
nubarrones del secularismo y del indeferentismo reinantes, contamos con
la promesa de Cristo: él sigue queriendo que también el hombre de hoy
llegue al conocimiento de la verdad, y se salve. Más
allá en nuestro amor a ese hombre que sólo llegará a Dios si se sabe
comprendido y querido en clave de amistad. Más
allá en nuestro ardor apostólico, en nuestra tenacidad y en nuestro
espíritu de sacrificio, tres características que el Santo Padre pide a
todo el que trabaja en el campo de la nueva evangelización. Es
nuestra hora; es hora de evangelizar; es la hora de Cursillos de
Cristiandad. Unidos
en un mismo espíritu y un solo corazón, os abraza vuestro hermano |
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IIIª
ULTREYA MUNDIAL DEL MOVIMIENTO DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD MEDITACION Roma, 29 de julio de 2000 |
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Encontrar
al hombre con Dios Dios
es un Dios de los hombres. Ya en el Antiguo Testamento habló a los
hombres por medio de "Los Patriarcas v los Profetas". Hace
2000 años, Dios se manifestó por medio de Su Hijo con un amor y una
misericordia infinitas.
La encarnación de Dios en Jesús de Nazaret es el mayor
acontecimiento que nuestro planeta Tierra haya visto.
El Año Santo 2000 pone este acontecimiento al centro de nuestra
atención. Jesucristo
vino para indicarnos el camino que conduce al Padre. Tras su Resurrección,
Ascensión y aparición del Espíritu Santo, encomendó esta misión a
la iglesia.
Durante dos mil años la Iglesia ha cumplido su misión de,
"anunciar el Evangelio a todos los pueblos",
ayudando al hombre a dirigirse hacia la trinidad de Dios.
Hoy, Igual que mañana, la Iglesia tiene la obligación de seguir
las indicaciones del Señor. En
esta misión de evangelización de los hombres, los laicos deben también
encontrar su lugar. Con el bautismo y la Confirmación, el hombre recibe
la habilitación para realizar esta misión (Véase la conferencia del
cardenal RATZINGER durante el Congreso eclesiástico en Pentecostés en
1998). Hace casi 50 años, iluminados por el Espíritu Santo, los
pioneros del Movimiento de Cursillos de Cristiandad hicieron suya esta
habilitación. Los
Laicos deben ser testimonios de la fe en Cristo con su vivencia del
evangelio, de modo que puedan "evangelizar" los ambientes en
los que viven.
En esto se basa la metodología del Movimiento de Cursillos. Todos
los que estamos reunidos en esta importantísima plaza de la
Cristiandad, procedentes de numerosos países, hemos sido llamados por
Dios Nuestro Señor para ser miembros de este movimiento y ser
instrumentos eficaces de cristianización y evangelización del mundo
que nos rodea.
Nos ha llegado esta llamada para que podamos testimoniar con
nuestra vida que el dinero, el poder o la gloria no son las metas más
importantes de la vida.
Nuestra meta es que un día alcancemos el lugar que nuestro Padre
nos ha reservado en el Cielo (Juan,14). Muchos
de los hombres con los que vivimos, trabajamos y con los que nos unen
lazos estrechos, no consiguen reconocer esta meta sobrenatural. No
conocen y no comprenden la fuerza y la salvación que deriva de una fe
profunda en Dios y en vivir según el evangelio una vida que nos ha
concedido Cristo.
Cuanto más llenos estemos de gozo y confianza por nuestra relación
personal con Cristo, más grande será la posibilidad de que los que nos
rodean nos pregunten el porque de nuestra esperanza (Pedro 3,15). La
creciente secularización que arrastra cada vez más naciones v pueblos
supone un gran reto para nosotros Cursillistas. Sólo podremos luchar
contra este reto eficientemente cuando estemos convencidos profundamente
de nuestra fe en el Señor y en la vida eterna, cuando cada uno de
nosotros tenga una relación vital y personal con el Señor. Una relación
viva con Dios y una amistad profunda con Cristo son las prerrogativas
necesarias para poder ayudar a los hombres a encontrar la vida que
conduce al Señor. Uno mismo debe seguir este camino firmemente para
poder servirle fielmente. Sólo cuando hayamos realizado nuestra propia
experiencia personal, podremos ser verdaderos testigos para los demás y
nuestros esfuerzos de apostolado podrán ser eficaces. Pero
afortunadamente no estamos solos en esta difícil misión. El Señor está
con nosotros, nos da su Espíritu Santo que nos acompaña, nos da
fuerzas y ánimos, como hizo con sus apóstoles y con los primeros
cristianos. Nos hará ver continuamente nuevos caminos y pondrá a
nuestra disposición medios que nos permitirán conducir a los hombres
hacia la fe y el Evangelio. El
mismo Jesús vino a ayudar a los hombres.
No esperó a que ellos acudieran a Él.
Les buscó y predicó en los lugares donde vivían.
Del mismo modo, nosotros cursillistas vivimos y damos testimonio
de la "buena noticia" de Nuestro Señor donde vivimos y
trabajamos: en la familia, en el trabajo, con los amigos y conocidos,
durante el tiempo libre y sobre todo públicamente. Seremos
verdaderos testigos dé Cristo sólo cuando hayamos instaurado una
relación de fe con Cristo de "tú a tú", intensa y personal.
Debemos estar preparados a aceptar en nombre del Señor
dificultades, negatividad y sacrificios.
Lo importante es que hablemos a menudo con Cristo y le dirijamos
nuestras oraciones personales y aprovechemos todas las posibilidades que
se nos presenten para recibirlo en los Sacramentos. Del mismo modo que
nuestra relación con los hombres se establece mediante conversaciones y
encuentros, así será nuestra relación personal de fe con Jesús. Las
personas que se quieren, piensan mucho la una en la otra durante todo el
día.
Aprovechan todas las ocasiones para hablarse, personalmente o por
teléfono. Se realizan sacrificios para estar con la persona amada.
Muchos de nosotros podemos confirmarlo con nuestra experiencia personal. A
lo largo de 2000 años de historia de fe cristiana, ha habido personas
que han tenido una relación de amor con el Señor.
Uno de los primeros fue el Apóstol San Pablo.
El Señor lo mandó a Damasco y le encargó llevar su Evangelio a
los hombres. Y Pablo lo hizo, con decisión, constancia y con todas sus
fuerzas.
Vivió una relación tan intensa con el Señor crucificado y
resucitado que llegaba a decir a menudo: "Yo ya no vivo, es Cristo
quien vive en mí", (Gal.2,20).
En sus viajes misioneros, esta comunión con Cristo le dio la
fuerza para soportar increíbles fatigas y sufrimientos a los que se
sometió por amor al Evangelio y por amor a los hombres.
Este es uno de los motivos por los que el Apóstol San Pablo ha
sido elegido como patrón de nuestro Movimiento. El representa un gran
ejemplo de amistad íntima con Cristo y de incansable operador apostólico. También
nosotros Cursillistas hemos recibido una llamada parecida del Señor,
hace 5 o quizá 10 o 20 años o más. Es siempre el Señor quien nos
llama para hacer llegar a los hombres su mensaje liberador v de
felicidad, del amor del Padre hacia la Humanidad. Habilitados
con los Sacramentos del Bautismo v de la Confirmación, los cursillistas
hemos sido encargados por el Señor y por la Iglesia de colaborar
activamente en la gran misión de la Evangelización.
El Señor confía en nosotros y en todo el Movimiento de los
Cursillos. Representa un gran reto para nosotros en este tercer milenio
que acaba de empezar. Cuanto
más profunda sea nuestra relación personal de amistad con Cristo,
mejor podremos evangelizar a los hombres en el mundo que les rodea.
"Con Dios podremos encontrar a los hombres". |
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IIIª
ULTREYA MUNDIAL DEL MOVIMIENTO DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD HOMILIA EUCARISTIA CENTRAL Roma, 29 de julio de 2000 |
Sea el
profeta Eliseo en el texto del Segundo Libro de los Reyes, que el Señor
Jesús en el episodio de la multiplicación de los panes, piden los
pocos panes que los hombres están en grado de poner a disposición,
confiando el resto a la providencia de Dios. Seguramente es poco lo que
podemos poner a disposición del Señor, pero este "poco" Él
lo quiere porque desea nuestra participación en su obra de salvación.
Por lo tanto sería equivocado invocar la providencia de Dios sin mover
un dedo por parte nuestra para colaborar con El. En el momento en que
decimos: "Abres una mano Señor, y sacias a cada viviente",
debemos también verificar nuestra disponibilidad y abrir nuestras manos
para regalar generosamente a nuestros hermanos aquello que esta al
alcance de nuestras posibilidades. La Providencia de Dios se conjuga
armoniosamente con la solidaridad de los hombres y con su caridad
fraterna. ¿De
qué cosa tienen necesidad los hombres de nuestro tiempo? ¿Cuál es el
"pan" que ellos desean comer? Ciertamente aún hay mucha gente
que tiene necesidad del pan material, porque siguen estando privados de
los recursos primarios para llevar una vida digna. La desigual
distribución de las riquezas de los hombres sobre la tierra nos
interpela a todos a revisar nuestro tenor de vida, que tal vez no
siempre está marcado por la austeridad y el compartir. Especialmente en
este año jubilar estamos llamados a hacer una verificación rigurosa,
que busque también descubrir las injusticias perpetradas en nuestra
confrontación con los más pobres. Sin
embargo, nuestro tiempo presenta otras formas de pobreza que no son
superables con el pan material. Hago alusión a las pobrezas
espirituales que golpean a tantos hombres de hoy, especialmente a los jóvenes
y a las familias: pobreza de relaciones, de afecto, de amor; pobreza de
sentido y de significado de la propia vida; pobrezas que tal vez
desembocan en desviaciones, como las drogas, el alcohol, el hedonismo
buscado en sus mas variadas formas. Estas nuevas formas de pobreza, que
tienen que ver mas con el "ser" del hombre que con su
"hacer", en el fondo pueden resumirse en una sola: el
empobrecimiento de la humanidad que deriva de su alejamiento de Dios. En
muchos estratos de la sociedad de la opulencia y del bienestar Dios es
desconocido. En esta falta de Dios en la vida de tantos hombres esta a
la base del malestar que golpea a tantos jóvenes y a numerosas familias
de nuestro tiempo. El
"pan" del que los hombres tienen necesidad es, en último análisis,
Jesús, "pan vivo bajado del cielo" (Jn.6, 41) Sólo en El
tiene palabras de vida eterna (Jn.6, 68), capaces de saciar el hambre de
justicia, de paz y de amor, que agobian a la humanidad de hoy. A los
hombres de nuestro tiempo, y por tanto, a aquellos del tercer milenio,
Jesús les dice: "Yo soy el pan de vida, el que viene a mi no tendrá
nunca hambre, y el que cree en mí nunca más tendrá sed" (Jn.6,
35). Todos somos llamados a colaborar con el Señor en la distribución
de este "pan de vida eterna". El conocimiento de aquel que en
última instancia es verdaderamente necesario para el espíritu humano,
se comunica sólo en la llamada personal de la gracia divina, libremente
donada. En otros términos, somos llamados a evangelizar para dar a
conocer a todos los hombres el amor de Dios, que se ha manifestado en su
Hijo Unigénito
Jesucristo, y que ha sido vertido en nuestros corazones por medio
del Espíritu Santo. Este es un llamado que numerosas veces nos ha hecho
el Santo Padre Juan Pablo II, el cual reconoce a la "nueva
evangelización" como la tarea más urgente de la Iglesia en el
tiempo presente. Vuestro
movimiento eclesial ha acogido con entusiasmo, tal llamada, prodigándose
en cada parte del mundo a llevar a muchos hombres a Jesús, a través de
la saludable experiencia del Cursillo de Cristiandad. En los tres días
del Cursillo la persona es ayudada a conocer más de cerca a Cristo, y a
encontrarlo especialmente en su Presencia Eucarística. Delante del
tabernáculo muchos redescubren las raíces de su propio Bautismo y
comienzan a vivir un mundo nuevo, poniéndose a disposición del Señor
para1levar la verdad del Evangelio en los ambientes de vida de nuestro
mundo. El
Pontificio Consejo para los Laicos mira con vivo interés vuestra
experiencia, que se une a la de tantas otras agregaciones laicales,
florecidas sobretodo después del Concilio Vaticano II. Los Cursillos de
Cristiandad fueron suscitados por el Espíritu Santo algunos años
antes, tanto es así que hoy celebráis el 50° aniversario de vuestra
experiencia en la Iglesia. En la España de los años 40 el Espíritu
del Señor suscitó este don, que después se difundió rápidamente en
todo el mundo, llevando por doquier numerosos beneficios espirituales.
Este es uno de los numerosos signos de la Providencia de Dios. De veras
su mano se ha abierto para dar generosamente a su Iglesia las cosas de
las que tiene una gran necesidad. Vosotros, queridos miembros de los
Cursillos de Cristiandad, sois una presencia providencial en la Iglesia
que cuenta con vosotros, con vuestra generosa colaboración en su obra
apostólica. Es
muy apreciable el hecho de que vuestro Movimiento eclesial haya
organizado una manifestación jubilar de carácter mundial aquí en
Roma, donde esta la Sede Apostólica. Ello manifiesta vuestra comunión
eclesial con el Sucesor de Pedro y con todas las organizaciones
laicales, que han querido ofrecer su
contribución para la organización de las Jornadas oficiales del
Gran Jubileo del 2000. Constato con gusto que las relaciones entre
vuestros responsables internacionales y el Pontificio Consejo para los
Laicos se han hecho más intensas, especialmente después del encuentro
mundial de los Movimientos eclesiales, tenido en Pentecostés de 1998.
Auspicio que tales relaciones se intensifiquen aun más, en vista
sobretodo de una mayor fecundidad de vuestra acción apostólica que
pasa necesariamente a través de una comunión mas fuerte con los
Pastores de la Iglesia, responsables del discernimiento de cada carisma. Confío
a vosotros a la Virgen Santísima, "Estrella de la Evangelización",
que cada uno de vosotros con certeza intenta imitar en su adhesión a
Cristo y en su dócil obediencia al proyecto de Dios. |
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IIIª
ULTREYA MUNDIAL DEL MOVIMIENTO DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD ENCUENTRO CON EL SANTO PADRE Roma, 29 de julio de 2000 |
Santo
Padre, durante el inolvidable encuentro de Pentecostés de 1998 en esta
misma Plaza de San Pedro, Vuestra Santidad definía lo Movimientos
Eclesiales como “los frutos más bellos del Concilio Vaticano II” y
les invitó a colaborar en la Nueva Evangelización a LAS PUERTAS DEL
tercer milenio. Precisamente
esta finalidad se le habían propuesto los fundadores del Cursillo hace
ya mas de 50 años, y nosotros continuamos fieles a este carisma. El
Cursillo ha dado a la Iglesia muchas vocaciones al sacerdocio, al
diaconado y a la vida religiosa. Muchas personalidades de hoy,
diseminadas en varios continentes, que hoy cubren cargos públicos, han
reconocido, gracias al Cursillo, su responsabilidad de colaborar con Su
acción a hacer penetrar el Evangelio en los ambientes del mundo del
trabajo y de la empresa, de la escuela y de la universidad, de los
hospitales, de la política, de los medios de comunicación social y en
todos los ambientes de la vida cotidiana.
Desde
entonces, uno de los mensajes fundamentales que vienen del Cursillo es:
“Nosotros somos Iglesia y tenemos, por tanto, una tarea misionera para
el mundo”. Hemos
querido intencionadamente celebrar nuestro Jubileo precisamente durante
el Año santo 2000, en esta
Plaza, centro de la cristiandad, para demostrar nuestra voluntad
de permanecer fieles a la Iglesia y a su Pastor Universal.
Santo
Padre, nuestra peregrinación a Roma debe significar que nosotros,
cursillistas, nos ponemos humildemente
a vuestro servicio. En nuestras Diócesis trabajamos, somentidos a vuestra Santidad y a nuestros Obispos, en las estructuras de iglesias locales, considerándonos como don para la obra misionera de la Iglesia Universal. En
la Bula del Año Santo 2000 “Incarnationis Mysterium” Vuestra
Santidad anima a los fieles a “renovar su empeño por un testimonio
cristiano en el mundo”. El carisma del Movimiento de Cursillos de
Cristiandad, está en línea perfectamente con este proyecto de Nueva
Evangelización.
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IIIª
ULTREYA MUNDIAL DEL MOVIMIENTO DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD TESTIMONIO Roma, 29 de julio de 2000 |
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Me
llamo Melannie EUSTIS. Hice mi primer Cursillo en mayo de 1997. Soy
soltera y vivo en Guam. Estoy
comprometida en mi parroquia en diversas obras de apostolado y
ministerios, pero he constatado que el tener que hacer con los jóvenes
se ha hecho muy importante para mí, especialmente el compartir con
ellos aquello que yo, a su edad, habría querido saber, buscando
hacerles entender el don precioso del amor de nuestro Padre Celestial,
enseñándoles a buscarlo y a crear una íntima relación con Él. En
la sociedad actual, Él es la única defensa que tenemos contra Satanás
y su mundo. Los muchachos de hoy necesitan algo más que sermones: ellos
deben tratar de entender la realidad de Dios en sus vidas; deben
aprender a considerarlo como su mejor amigo, dándose cuenta que Él es
real, vivo verdadero. Ellos
deben descubrir su bautismo. Al identificar esta necesidad acepté dar
catecismo a los jóvenes de mi parroquia. Ha sido para mí una actividad
verdaderamente gratificante porque me ha permitido poner en práctica
con los otros aquello que no había estado en grado de hacer conmigo
misma a causa de mi ignorancia, y también porque ninguno me había enseñado
algo diverso. La conciencia de mi ceguera, de mis errores, de mis
fallos, me impulsó a tomar distancia de todo aquello y a explicar a
estos jóvenes el don de nuestra fe en los sacramentos, en las Sagradas
Escrituras, y en el simple hecho de ser hijos de Dios. Esto
podrá parecer no ser una gran y extraordinaria tarea, pero no estoy
buscando grandezas; lo que busco es que un alma a la vez, día tras día,
un paso tras el otro. No enseño como maestra, sino más bien busco ser
como una hermana mayor, y he constatado que esta es la mejor vía para
entrar en contacto con los muchachos. Comparto con ellos mis
experiencias, dono a ellos mí corazón y les enseño sobre todo a amar
a nuestro Padre Celestial. Veo que eso hace efecto en sus corazones. De
esta manera nos identifican como "un cuerpo" con "muchas
partes". Les he pedido que disciernan su parte, que busquen su
vocación y la voluntad de Dios en sus vidas. Mi
fe y la manera en la que Dios ha intervenido en mi vida para hacerme
descubrir mi ceguera, curándome con su luz, me sostienen en mi
apostolado con los jóvenes que encuentro. Sabiendo que no podré nunca
pagar a Dios la bondad y piedad que me ha demostrado, veo mi trabajo
como un servicio, como un medio para glorificarlo y agradecerle por la
vida que vivo en Él. Una vida que dedico a los niños y que conduzco en
la obediencia a sus leyes, sabiendo de la Ramada a la santidad que ellos
pueden recibir y como responder a esta llamada. He
aprendido a compartir con estudiantes que en su mayoría no tienen una
relación con Dios más que la misa dominical, a la que muchos van
porque "deben ir". Esta
no es una fe viva. Pero al mismo tiempo, sus testimonios y el compartir
después de las lecciones, además de la asistencia a la catequesis, les
hace redescubrir la alegría del aprendizaje y les hace comprender que
tener a Dios en sus vidas les infunde el deseo de continuar creciendo
para aprender siempre más a conocer aquel amor revelado en ellos. Queridos
hermanos y hermanas, estar aquí hablando a todos por cuenta Suya, es ya
un privilegio en sí mismo. Le pido a Dios y a la Bendita Virgen María,
su Madre, que yo continúe siendo usada como uno de sus instrumentos
apostólicos. "Oh
mi Salvador, haz que pueda vivir con la gracia que Tú me has mostrado y
que continúe siendo tu humilde sierva". Ya
para terminar, enumerar lo que he hecho u obtenido en Su nombre por los
jóvenes es nada. La gloria sólo es de Dios por todo aquello que ha
hecho en mí, con Su Gracia, haciéndome ser una cristiana. Solamente
con mi conversión personal puedo esperar de convertir a los otros;
solamente viviendo el Evangelio que proclamo, puedo esperar evangelizar,
y solamente amando en la Dimensión de la Cruz, anulándome a mi misma
para los otros, puedo esperar compartir el amor de Dios con los demás. ¡
DE COLORES ! |
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IIIª
ULTREYA MUNDIAL DEL MOVIMIENTO DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD TESTIMONIO Roma, 29 de julio de 2000 |
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He
hecho mi Cursillo hace 18 años en la Diócesis de Providence, Rhode
Island, en Estados Unidos. Al terminar los tres días estaba llena del
"fuego" del Espíritu Santo y preparada para cambiar yo sola
el mundo entero. Había probado la sensación de ser llamada por mi
nombre por Dios para evangelizar los ambientes que frecuento. Por lo que
había oído en el Cursillo, esto no tenía que hacerlo yo sola, ya que
tenía la ayuda del Espíritu Santo y de la Comunidad Cristiana. He
empezado rezando y pidiendo la ayuda de Dios. He ofrecido
"intendencias" ("palancas") yendo a Misa todos los días
antes de ir a la escuela, para que me ayudase a llevar a cabo mi misión.
He hecho esta "intendencia" con fe todos los días. El
primer ambiente en el que debía evangelizar era la escuela. Enseño en
una escuela pública muy difícil, en la que hay mucha pobreza y
violencia. Un ambiente en el que Cristo no estaba presente. A
pesar del hecho de que la escuela tenga un cuerpo de docentes muy
preparado y motivado, esta está superpoblada y tiene que afrontar
problemas de comportamientos ultrajantes de los alumnos y de dificultad
de estudio. El cuerpo de docentes está sobrecargado de trabajo,
estresado y desanimado por las dificultades en medio a las cuales debe
trabajar. Este
estado de cosas nos llevaba a vivir nuestro empeño en el trabajo
tratando de hacer el mínimo indispensable. Nos ocupábamos de enseñar
a los chicos lo que estaba previsto, sin interesarnos para nada de sus
problemas más ocultos y verdaderos. No se instauraba ninguna relación
social entre nosotros. Al final de cada jornada estábamos desechos y
solo deseábamos volver a casa lo antes posible. Existía entre nosotros
solamente una amistad superficial, mientras que en todos nuestros
discursos nunca se hablaba de Cristo. En resumen, este ambiente escolar
tenía que ser cristianizado. Empecé
a pensar en un plan de evangelización, empezando a fijarme en quién de
mis colegas era un verdadero líder, Pensé en Paola. Mi proyecto era
que se convirtiese en amiga mía, para posteriormente presentarsela al
Señor. Empecé a sentárme junto a ella durante las reuniones de
profesores, a llamarla de vez en cuando a casa, a invitarla a cena. De
esta forma, Paola y su marido se hicieron amigos de nuestra familia. Un
año después, invité a Paola a participar en el Cursillo, cosa que
hizo. Llegada
a este punto, sabía que era mi responsabilidad introducir a Paola en un
grupo. De esta forma, decidimos formar un grupo de ambiente precisamente
en la escuela, para llevar la presencia de Cristo a la escuela. Nos reuníamos
todos los lunes, después de las horas de clase y era siempre de una
gran riqueza espiritual. De este modo, poco a poco, otros profesores se
añadieron a nuestro grupo. Nos convertimos de este modo en una realidad
visible dentro de nuestra escuela. Habíamos
tratado de ofrecer nuestra disponibilidad a quien lo necesitase,
rezando, regalando un libro o un casette que pudiese servir de ayuda o,
simplemente, escuchando sus problemas. Lentamente, la vida de la escuela
comenzó a cambiar en sentido cristiano. Muchos colegas comenzaron a
pedirnos que rezásemos por ellos o por sus familiares. De vez en cuando
nos hacían preguntas sobre la religión. ¡Uno de ellos volvió a
confesarse y a hacer la comunión después de 15 años! Además
de la reunión de grupo del lunes, empezamos a pensar enseguida en hacer
una reunión abierta a toda la escuela, en la que se rezase por los
profesores y los alumnos enfermos y se leyese un paso del evangelio. De
esta forma, se creo un grupo de 15‑20 profesores que cada día se
reunían en mi despecho durante diez minutos, antes del inicio de las
lecciones. Se trata de un grupo formado por personas de diversas
religiones: católicos, protestantes, judíos. Cada día invitamos a
nuevas personas y, habiendo llegado a ser muy numerosos, algunos
comentan: "¡Madre mía, hay más personas en tu despacho que en un
aula!". Otra
iniciativa para evangelizar la escuela ha sido la de hacer celebrar la
Eucaristía por los profesores enfermos o que han fallecido. En estas
ocasiones participan muchísimos colegas, íncluídos el Director y el
Jefe de Estudios. Además, hemos puesto folios con lecturas católicas
en los buzones postales de la escuela, especialmente en los períodos de
Navidad y Pascua. Ahora
nos hemos convertido en una comunidad escolar de personas que rezan,
aman y comparten la propia vida con los demás. La atmósfera de nuestro
ambiente de trabajo ha cambiado, porque todos nosotros percibimos la
presencia de Cristo. Esta presencia de Cristo influye incluso en los
estudiantes, que se sienten más tenidos en cuenta y ayudados. Les
ayudamos rezando por ellos y proveyendo también a las necesidades
materiales de los más pobres. El
cambio producido en mi ambiente de trabajo es una prueba evidente de que
el método del Cursillo es eficaz. Con Cristo de nuestra parte, no
podemos fallar. ¡Cristo continúa a contar con nosotros! ¡De colores! |
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IIIª
ULTREYA MUNDIAL DEL MOVIMIENTO DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD TESTIMONIO Roma, 29 de julio de 2000 |
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Buenas
noches en nombre mío y en nombre de todos los cursillistas de América
Latina y de los miembros de la 0. L.C.C., a quienes represento en este
momento, ante ustedes, hermanos cursillistas de todo el mundo, reunidos
hoy, por la gracia de Dios, en este maravilloso escenario, como es la
Plaza de San Pedro, en El Vaticano. Quiero
dar gracias a Dios por permitirme estar aquí, en este lugar
privilegiado y en este momento tan especial, el del Gran Jubileo, contándoles
a ustedes mi experiencia cristiana, contándoles cómo fue mi encuentro
personal con Jesús, Salvador de todos los hombres, y como ha sido mi
vida a partir de ese momento, en que le permití entrar a reinar en mi
corazón y a ser el Señor de mi vida. Tal
vez nos hemos preguntado muchas veces, ¿Quién es Jesús para mí? Y
tal vez, hemos dado muchas respuestas. Hoy quiero invitarles, a que una
vez más, nos hagamos esa sencilla y simple pregunta: ¿Quién es Jesús
para mí? Gracias
a Dios, nací, me eduqué y me formé en un hogar católico donde desde
pequeña aprendí a amar a Dios, a querer a María, a respetar el Decálogo.
Me enseñaron a vivir el amor que Jesús predicó. Vi como mis padres
vivían la eucaristía, la oración, el rosario y las prácticas
religiosas día a día, y como me transmitían esas costumbres. Soy
abogada y el mundo personal y profesional que vivía, me absorbieron y
me aleje de Dios. Empece a querer llenar el vacío que tiene el hombre
de Dios, con cosas del mundo y especialmente, con conocimientos jurídicos.
Hice cursos, seminarios, especializaciones. Aquí en Roma viví dos años,
estudiando, pero lo más importante que era conocerle a Él, lo había
olvidado. Pero...
Dios no nos abandona nunca. Está siempre atento a cada uno, si queremos
volver. a Él, como en la parábola del Padre Misericordioso, nos recibe
con los brazos abiertos. Eso
hice. Me levanté y volví a sus brazos. El
Señor puso en mi camino a un cursillista que invitaba a unos amigos míos
a vivir un Cursillo de Cristiandad, a mí no me invitó, los invitaba a
ellos desde hacía mucho tiempo y nunca fueron, nunca le aceptaron la
invitación, pero me comentaron y me interesó el nombre: un CURSILLO DE
CRISTIANDAD. El
que me invitaba era Cristo, el que me hizo interesar fue Cristo. El
cursillo era 12 días después. Fui, sin preguntar ¿qué era o cómo
era? Yo
buscaba algo, no sabía que era, y en esa búsqueda el Cursillo me
pareció una posible respuesta. Viví
el cursillo número 17 en Pereira, Colombia, del 30 de marzo al 2 de
abril de 1989, hace once años. Ha sido la experiencia más intensa y
profunda de mi vida porque me la cambió totalmente. Como lo decía al
comienzo, me encontré con Jesús, con el Salvador, me salvó y lo deje
entrar en mi vida, en mi corazón y lo hice Señor de mi existencia. Empecé
esa nueva vida y todo cambió. Mi Ideal se ajustó al Ideal de Dios,
entonces mis metas también cambiaron y los caminos para llegar a ellas
fueron otros. Al romper con un modo de vida, por la conversión, hay que
dejar muchas cosas; amigos, costumbres, actitudes, modo de pensar y de
hacer. Mi vida seguirá siendo esa lucha por ser mejor para poder llegar
a la Patria Celestial con las manos llenas, antes las tenía vacías. Y
gracias a Dios me comprometí con el M.C.C. desde ese 2 de abril, cuando
le dije a Cristo: que contara conmigo. Me comprometí con el Señor a
trabajar por su Reino y lo he hecho en el Movimiento. Once años en que
he sido fiel, gracias a su ayuda. La
perseverancia, la fidelidad, la constancia, el servicio y el compromiso
han sido las características que me han acompañado durante este tiempo
y que me permiten hoy estar aquí con ustedes hablando de mi experiencia
cristiana, de mi vida al lado y de la mano del Señor. Esa
vida de gracia que reinicie en ese momento, me ha permitido llevar el
Evangelio a mi familia, a mis amigos y especialmente a mi trabajo. Como
abogada trabajé en la administración de justicia durante más de 25 años,
me jubilé hace tres, tiempo que ahora le dedico totalmente al M.C.C. y
a la Evangelización. El ambiente judicial y el ambiente de los abogados
es muy difícil, no obstante con mi testimonio de vida, durante esos años
que con Jesús trabajé en ese medio, hice que muchos compañeros de
trabajo vivieran el Cursillo de Cristiandad, hice que la justicia fuera
cristiana, esa gracia que vivía me hizo ser una funcionaria cristiana
que aplicaba la ley humana pero con el corazón de Cristo, hice que
muchos se preguntaran por qué mi vida había cambiado totalmente para
que ellos también cambiaran y muchos lo hicieron y muchos se
convirtieron y también permitieron que Jesús entrara en sus vidas. Ahora
si podemos responder la pregunta inicial. ¿Quién es Jesús para mí? Lo
es todo. El centro de mi vida, la razón de ser. El Señor de mi
existencia. El guía, el faro, la meta, el Ideal. Quiero
invitarles, por último, a que no olvidemos y sigamos fieles al carisma
que nos legaron los fundadores del M.C.C., de llevar el Evangelio a
todos los ambientes, no solo con la Palabra sino con el TESTIMONIO DE
VIDA, para que muchos tengan la vivencia del Cursillo de Cristiandad. Y
de la mano de María, nuestra madre y modelo, y de Jesús, nuestro
hermano Mayor lleguemos al Padre todo amor y misericordia. |
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IIIª
ULTREYA MUNDIAL DEL MOVIMIENTO DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD TESTIMONIO Roma, 29 de julio de 2000 |
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Me
dirijo a Su Santidad como miembro del Grupo Europeo de Trabajo para
expresarle el testimonio de profundo respeto y adhesión que le profesa
el Movimiento de Cursillos de Cristiandad. El
M.C.C. nace en España en 1949 y por la misericordia de Dios se expande
rápidamente, primero hacia América y posteriormente a todos los
continentes. Hoy
estamos aquí para proclamar ante Su Santidad que nuestro carisma
fundamental ‑ la evangelización ‑ sigue marcando la pauta
de nuestra acción diaria. Viví
mi primer cursillo en septiembre de 1964 y la experiencia de aquel
encuentro con Cristo‑Jesús marcó mi vida de tal forma que desde
entonces me sentí amorosamente llamado por el Señor. Descubrí,
como tantos hombres y mujeres al pasar por el Cursillo, que mi vocación
como laico tenía que desarrollarla en el seno de la Iglesia, de mi
Iglesia doméstica, local, diocesana y universal. Comencé
al poco tiempo con mi esposa una familia que ha crecido compartiendo y
celebrando la misma fe, cada vez más comprometida en la formación y la
acción. Nuestros
hijos nos han acompañado en muchas tareas apostólicas hasta llegar a
formar otras nuevas familias, todas ellas unidas en la comunidad de
creyentes. Bendigo
al Señor cada día por la esposa que me dio y los hijos que nos confió
para que educáramos. Los hijos de nuestros hijos forman parte también
de la comunidad cristiana por la fe de sus padres. Debo
testimoniar que el Movimiento de Cursillos de Cristiandad me hizo ver
que Dios es amor, misericordia,
y que mis talentos y capacidades son para servir al prójimo. He
descubierto también mi vocación misionera y en evangelizar me empeño.
El que yo forme parte de mi Iglesia local no me impide trabajar como
responsable en el M.C.C. y desde este Movimiento presentarle a muchos
hombres y mujeres la oferta del Señor Jesús. Porque
descubrí también el valor de la Eucaristía, como sacramento del amor,
y reconocí a Jesús en el pobre me incorporé a CÁRITAS y acepté el
compromiso de dirigir la Cáritas Diocesana, lo que no me impide seguir
actuando en mi Iglesia local y en el M.C.C. a nivel nacional. Mi
experiencia como persona es vivir la cercanía del Señor, ofrecerle a
diario un proyecto de fe, esperanza y caridad, manifestar mi condición
de pecador, que diariamente tiene que suplicar el perdón a mis hermanos
y a mi Padre Dios, pero convencido de que Dios me comprende y me quiere
como soy. Mi
trabajo profesional se realiza en el ámbito de la educación, mi
actividad apostólica va dirigida en los espacios antes señalados, sin
que exista dificultad insalvable para compaginar una y otra actividad. Desde
1984 formo parte del Secretariado Nacional del M.C.C. de España y desde
él hemos participado, junto a los restantes Secretariados europeos en
la construcción del Grupo Europeo de Trabajo del M.C.C. Nos
sumamos al Jubileo con el compromiso de presencia en todos los ambientes
va que el M.C.C. por su singularidad está presente en todos los niveles
y especialmente junto a los más necesitados. Nuestro
compromiso de evangelización nos hace ver que Europa es un continente
de misión que necesita urgentemente una nueva evangelización, y en
ello estamos empeñados. El
M.C.C. en los tres días que dura el cursillo, verdadero instrumento de
renovación cristiana para unas personas y primer anuncio para otras,
propicia con su particular método que el hombre y la mujer se sientan
interpelados y descubran su verdadera dimensión de hijos de Dios,
reconociendo a Dios en su dimensión trinitaria y a la Iglesia como
madre maestra y comunidad de creyentes. La respuesta es siempre la fe,
la adhesión al mensaje de Jesús. El
M.C.C. invita a las personas que viven un cursillo y salen radiantes y
felices por haber encontrado a Dios, a formar parte de El Grupo y la
Ultreya como medio de formación y perseverancia, y a que se integren en
una comunidad parroquial para servir dentro de la pluralidad de carismas
en el lugar más adecuado y necesario en la Iglesia. Vengo
compartiendo desde hace años con grupos de jóvenes su proceso de
conversión renovada y puedo testimoniar que Cursillos, que nacieron
para jóvenes, sigue siendo un instrumento válido y al servicio de la
Iglesia también en este nivel como lo demuestra el hecho de que más
del 50% de los asistentes a un Cursillo son jóvenes. Ponemos
ante Su Santidad este Movimiento que extendido por Europa quiere hacerse
hoy presente aquí aceptando el reto del presente siglo. Renuevo
ante Su Santidad mi compromiso en el Señor Jesús, con el amor del
Padre y la comunión del Espíritu Santo, encomendándome a nuestra
Madre María, Madre de la Iglesia y a nuestro Patrón San Pablo, en la
confianza de que el misterio de la multiplicación de los panes y los
peces se repita cada día cuando ponga mi disposición y voluntad al
servicio del Señor. |
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ULTREYA MUNDIAL DEL MOVIMIENTO DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD TESTIMONIO Roma, 29 de julio de 2000 |
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Día
de exámenes, la comisión se instala (un miembro de la comisión nos ha
contado más tarde lo que ha sucedido); distribuidas las hojas de las
pruebas de italiano, dictados los tres temas, el presidente invita a los
alumnos a hacer el examen en el tiempo previsto. Un alumno dice: "Perdone;
nosotros estamos acostumbrados a rezar antes de comenzar a
estudiar". Aquella
frase probablemente ha turbado la comisión; el presidente da la
autorización y los alumnos hacen la oración sin olvidarse de rezar por
la comisión de los exámenes. Os
dejo imaginar los comentarios de los componentes de la comisión a la
vuelta de la sede de los exámenes, que era la cárcel Brucoli; se
esperaban probablemente una clase turbulenta o, en el mejor de los
casos, ausente o poco social; al contrario, ha vivido un momento
seguramente muy hermoso. Este
momento cercano a Cristo que os comparto ha sucedido en junio de hace
algunos años, pero sus comienzos fueron mucho antes. Era
responsable de un sector de la empresa donde trabajo actualmente y un día,
por causas que ahora están de más, un colaborador mío tuvo la
desgracia de ir a la cárcel. El
grupo de evangelización que desde hacía años trabajaba en mi ambiente
de trabajo, se preocupó enseguida para entender, para encontrar el modo
de hacer menos pesada la cruz del hermano que había caído en el error,
y ha soportado todo esto con la oración, para que el Señor lo
iluminase y los sostuviera. Comprendí
entonces que el Señor quería que yo me esforzara en llegar a ser un
pincel en sus manos en un ambiente un poco extraño: La carcel. Por eso
he terrninado por servir al Señor como Asistente Voluntario en las cárceles. Os
confieso que durante los días anteriores a mi primera visita me
encontraba confuso y en lucha entre diferentes sensaciones: deseo de ser
útil, miedo de no estar a la altura, miedo al rechazo, dudas sobre cómo
llevar a Cristo en ese ambiente aislado de la sociedad. Todo
esto fue superado rápidamente no sólo por el apoyo de mí grupo de
Ultreya que ha garantizado la oración, sino también porque enseguida
me he convencido de que no debía llevar a Cristo, sino que Cristo
estaba allí en el hermano que sufría, y que sólo tenía que agudizar
la vista y abrir el corazón para darme cuenta de su presencia. Hace
algunos años, algunos detenido manifestaron el deseo de volver a
comenzar los estudios y yo le sugerí que lo más fácil era continuar
los estudios como "privatistas" y hacer los exámenes como
externos; y me empeñé en ver si esto era posible. La
intendencia de toda la Ultreya que ha acompañado esta actividad de
evangelización, como siempre, han dado el fruto esperado y el Señor
nos cubrió gratuitamente de dones. Las
instituciones dieron su acuerdo, algunos profesores casi hacen una
carrera de solidaridad para regalar a los detenidos algunos libros, y el
resto lo hizo la Iglesia de Siracusa. Se
necesitaban, en fin, "profesores voluntarios" para apoyar a
estos alumnos que habían perdido el hábito del estudio, y debo
confesar que esto ha sido facilísimo, pues el Cursillo de Cristiandad
de mi diócesis ha hecho seguir a la Piedad el segundo y el tercer pié
del trípode: de hecho, varios hermanos y hermanas de las Ultreyas han
dado disponibilidad inmediata para como profesores voluntarios a los que
se han unido también voluntarios de otros movimientos de la Iglesia. El
día en que un profesor voluntario propuso con decisión comenzar y
terminar la lección con una oración, todos acogieron la propuesta. En
los encuentros posteriores, eran ellos los primeros a levantarse y, a
turno, "guiar" aquél Padre Nuestro que
allí, tenía un significado profundo, era verdaderamente el
Padre de todos nosotros, de quien sufría y de quien se esforzaba en
aliviar. los sufrimientos como la Verónica en el Via Crucis. La
Ultreya es seguramente el momento en que se crece; algunas veces hemos
hablado de nuestro trípode de estos momentos cercanos a Cristo
encarcelado: del estudio que hemos hecho junto con los detenidos en los
encuentros de catequesis, de la oración que acompaña esta actividad de
evangelización, oración de los hermanos de la Ultreya, pero también
de nuestros hermanos detenidos a los que pedimos la ofrenda de sus
sacrificios y de sus oraciones en los momentos importantes de la vida de
nuestro movimiento; y de la acción desarrollada en el interior de las cárceles;
nos confrontamos para mejorar también este pié, proponiendo la
actividad con el objetivo de testimoniar que la sociedad no quiere
abandonar el Cristo encarcelado y que Cristo ha resucitado para todos. Y
el Señor nos ha dado la gracia de realizar algunos de nuestros sueños. Desde
hace tiempo se celebran los momentos fuertes litúrgicos; desde hace dos
años se celebra el Via Crucis; el de este año, al que han asistido
muchos detenidos, agentes y voluntarios, ha sido particularmente vivido
no sólo por las profundas meditaciones (preparadas por los detenidos)
sino también porque ha sido animada por un grupo suyo de canto, acompañado
por un hermano nuestro cursillista. Emocionante ha sido el Via Crucis
celebrado por los detenidos que no podían participar al comunitario:
del rumor confuso del início pos algo inesperado se ha pasado en las últimas
estaciones al, silencio y a la petición de algunos de leer algún paso
del Evangelio o una meditacion. Hemos
tenido también la alegría de acompañar a un hombre de color a su
bautismo, y el momento más fuerte ha sido cuando la comunidad cristiana
lo ha acogido en su Iglesia. Ahora, desde su país de origen, escribe
hablando de la bondad y de la misericordia de Dios, y confía nuestras
familias a Cristo. Las
actividades teatrales, con la dirección de un hermano nuestro de la
Ultreya de Augusta llegan ahora a la novena edición y, cosa
extraordinaria, una de las representaciones que se han ofrecido ha sido
la del musical "Forza Venite Gente", que ha visto a los
detenidos, junto con cursillistas y jóvenes católicos, recitar, cantar
y bailar la vida de San Francisco de Asís. En
las oraciones espontaneas antes y después de cada prueba, una muchacha
ha dado gracias al Señor por haberle dado la fuerza de pasar el umbral
de la cárcel, y de haberle concedido descubrir que el detenido es un
ser igual a los otros; un detenido ha dado gracias al Señor por haberle
dado la oportunidad de vivir esta experiencia con una parte de la
sociedad que es capaz de amar. En
la actualidad las relaciones con los huéspedes de las dos cárceles de
Siracusa son las de quienes comparten las alegrías y los dolores; nos
sentimos muy cercanos, sobre todo en nuestros momentos importantes de
nuestra vida de cristianos. Quisiera
leeros un pasaje de la intendencia que un detenido ha mandado a los
hermanos del 28' Cursillo de nuestra Diócesis: "Puedo
aseguraros de que si no se conoce a Dios se vive mal, no se aprecia la
verdadera esencia de la vida. Se busca la satisfacción en las cosas vacías
de la vida, mientras que las cosas más importantes son las cosas
sencillas. El don más hermoso que Dios ha querido concederme ha sido el
de aclarar la niebla interior que ofuscaba mi verdadero yo". Quisiera
terminar diciendo que, de todos modos, está clara en nosotros la
conciencia de ser siervos inútiles del Señor, de que hacemos muy poco,
de que tenemos necesidad de "crecer", de que todo lo dicho no
sirve de nada si no tenernos la conciencia de que nuestra tarea es la de
sembrar sin tender recoger, y, sobre todo, la de confiar todo no a
nuestras pobres fuerzas, sino a la voluntad del Señor. Confiamos
en el apoyo que el Señor nos da, como pedimos en nuestra oración, y
por eso os pido si es posible que en vuestros grupos dediquéis alguna
oración también los aquellos presos que han tomado sobre sí la
responsabilidad de transmitir a los otros la alegría de ser cristianos
y la certeza de que Cristo, utilizando los pinceles que están fuera de
la cárcel, no les ha abandonado. ¡DE
COLORES! |
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IIIª
ULTREYA MUNDIAL DEL MOVIMIENTO DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD ROLLO MISTICO Roma, 29 de julio de 2000 |
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1)
El inicio del tercer milenio ve claramente a la comunidad cristiana en
una posición de minoría. Otras tradiciones culturales y religiosas
sobresalen hoy, especialmente las relacionadas con la exaltación del
individuo y que tienden a negar la sustancial dimensión relacional de
la persona. Es verdad que son muchos todavía los que piden el Bautismo
y los otros sacramentos de la fe cristiana, pero también es verdad que
muchos de ellos no observan ninguna práctica religiosa y, sobre todo,
viven una ruptura dramática entre fe profesada y vida cotidiana. Se
genera así una desunión entre fe y cultura que ya en 1975 Pablo VI había
definido, en la Evangelii Nuntiandi, como el verdadero "drama"
de nuestra época. La
posición de minoría en que actúa la Iglesia de nuestro tiempo se pone
de manifiesto también por el hecho de que la influencia pública de sus
enseñanzas, sobre todo en el campo de la moral familiar y económica,
es bastante débil. La atención a la Iglesia de parte de los medios de
comunicación social se dirige más a los aspectos marginales que a los
esenciales. La mayor parte de las veces, de hecho, los medios de
comunicación social se fijan más, en la vida de la comunidad
cristiana, en los aspectos folclóricos, y algunas veces
"escandalosos", que en lo fundamental de su vida de fe, de
esperanza y de caridad. Esto resulta más grave por el hecho de que
muchos hombres de nuestro tiempo no parece que busquen ya en el
cristianismo las respuestas a sus preguntas sobre el sentido, sino que
se dirigen a otras partes. 2)
Ante esta situación puede propagarse entre nosotros un sentido de
depresión y de desánimo, que se manifiesta a veces un lloriqueo de
lamentaciones, o a veces en el cultivo de la nostalgia del pasado,
cuando la presencia de los cristianos en la sociedad era más fuerte e
incisivo. Creo que ambas actitudes son estériles y no en línea con el
Evangelio. Confrontándonos
con los enormes "desafíos" que el tercer milenio nos presenta
a nosotros los cristianos, a veces sufrimos la tentación de renunciar a
nuestra tarea de promoción del hombre, porque nos comparamos con algo
que parece que es superior a nuestras fuerzas. Es lo que sucedió a los
discípulos de Jesús, cuando el Maestro les puso ante la exigencia de
dar de comer a la multitud que durante una entera jornada había
escuchado la Palabra de la salvación y había experimentado la obra
duración del Señor. Los discípulos pensaron que Jesús fuese un poco
"loco" al pedirles que dieran de comer a cerca de cinco mil
hombres, por lo que le dijeron: "El lugar está deshabitado, y la
hora es ya pasada. Despide, pues, a la gente, para que vayan a los
pueblos y se compren comida" (Mt.14,15). También hoy tenemos la
tentación de renunciar a dar de comer a los hombres, hambrientos de
verdad y de amor, pensando que no somos capaces, que no tenemos los
medios suficientes para realizar esta tarea que el Señor nos confía. 3)
No podemos rechazar la invitación del Señor a "partir" al
hombre hambriento de nuestro tiempo el "pan" de la verdad, el
Evangelio, que es el único camino a través del cual los hombres pueden
descubrir la grandeza de su dignidad. Sabemos que el encuentro vivo con
Cristo, verdadero Dios y Hombre perfecto, "abre a cada ser humano
la perspectiva de ser "divinizado" y, por tanto, de hacerse así
más hombre" (Incarnationis Mysterium, N°2). Sabemos que "el
misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo
encarnado" y que Cristo "manifiesta plenamente el hombre al
propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación" (Gaudium
et Spes, N°22). Esta conciencia empeña a la comunidad cristiana a
vivir en el mundo como "fermento y alma de, la sociedad humana, que
debe ser renovada en Cristo y transformada en familia
de,Dios".(Gaudium et Spes, N°40). Esta
es, pues, la lógica a la que debemos referimos para responder hoy a la
invitación que Cristo nos dirige: es la lógica evangélica de la
"levadura" que se introduce dentro de la harina amasada y es
capaz de hacerla fermentar toda (cfr. Lc.13,21); es la lógica del
"grano de mostaza", que cuando se siembra es el mas pequeño
de las semillas de la tierra, pero cuando crece, se convierte en un árbol
grande (cfr. Mc.4,31; Lc.13,19). Vista en estos términos, nuestra
situación de "minoría" resulta vencedora, porque pone en
marcha en nosotros la conciencia de que, a pesar de todas las
apariencias contrarias, ¡Dios está actuando en la historia!. La
"pequeña semilla" se convierte en un gran árbol: "El
Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o
se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa
cómo. La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego
espiga, después trigo abundante en la espiga" (Mc.4,26-28). 4)
Esta es la estrategia más eficaz para evangelizar los ambientes. Se
trata de insertarse como cristianos en las estructuras de este mundo,
actuando como la levadura en la masa. Nuestra presencia debe ser
discreta, pero incisiva; silenciosa, pero eficaz; dulce, pero
estimulante: ¡el Señor nos ha llamado a ser la "sal de la
tierra", no el dulcificante! La nuestra debe ser una presencia
inteligente, que sepa aprovechar todas las oportunidades de evangelización
que existen en los ambientes en los que trabajamos. Una presencia sabia,
que sepa llevar dentro de los ambientes el "gusto" de vivir en
Dios, de Dios, con Dios y por Dios. Es con una presencia de este tipo
que una escuela, donde no reina un clima educativo sano, puede
transformarse en un lugar donde el mismo Cristo actúa como Maéstro y
sabio educador. Es con una presencia de este tipo que incluso una cárcel
puede transformarse en un lugar donde Cristo es amado y glorificado. Lo
demuestran algunos de los testimonios que hemos oído en esta Ultreya
mundial. Estos testimonios demuestran, pues, la eficacia apostólica de
los Cursillo de Cristiandad y de la actualidad de su carisma. 5)
En la condición de minoría en la que nos encontramos al alba del
tercer milenio, el Señor nos dice: "No temas, pequeño rebaño,
porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros a vosotros el
Reino" (Lc.12,32). Sí, hermanos y hermanas, el Reino de Dios
viene, mejor dicho, está ya en medio de nosotros, precisamente por el
hecho de que somos un "pequeño rebaño", una minoria profética
que cree, lucha y espera, abandonándose únicamente en la fuerza de la
gracia de Dios. De hecho: "Ha escogido Dios más bien lo necio del
mundo para confundir a los sabios. Y ha escogido Dios lo débil del
mundo, para confundir lo fuerte. Lo plebeyo y despreciable del mundo ha
escogido Dios; lo que no es, para reducir a la nada lo que es. Para que
ningún mortal se gloríe en la presencia de Dios".(1
Cor.1,27‑29). Dios ofrece la fuerza de su gracia a la pequeñez y
a la falta de adecuación de nuestros medios y de nuestras estructuras,
para que aparezca más clara su gloria y ninguno de nosotros pueda
enorgullecerse por los resultados alcanzados o desanimarse por los que aún
no alcanzó. En
este ambiente podemos cultivar las virtudes necesarias para evangelizar
de modo eficaz: la humildad, la sencillez, la paciencia, la
perseverancia, que son virtudes típicas de quien sabe esperar y ha
aprendido a fiarse de Dios, antes y más aún que de sí mismo. Para el
crecimiento del Reino de Dios, cultivamos también la capacidad de perdón
y la fuerza de dialogar con todos, buscando lo que nos une antes de lo
que nos divide. Estas son virtudes auténticamente "jubilares"
que el Santo Padre el primero, nos ha enseñado a cultivar desde el
momento en que, en este Año Santo, ha querido pedir perdón por todas
las culpas cometidas por los cristianos en estos dos mil años. La
Iglesia no tiene otra fuerza sino la del amor que sana y que reconcilia,
un amor que le es comunicado por su Señor crucificado y resucitado,
para que pueda resplandecer en el mundo como signo de
la gloria de Dios y sacramento universal de salvación. 6)
Huyamos, pues, de la tentación de querer ser necesaríamente una fuerza
importante. Seremos el "pequeño rebaño" que el Señor ha
elegido para enfrentarse a las multitudes grandes y poderosas de los que
no piensan como nosotros y utilizan medios mucho más potentes que los
nuestros. Seremos como el pequeño David, que se sirve sólo de un arma
insignificante, como la honda, para luchar contra el gigante Goliat
(cfr.1Sam.17,39‑51). Estamos seguros de que seremos los vencedores
porque el Señor es nuestra fuerza. Él nos envía su Santo Espíritu
que nos enseña a dialogar con todos y a valorar las diferencias como
una riqueza, tal como sucedió en Pentecostés (cfr. Hch.2,1-11). Que el
Espíritu de Dios nos ayude a actuar siempre en la unidad y en la
fraternidad entre nosotros y con todos los hombres de buena voluntad,
con la conciencia de que la comunión es la fuerza de la misión. Invoquémoslo
por eso con las solemnes palabras del Veni Creator: "¡Ven, Espíritu
Creador; visita nuestras mentes; llena de tu gracia los corazones que
has creado. Dulce Consolador, dono del Padre altísimo, agua viva,
fuego, amor... reparte tus siete dones, suscita en nosotros la
palabra!" |
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| Juan Pablo II se dirige a la 3ª Ultreya Mundial |
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Los cursillistas de todo el mundo |
escuchan el mensaje del Papa |