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Opinión / Editorial

Un Espíritu que renueve la cara de Chile

  • En la reciente celebración del Espíritu Santo hemos invocado su venida para «renovar la faz de la tierra». Esta celebración es una ocasión propicia para iniciar este segmento editorial con una palabra periódica que pueda ofrecer algunos caminos que nos ayuden a avanzar hacia un país «casa para todos», donde cada uno pueda poner en la mesa y en su hogar «pan, respeto y alegría».

    Tras la última cuenta pública de la Presidenta de la República, el país ha conocido las prioridades del Gobierno en su último período, y empieza a conocer a gotas las principales líneas programáticas de los candidatos a la Presidencia. Junto a las encuestas y los escándalos, lamentablemente no faltan las descalificaciones y las batallas verbales que reducen el nivel de un debate. Cuánto nos falta todavía para retomar esa “amistad cívica” que marcó el retorno a la democracia.

    Las reacciones apresuradas de algunos dirigentes impulsados por la vertiginosa agenda de los medios de comunicación, suelen acotar la mirada de la Iglesia a algunos temas llamados “valóricos”, como el derecho humano a la vida y la concepción del matrimonio como la unión indisoluble entre un varón y una mujer. En el debate plural de la sociedad, la nuestra es una opinión que emitimos en el contexto de la libertad de expresión y sobretodo en fidelidad al mensaje de Jesucristo y del magisterio de la Iglesia. Sin embargo, por ser una mirada que no ha cambiado, no es noticia, y algunos la reciben como una muestra de oscurantismo. Nunca será progresista una sociedad en que la vida humana se vea amenazada, dañada o deteriorada. Basta no perder la memoria y revisar la historia.

    Como Iglesia, hemos expresado por diversas vías y con la mayor fuerza nuestra preocupación por dramas sociales que vive Chile, sobre los cuales se dan pasos muy insuficientes. Nuestra preocupación por esos dramas no reviste mayor interés mediático,  quizá porque los grandes problemas sociales solo se visibilizan a la hora inevitable de la tragedia.

    Permítanme mencionar solo uno de estos temas. Nuestra preocupación por la frágil legislación migratoria en el país, la venimos expresando desde hace décadas a través del Instituto Católico Chileno de Migración (INCAMI).  Por lo demás, la atención y ayuda a personas migrantes en las oficinas de INCAMI ya no da abasto, y las mismas instituciones públicas, como algunos municipios, recurren a los servicios de INCAMI para poder apoyar a los extranjeros que buscan acogida, información, herramientas para superar las condiciones de vulnerabilidad en las que viven.

    Acoger e integrar a nuestros hermanos migrantes requiere una atención de toda la sociedad. Los organismos pertinentes han dialogado lo suficiente, pero muy lamentablemente las iniciativas de ley llegan en el ocaso de los períodos presidenciales, cuando el ritmo electoral todo lo tiñe. Un compromiso de los candidatos a gobernar y legislar dando prioridad a esta urgencia sería una buena noticia para los chilenos, las chilenas y todos quienes habitan nuestra patria.

+ Santiago Silva Retamales
Presidente de la Conferencia Episcopal de Chile

Santiago, 12 de Junio de 2017