NOTICIAS DE IGLESIA

En esta Sección queremos destacar noticias importantes de nuestra Iglesia, no necesariamente vinculadas con la vida y acción de nuestro Movimiento

 

 

Se inicia causa de beatificación del Padre Esteban Gumucio ss.cc.

 

El Cardenal Francisco Javier Errázuriz, Arzobispo de Santiago, dio inició a la Introducción de la Causa de Beatificación y Canonización del Padre Esteban Gumucio Vives ss.cc., durante una emotiva ceremonia realizada en la tarde del jueves 20 de mayo de 2010. En esta, a la que asistieron sacerdotes y religiosos de la Congregación de los Sagrados Corazones, se firmó el decreto correspondiente y se constituyó el Tribunal para esta causa, el que será presidido por Padre Jaime Correa s.j. Entre los asistentes se encontraban el vice-postulador de la causa, Padre Enrique Moreno Laval ss.cc., en representación del postulador general, P. Alfred Bell, quien se encuentra en Roma; el promotor de justicia para esta causa, Padre Jaime Guzmán Astaburuaga, s.j. y el Vicario Provincial de los Sagrados Corazones, P. René Cabezón, entre otros. Actuarán como notarios los laicos Patricia Abarca y Cristián Venegas.




ESTEBAN, UN SERVIDOR EXTRAORDINARIO DE LOS MÁS POBRES

Al término de la ceremonia, el Arzobispo de Santiago, Cardenal Francisco Javier Errázuriz, dijo que al abrirse el proceso de beatificación del religioso “se constituyó el Tribunal que se va a ocupar profundamente de la vida del Padre Esteban Gumucio, de sus obras, sus virtudes, de manera de llegar a la convicción de que vivió heroicamente la fe, la esperanza y la caridad. Una convicción que tienen muchas personas de nuestra Iglesia que lo conocieron personalmente, que admiraron la generosidad extraordinaria, la gratuidad de su amor. Que admiraron también la sabiduría que está plasmada en cantos muy hermosos que todos cantamos, y que admiraron su servicio extraordinario a los más pobres, a los más enfermos durante toda su vida, hasta el final”. Agregó que "no había persona que golpeara la puerta de su casa y que quería que él atendiere a un moribundo que no partiera el Padre Esteban inmediatamente antes que cualquier otro sacerdote joven”.



El Cardenal aseguró que para él es un motivo de mucha alegría que podamos contar un día con la declaración que haga el Magisterio de la Iglesia con un nuevo beato y un nuevo santo. Desde luego que el Padre Esteban es sentido como un ejemplo precisamente por vivir el Evangelio de Jesucristo y por una cercanía con el Señor muy grande. Ese ejemplo es para todos los sacerdotes, para todos los religiosos y para tocos los bautizados y los chilenos. Con un profundo amor a nuestra patria, él se inclinó con gran amor a los más necesitados de nuestro pueblo. Da gusto haberlo conocido y espero que su ejemplo siga perdurando en nuestro país”.



ESTEBAN, UN EJEMPLO MARAVILLOSO

Por su parte, el vicepostulador de la causa, Padre Enrique Moreno Laval, señaló que "para nuestra Congregación significa un gozo inmenso haber asistido a la apertura de la causa de beatificación y canonización del Padre Esteban. Él fue un hombre muy querido para nosotros. Me atrevería a decir que nadie como él vivió la espiritualidad de la congregación. Ha sido como el padre de nuestra congregación en Chile y nos ha dejado un ejemplo maravilloso que nosotros quisiéramos asumir hoy día con la mayor responsabilidad. No podemos caer en un triunfalismo fácil pensando que eventualmente podríamos tener un nuevo santo, sino más bien asumir la responsabilidad y llevar una vida tan coherente como él la llevó

BIOGRAFIA

El P. Esteban Gumucio nació en Santiago de Chile, el 3 de septiembre de 1914. Hijo de Rafael Luis Gumucio y de Amalia Vives, fue bautizado en la Parroquia de Santa Ana el 7 de septiembre del mismo año, con el nombre de Joaquín Benedicto. Cursó sus estudios de humanidades en el Colegio los Sagrados Corazones de Alameda. Ingresó a la Congregación de los Sagrados Corazones a los 18 años de edad. Después de haber efectuado sus estudios filosóficos y teológicos en la casa de formación de Los Perales, recibió el 17 de diciembre de 1938 en Valparaíso la ordenación sacerdotal de manos de Monseñor Rafael Lira Infante.



Desde inicios de 1964 es destinado a Santiago, donde funda una nueva parroquia en un naciente sector obrero del sur de la ciudad: la parroquia San Pedro y San Pablo, de la cual es su primer párroco, entre los años 1965 y 1971, en la cual continuó trabajando hasta su muerte. 



El Padre Esteban desarrolló un muy amplio servicio de predicación de retiros al clero, religiosos, religiosas y laicos, a lo largo de todo Chile, y en países latinoamericanos. Una especial dedicación y afecto tuvo desde muchos años por el movimiento de Encuentros matrimoniales. En su ancianidad tuvo también un particular cuidado por ayudar a las personas de tercera edad, tanto a través de escritos, como por medio de jornadas y retiros.



En mayo de 2000 le fue diagnosticado un cáncer de páncreas. En la fiesta litúrgica del Buen Pastor, domingo 6 de mayo de 2001, a las 18,20 hrs. el Señor lo recibió en sus brazos.



 ESTEBAN ESCRITOR

Confiesa que su primera poesía la escribió a los 7 años, impresionado por una estampa religiosa en que aparecía Jesús llorando sobre la ciudad de Jerusalén. “Después, empecé a construir muchos cuentos. Luego, surgieron letras para canciones religiosas que aún perduran, como La Oración, El Peregrino de Emaús, El Ángelus, Camino del Viernes Santo, Jerusalén está en fiesta. 



Después vinieron otros escritos, entre ellos algunos poemas y textos en prosa de gran calidad, llenos de su amor por Jesús, por los pobres, por todos los seres humanos; también otros que brotaron con fuerza, con convicción, a veces con "santa ira", de la experiencia brutal en tiempos de la represión, como Carta a los Exiliados, Salmo Primero de Mayo, El Cristo del Patio 29, entre muchos otros. 



Un hito importante en este contexto lo constituyó la composición de la "Cantata a los Derechos Humanos", que se estrenó en noviembre de 1978 en la Catedral de Santiago. Se reestrenó veinte años después en el salón de honor del ex Congreso Nacional, y una vez más el 5 de mayo de 2001, el día previo a la muerte de Esteban, en el edificio Diego Portales

 

 

"No me están echando ni estoy arrancando"

 
 

 Polémica entrevista de la periodista Raquel Correa al sacerdote Felipe Berríos, publicada en la REVISTA DEL SÁBADO, del Diario El Mercurio de Santiago, del 5 de Junio de 2010

 

Hoy parte al África no por dos años, como se ha dicho, sino que "hasta que Dios quiera". En esta entrevista defiende al actual Papa en su lucha contra los abusos sexuales -"por eso está bastante solo"- critica a Juan Pablo II, opina que el nuevo arzobispo de Santiago debiera ser monseñor Ezzati, Goic o Lizama, y que, en cambio, una eventual elección de Juan Ignacio González "sería un retroceso para la unidad del país".  
 

A muchos de sus seguidores les duele el alma. Y seguro que sus detractores, que no son pocos, echarán de menos  algunas de las polémicas que generó desde su tradicional columna en "Sábado". El cura Berríos, el Padre Felipe o simplemente Felipe, partía hoy a Burundi, un pueblo miserable, con sectas en fiera guerrilla permanente.

Ingresó a la Compañía de Jesús el 31 de julio de 1977, y asegura que nunca se ha arrepentido, si bien no todo le ha sido fácil.

Ordenado en 1989, insiste en que desde que se hizo cura ha vivido "profundamente feliz, con una sensación de plenitud".

-¿Ninguna crisis?

-Siempre esperé la crisis. Compañeros míos la vivieron muy fuerte. Hasta hoy la he esperado y no llega. Claro que he producido muchas crisis -ríe-. La verdad es que es una gracia de Dios. Nunca he tenido una pizca de duda de que esto es mi vocación.

-¿Se cansó de ser tan mediático?

-No. Nunca me he tragado el cuento. A los 28 años fui a Tanzania y eso me marcó. Ahí uno se juega la vida.

-Ustedes se preguntan "¿Qué haría Cristo en mi lugar?". ¿Piensa que dejaría a Chile botado y se iría al África?

-Sí -afirma sin dudar-. Aquí  hay mucha gente bien preparada. Es un país con un ingreso per capita de US$ 14 mil y en Burundi no llega a los US$ 700. Allá el problema es el hambre y el sida. Ya cumplí un ciclo. Ahora me toca ir a jugármela allá. Siempre pensé en irme. Soy cura para dar a conocer una buena noticia, propagar el Evangelio.

-Ha dicho "Encuentro fascinante evangelizar en Chile". ¿Entonces...?

-Uno tiene etapas. Estoy en la edad justa para entrar al África. De aquí a aprender el idioma...

-¿No se iba por dos años?

-No -replica despacito, como entregando un secreto-. Me voy hasta que Dios quiera. Al comienzo decía que me iba de por vida, pero sonaba "prepo". Ahora digo hasta que Dios quiera. De aquí a aprender francés y sentirme suelto, tendré 60 años. De repente se nos olvida que estamos  prestados, no para siempre. Las grandes cuestiones de mi vida me las he jugado por intuición. Con 20 años de cura, pensé, éste es el momento, ¿para qué esperar más?

-Dijo que volvería a África cuando en Chile se terminaran los campamentos. ¿Se terminaron?

-Estructuralmente, sí. Antes veíamos los enormes campamentos como parte del paisaje.  Hoy, microcampamentos, salvo el de Alto Hospicio. De 135 mil familias, quedan  20 mil  en microcampamentos.

"Faltan sacerdotes sencillos"

Cuando llega el fotógrafo, anuncia riendo: "Voy a ponerme la chaqueta de los funerales, matrimonios y entrevistas". Y se pone una gastada casaca azul con cierre eclair, con la cruz en la solapa.

Ordenado sacerdote, fue director de la Universidad del Trabajador.  Y creó Un Techo para Chile, que se extendió  por varias naciones.       

Contrario a la ayuda estatal a los pobres, opina:

-Todo lo que sea regalo hace más pobre al pobre. Jamás hay que regalar. Uno puede acompañar al pobre en su sufrimiento, pero no regalarle plata. Una de las torpezas de los países ricos con África es regalarle; por eso hoy es más pobre que antes.  Somos conscientes de que no debe haber campamentos. Algo distinto es lo que pasa ahora, a raíz del terremoto y las mediaguas.

Felipe Berríos se va con un jesuita maltés y asegura que "la mejor manera de misionar es levantando mediaguas.
Ahí se pone en práctica la parábola del buen samaritano. Lo otro es un poco de proselitismo". Allá trabajará con refugiados que huyen por problemas de hambre o guerrilla.

-La idea -explica- es tratar de hacer una especie de escuela agrícola para generar alimentos: hay una hambruna muy fuerte.

-¿No le da miedo?

-Desde que sacamos el decreto Servicio de la Fe y la Promoción de la Justicia, nos han asesinado 73 jesuitas en Latinoamérica; en África a cinco. Es mucho más peligroso hablar de la justicia acá. Voy al África a compartir mi vida con gente que no tiene nada. No tengo ningún incentivo económico para irme a Burundi -agrega-. Ni me han echado ni estoy arrancando, como se  rumorea. En la Compañía me enseñaron que todos somos irreemplazables, pero ninguno indispensable. Otro se hará cargo del Techo.

-¿Y su mamá?

-Mi mamá... sí, pues. Creo que la mejor manera de querer a mi mamá es siendo un hijo feliz.

-Habiendo escasez de sacerdotes en Chile...

-No creo que falten sacerdotes en Chile. Creo que sobran. Lo que falta son sacerdotes sencillos, cercanos a la gente, que no reten sino que acojan, que no se crean superiores al resto y que muestren el Evangelio no como una moral, sino como una buena noticia. Esos son los sacerdotes que faltan. De los otros, tenemos muchos. Y tenemos muchos obispos de esos también.

El cura polémico 

Sostiene que "el verdadero poder está en la libertad de decir lo que uno piensa, sin calcular lo que va a perder". En honor a ello, ha enfrentado fuertes polémicas. La más conocida: las universidades de la "cota mil". Y cuando se iba a legislar el divorcio, la Iglesia hizo una fuerte campaña y él se manifestó contrario a esa campaña.

-¿Nadie le tiró las orejas?

-Sí. El Derecho Canónico nos da derechos y deberes y hemos entrado a un infantilismo que pareciera que los curas no debiéramos tener opinión, sino opinar exactamente lo que opina el obispo. No es así. La Iglesia no es una dictadura. En los dogmas tenemos que estar todos de acuerdo, pero hay otras cosas opinables.

-¿El divorcio, por ejemplo?

-Yo no he cambiado un ápice de lo que cree la Iglesia. El matrimonio sacramental es uno y para siempre.
Disentí en estigmatizar a los hijos de divorciados.

-Y reclamó contra el "protocolo" que impide a separados vueltos a casar asistir a ceremonias con el Papa.

-Eso es ridículo. El matrimonio es un privilegio y quien fracasa  es alguien que sufre: tenemos que apoyarlo. Si se ve el matrimonio como una obligación y hay que castigar al que falla, ahí tenemos distintos puntos de vista.

-Cuando la Iglesia reaccionó contra la campaña gubernamental  a favor de los anticonceptivos, usted discrepó.

-Dije que hay que educar a los jóvenes en una sexualidad consecuente con nuestros valores. Pero si un joven era incapaz de contenerse e iba a tener relación sexual con su polola o pololo o iba a tener una relación sexual de riesgo, tenía la obligación moral de usar condón. La tradición más ortodoxa de la Iglesia es la del mal menor
-sigue-. Me llamaron de la Conferencia Episcopal. Discutí  con los obispos y no me supieron argumentar. Si el mal menor se aplica en lo económico, ningún problema. El sueldo mínimo es inmoral: una familia no puede vivir con $140 mil al mes. Pero si se sube al doble, habría más cesantía y más pobreza. En ese caso, se aplica el mal menor. ¿Por qué ahí no hay problema, pero sí lo hay en los temas sexuales?

-¿Qué opina del celibato?

-El ideal sería que se pudiera ordenar a gente casada y que los diocesanos pudieran ser casados, como en los primeros siglos.  Creo que hay que replantearse lo del celibato: es una vocación, no debiera ser impuesto para todos los curas. 

-A raíz de las mediaguas polemizó con el Gobierno...

-Llevamos trece años diciendo que no queremos chilenos viviendo en mediaguas. Son indignas. Desde hace cuatro años en el Techo construimos sólo casas definitivas de 50 a 80 metros cuadrados, con agua caliente, tres dormitorios. Pero estábamos en un terremoto y en un país soberbio que quiere soluciones traídas de Canadá o EE.UU. y no tenemos dinero para responder masiva y rápidamente a eso. Se demoraron 50 días en concluir que lo más efectivo, en la emergencia, era la mediagua.

Un arzobispo que aglutine

-¿Quien cree que va a ser el nuevo arzobispo de Santiago?

-Yo no soy bueno para estas especulaciones y nunca me han gustado mucho. Pero, esbozando una respuesta, creo que el nuevo arzobispo de Santiago estará entre Monseñor Ezzati, Goic o Lizama pues ellos tres tienen experiencia, edad adecuada, son acogidos ampliamente por diversos sectores católicos y no católicos y tienen el peso moral y el liderazgo  para enfrentar la reconstrucción de la credibilidad que la Iglesia necesita. Son hombres de Dios.

-¿Y quién quiere usted que sea arzobispo de Santiago?

-Yo quisiera lo mejor para la Iglesia. Y eso sería un arzobispo que tenga el reconocimiento de todos los sectores para aglutinar a los católicos, y también la experiencia y el peso para enfrentar el delicado momento que vive la Iglesia y proyectarla con fuerza hacia el siglo XXI. En ese sentido, pienso que los tres antes nombrados cumplen con esos requisitos.

-¿Y si nombraran a monseñor Juan Ignacio González?

-Sería complicado para la unidad de la Iglesia. Él, cuando era abogado ligado al Opus Dei, trabajó con Sergio Rillón en la oficina llamada "de asuntos especiales de Gobierno" o de "enlace" entre la dictadura y la Iglesia que, en relidad, se podría decir que era de "soplonaje".  Fueron tiempos muy duros para la Iglesia chilena, que muchas veces fue perseguida. Y él entonces trabajó para La Moneda y tengo entendido que también lo hizo en la  secretaría General de la Presidencia y en el directorio de la empresa del diario La Nación. A finales de los ochenta dejó esto para ir a Roma, donde fue ordenado sacerdote y sacó un doctorado cuya tesis estaba relacionada con las capellanías castrenses en Chile. Nombrar a alguien que estuvo tan ligado a la dictadura como arzobispo de Santiago para el Bicentenario sería un retroceso para la unidad del país y una ofensa para muchos chilenos. Muchos en pro de la unidad de la Iglesia no dijimos nada con su nombramiento de Obispo,  pero eso tiene un límite y ese límite sería que fuera nombrado arzobispo de Santiago. Con todo  respeto yo haría pública mi protesta.

-Es una acusación grave a un obispo ¿No cree que lo está juzgando injustamente?

-No es una acusación, es recordar su pasado, del cual -que yo sepa-  él nunca se ha arrepentido públicamente y está en su derecho de no hacerlo, pero también yo estoy en mi derecho de pensar que eso es un impedimento grave para un posible arzobispo de consenso, que busque la unidad entre los católicos y la sociedad en general.

"desacralizar a los curas"

-¿Cuál cree usted que es la raíz de la actual crisis en la Iglesia Católica?

-La Iglesia está en una tremenda crisis de credibilidad. Un grupo dentro de la Iglesia  se fue separando del Concilio Vaticano Segundo, que propuso un sacerdocio común con  los  laicos, menos clerical: una Iglesia más abierta, más dialogante. Con esa frase tan linda: "Nada de lo humano nos es ajeno". Eso se fue yendo en el sentido  opuesto y en un endiosamiento de los curas. También hubo un excesivo centralismo en el tema de la moral sexual y no de la moral social. Y ese secretismo...

-¿Viene desde arriba?

-Desde el Papa para abajo. El Papa Juan Pablo II le hizo mucho daño a la Iglesia. Y mucho bien en otros sentidos. Venía de una dictadura comunista y su gran lucha fue contra el comunismo. Creo que le hizo mella venir a Latinoamérica y darse cuenta que teníamos dictaduras tan feroces, pero católicas y de derecha.

Respecto a la baja de vocaciones sacerdotales, comenta:

-Una sociedad más materialista y egoísta, centrada en los beneficios, ha destruido el matrimonio y el sacerdocio. Hemos transformado la Comunión en un premio para los perfectos, cuando es alimento para los más débiles.

-¿Cómo se entienden casos como el del padre Maciel?

-Hay gente con una capacidad muy grande de "engrupir": el perfil de Maciel y de Paul Schaefer. Permitir que haya grupos tan cerrados es el caldo de cultivo para que personas así envuelvan a jóvenes más débiles.

-¿Personas enfermas?

-Si fueran enfermos, no tendrían responsabilidad. Y hay una cierta complicidad: los hemos dejado que creen estas verdaderas sectas. Usando la confesión como sistema de coerción.

-¿Se refiere a Karadima?

-Es el caso de Karadima contra quien hay testimonios irrefutables, como el de Kast. A esto ayuda el
secretismo y una Iglesia clasista.

-¿No diría, como el cardenal Errázuriz, que por suerte son poquitos?

-Jamás. No fue una frase feliz y creo que se ha arrepentido de decirla. Puede haber curas raros, lo que la gente no acepta es que sean amparados por la autoridad eclesiástica. Este secretismo es inaceptable. No puede ser que monseñor Ezzati se reúna con el Papa y diga que no conversaron este tema.

-¿Tiene esperanza en el Papa actual?

-Sí. Siempre se supo que la carpeta del caso Maciel estaba en el escritorio de Ratzinger, cuando era prefecto de la Doctrina de la Fe. Cuando Juan Pablo II estaba más disminuido, lo primero que hizo Ratzinger fue sacar a Maciel. Como Papa ha sido intransigente en este tema. Creo que por eso está bastante solo.

-¿Qué precio pagará la Iglesia?

-Se verá muy afectada, pero es una oportunidad de desacralizar a los curas. Una Iglesia más sencilla, más inspirada en el Evangelio, menos inquisidora. Hay curas  maravillosos, que no salen en  la tele, que acompañan a la gente, sencillos y humanos.

 
 
 

 

El mismo Señor purificará y renovará a su Iglesia y a sus sacerdotes

 

 
 

El abogado chileno Julio Lavín De Tezanos Pinto, fué ordenado sacerdote por el Papa Benedicto XVI el 20 de Julio de 2010, en la Basílica San Pedro. El nuevo sacerdote  es el primero de siete hermanos, hijo de Julio y María Rebeca, 34 años (los cumple en octubre) y estudió en el Colegio del Verbo Divino y luego en la Facultad de Derecho de la Universidad Católica de Chile.

 

Entre 2001 y 2003 estuvo en misión en las parroquias Nuestra Señora de las Américas y  Santa María Madre, de la Zona Norte Renca, como parte de su proceso de discernimiento vocacional. El mismo 2003 entró al Seminario Redemptoris Mater de Roma. Fue ordenado diácono en tránsito el 24 de octubre del 2009.

¿Cómo se siente preparado para este ministerio? ¿Experimenta algún temor de recibir el Orden justo en momentos de una crisis grave en la Iglesia?

Para un ministerio tan inmenso uno no se siente nunca preparado. Todo te queda grande: los conocimientos intelectuales que se requieren, la espiritualidad, la sabiduría para discernir y guiar a las personas… algo humanamente titánico. Por eso lo que más me ha llegado en este Año Sacerdotal es la figura y las palabras de san Juan María Vianney, que entre otras cosas decía que el sacerdocio nace del amor del corazón de Cristo. Porque al final la única cosa que vale es amar a Cristo. ¡El mismo Cura de Ars sufrió muchos años por no sentirse idóneo para el sacerdocio!

Sobre la actual crisis de la Iglesia creo necesaria una pequeña aclaración: ¡es mucho menor de lo que parece! Los escándalos de una parte del clero (muy graves, por lo demás, eso nadie lo discute) han tenido una difusión tan impresionante en la prensa que hoy tenemos la sensación de que la Iglesia es solamente eso... Pero es sólo una impresión mediática. La Iglesia – que no son “los curas”, o “el Vaticano”, sino todo el inmenso pueblo de bautizados –, aunque haya quedado muy mal parada a los ojos del mundo, sigue en verdad en pie y muy vitalizada por los dones y carismas del Espíritu (eso no será nunca noticia, como no lo es el amor), no obstante los pecados que por lo demás siempre han existido. En este sentido no tengo ningún temor de ser ordenado en estos momentos, es más, me siento muy animado en la fe, sabiendo que con todo lo que está pasando el Señor mismo purificará y renovará a su Iglesia y a sus sacerdotes.

Será ordenado por el Santo Padre ¿Qué significa esto para ti?

Una gracia extraordinaria, uno más de los incontables regalos inmerecidos que el Señor me ha dado. Podría decir que es como la coronación de toda una historia de amor, misericordia y fidelidad que Él ha tenido conmigo, no obstante mis débiles y pobres respuestas. Una gracia que sin duda me liga en modo especialísimo a la persona de Benedicto XVI (que admiro mucho) y a la de sus sucesores y, por lo tanto, a toda la Iglesia, pero que implica también – como para todo sacerdote – una respuesta de amor y de obediencia que empeña toda la vida. En ese sentido tiemblo como los demás, sabiendo que está por sobre las fuerzas humanas ser heroicamente fiel a Cristo.

Importancia de los laicos, hoy más que nunca

 ¿Cuál cree que es el servicio más relevante que el sacerdote tiene que prestar a la sociedad actual?

Llevar a Cristo a un mundo que cada día lo conoce y lo ama menos. Eso requiere un enorme esfuerzo de nueva Evangelización, porque es mucho más difícil anunciar el Evangelio a quien se ha alejado de la fe (o quiere vivirla a su manera) que a uno que no ha escuchado nunca hablar de Jesucristo. Hoy se necesitan sacerdotes con gran celo misionero y que susciten este celo en los demás, porque hoy como nunca son los laicos los que pueden hacer presente a Cristo en muchos ambientes donde a los curas les es imposible llegar.

No menos relevante es el amor a la Eucaristía, el lugar de encuentro con Cristo por excelencia, del que nacen y se renuevan todas las iniciativas de la Iglesia, toda vida cristiana, todo sacerdocio. La Eucaristía tiene una fuerza enorme que hay que redescubrir siempre y ésta es una gran tarea que tiene el presbítero hoy.

Por último creo que es fundamental el ministerio de la reconciliación. Aunque parezca una paradoja, esta sociedad que dice que el pecado no existe, que cada uno tiene su verdad, necesita urgentemente el perdón de los pecados. Porque el mal lo tiene a la vista, ve los desastres matrimoniales, los desastres familiares, los desastres sociales, los sufrimientos que produce poner el dinero, el propio interés o el placer en lugar de Dios. Pero como no conoce el perdón “lanza la primera piedra” a todo el que ha caído sin misericordia. Nuestra sociedad actual vive muy desconcertada, ya no cree en el amor verdadero, y en este sentido un ministerio de la reconciliación que manifiesta concretamente el amor gratuito de Dios puede hacer mucho del bien.

Recuperar la identidad de la Iglesia

¿Cómo ve que la Iglesia superará esta crisis?

Por de pronto no buscando nuevas fórmulas o estrategias humanas. No tiene que mirarse a sí misma, sino a Cristo, y esperar del Espíritu santo las inspiraciones y gracias necesarias. Como escuchábamos hace poco en la Secuencia de Pentecostés, es el Espíritu el que puede lavar lo que es sórdido, sanar lo que está enfermo, enderezar lo que está desviado... Lo que está pasando no es un descuido de Dios, todo lo contrario, Él es el que primero que quiere purificar y renovar a su Iglesia, como lo ha ya hecho tantas veces en la historia. Hay que dejarlo actuar y obviamente actuar en consecuencia. Sería absurdo, por ejemplo, querer forzarle la mano a Dios y, con tal de tener más curas, aceptar a todos los candidatos sin ningún resguardo...

Si puedo ser sincero, a mí la crisis de la Iglesia que me preocupa es otra. Una que no sale en la prensa pero que es mucho más profunda, y que tiene que ver con la búsqueda de su identidad y de su misión en medio de un mundo cada vez menos creyente y cada vez menos influido por las enseñanzas de Cristo. En este contexto, la Iglesia sufre fuertemente la tentación de dos extremos: el cerrarse, por una parte, en un tradicionalismo exagerado que ni lee los signos de los tiempos ni dice nada al hombre contemporáneo y, por otra parte, el abrirse indiscriminadamente a los tiempos modernos – con tal de estar de acuerdo con el pensamiento circundante, por miedo también a la persecución y a la burla –, con el consecuente riesgo de terminar adecuándose en todo al mundo que la rodea (¡así tampoco tendrá nada nuevo que decir!) y, lo que es más grave, terminar renunciando a la fidelidad que le debe a Cristo y a su Evangelio. Es la pérdida de su identidad y su misión”.

Nuevos santos y nuevos carismas

“Esta crisis profunda – que sólo marginalmente tiene que ver con los escándalos – es la que a mí me infunde más temor, y confieso que es lo que más me ha hecho temblar (humanamente) ante una ordenación que, entre otras cosas, me liga para siempre a la obediencia a la Iglesia. Pero, por otro lado todo esto me anima muchísimo en la fe, sabiendo que me toca ser ordenado en un momento crucial para la historia de la Iglesia, donde ésta se tiene que redefinir frente al mundo no siendo ya mayoría sino minoría, no más respetada sino menospreciada.

Estoy seguro que en este contexto histórico aparecerán nuevos santos, nuevos carismas, nuevas inspiraciones que llevarán adelante a la Iglesia de Cristo. Acordémonos que durante sus tres primeros siglos de vida ésta fe una realidad marginal y duramente perseguida por el Imperio Romano, y lo más bien que cumplió su misión. Porque lo importante no es el número, sino la fidelidad a Cristo, el ser verdaderamente la luz del mundo y la sal de la tierra".