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Opinión / Editorial

Cristo, fuente de paz para Chile

  • Al Señor, nuestro Dios, hemos alabado y bendecido en estas fiestas patrias. A Él le expresamos, con renovada esperanza, nuestra gratitud por tanto bien recibido. Y a Él oramos, por la intercesión de nuestra madre, la Virgen del Carmen, en el día de oración por Chile.

    La preparación de la visita del Papa Francisco a Chile nos ha ayudado a reconocer cada día con mayor claridad a Jesucristo como fundamento de la paz, una paz auténtica que brota de la justicia.

    En período electoral y ante una cargada agenda legislativa que agudiza debates, es el Señor quien nos ofrece su palabra que conforta: “No se turben. Crean en Dios y crean también en Mí” (Jn 14,1). En tiempos de tempestad y turbulencia, es Él quien nos ofrece certezas y nos calma: “Ánimo. ¡Soy Yo! No tengan miedo” (Mt 14,27). Cuando las tragedias, desastres naturales y dramas sociales, sacuden a países hermanos (México, Centroamérica y Caribe, Venezuela), en momentos de sufrimiento, Cristo nos ofrece sanación: “Tu fe te ha sanado, vete en paz” (Mc 5,34).

    En Cristo, nuestra paz, el corazón no se turba. En Él, Señor de la historia, hay esperanza cierta para toda fragilidad, preocupación y angustia. Creemos que el tiempo que vivimos y el modo en que, como sociedad, lo encaramos y asumimos, hace necesaria una reflexión sobre el auténtico sentido de la paz.
    La paz no brota por espontáneo azar en la sociedad. Ella es consecuencia de valores y virtudes humanas, de procesos sociales orientados al bien común. “La obra de la justicia será la paz –proclama el profeta Isaías- y el fruto de la justicia, la tranquilidad y la seguridad para siempre”.

    “Mi paz les doy” (Jn 14,27). Esa cita de la Escritura constituye el lema con que la Iglesia ha querido marcar la visita del Papa Francisco, un regalo que confiamos sea fuente de unidad para todo nuestro pueblo. Con gran esperanza, deseamos que este acontecimiento sea un fuerte impulso al reencuentro de esta familia común que somos, a la recuperación de las confianzas y a una mejor convivencia. 

    El país requiere de todos nosotros pasos decididos, acuerdos básicos, amistad cívica y protección de los más débiles. Vale la pena el esfuerzo, por el bien de Chile. Nos anima la certeza del salmista: “El amor y la Verdad se encontrarán, la Justicia y la Paz se abrazarán” (Salmo 84).


+ Santiago Silva Retamales
Presidente de la Conferencia Episcopal de Chile

Santiago, 27 de Septiembre de 2017