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Control demográfico y baja natalidad
A nivel mundial es sabido que el actuar de los organismos internacionales por controlar la natalidad es una política de acción global y que la fundamentan en lo que se ha llamado “desarrollo sustentable” como uno de los objetivos para el tercer milenio hasta el año 2015, promovido desde el seno de la ONU. Estas políticas han obligado a nuestro país, desde hace décadas a un continuo y progresivo control de la natalidad.
Condicionando, incluso, préstamos para el desarrollo al cumplimiento de tales políticas. Bajo estas circunstancias el panorama no es muy alentador y el envejecimiento de la población será progresivo e irreversible si no se opta por políticas de promoción de la natalidad y fortalecimiento de la familia cada vez mayores. Siempre se puede hacer más para no caer en una situación compleja para el desarrollo de la nación en todos sus campos.
Teniendo especial atención en la sustentabilidad de las políticas sociales, pues cuando un país envejece, también se produce una falta de desarrollo integral ya que faltarán los recursos económicos para financiar políticas sociales en favor de los ancianos, las familias más pobres y numerosas a causa de la falta de mano de obra y productividad. Es un error pensar – como nos han hecho creer – que mediante el control de la natalidad se disminuye la pobreza.
Las políticas de natalidad en Europa y otros países miran justamente a lo contrario: aumentar la natalidad y premiar por el nacimiento de un nuevo hijo, salvo la excepción de China con el control poblacional de la política de un solo hijo y el aborto forzado, es una visión realista del futuro y del desarrollo. Basta sólo con considerar el aumento de la natalidad en Perú, Bolivia y Argentina para generar desde ya cambios y progresos en esta materia. Una clara visión geopolítica de no poca envergadura, pero que no sabemos cómo está siendo valorada por la clase política en nuestro país.
Por esta razón las políticas sociales han de mirar, por ejemplo, con particular preocupación que la familia debe tener una casa digna para poder abrirse a la generación de una nueva vida. Las “viviendas sociales” no pueden ser una especie de “cajas de fósforos” a efectos de no aumentar la natalidad como se han construido desde hace muchos gobiernos y por décadas.
Asimismo, la necesidad de un sueldo e ingreso familiar que permita la crianza, salud y formación de las nuevas generaciones de niños que han de nacer es un desafío que los actores de la política nacional deben explicitar en sus programas de gobierno para conocimiento de la opinión pública.
El desarrollo económico y la baja de la pobreza van en relación con el aumento de la natalidad. Sin embargo, Chile en los próximos 40 años sólo habrá aumentado su población en 3 millones de habitantes. Una crisis demográfica que le pasará la cuenta al país.
Fco. Javier Astaburuaga O. Sacerdote |
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