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Víctimas del aborto: la madre y el hijo

Mientras  en  nuestro  país  se  discute  sobre  la  legalización  del    “aborto  terapéutico”    en  su  diversas  modalidades,  según  cada  uno  de  los  proyectos  presentados,  otros  ya  se  han  adelantado,  absolutamente,  argumentando    a  favor  de  la  democracia,  la  igualdad  y  la  libertad  de  decidir  legalizando  incluso  el  aborto  a  todo  evento.  Sin  embargo,  el  fondo  de  la  discusión  es  el  valor,  como  sujeto  de  derecho,  de  la  vida  del  niño  por  nacer.  Así,  por  ejemplo,  en  los  casos  de  violación  el  injusto  agresor  no  es  el  niño.  Sin  embargo,  a  éste  se  le  condena  a  la  pena  de  muerte.  Igualmente  cuando  existen  malformaciones  de  cualquier  naturaleza  que  hagan  inviable  la  vida  de  esa  pequeña  criatura,  también  perderá  la  vida.  La  persona  humana  no  se  define  en  relación  a  la  capacidad  de  poner  o  no  en  acto  sus  potencialidades  como  han  indicado  algunos  cuando  hacen  referencia  a  la  anencefalia  por  ejemplo.  El  nuevo  ser  humano  que  ha  sido  concebido,  aunque  venga  enfermo,  es  un  nuevo  ser  de  la  comunidad  humana  y  como  tal  merece  que  se  respete  su  derecho  humano  originario  a  la  vida  aun  cuando  no  actualice  sus  capacidades  temporalmente  o  no  llegue  nunca  a  hacerlo  porque  según  el  curso  normal  de  la  naturaleza    fallecerá.  Pero  muy  distinto  es  causar  directamente  su  muerte.  Cuando  se  asesina  a  un  niño  por  nacer,  con  la  intencionalidad  directa  de  provocar  su  muerte,  en  cualquiera  de  los  supuestos  indicados  u  otros  a  todo  evento  como  en  legislaciones  comparadas,  siempre  habrá  dos  víctimas:  la  madre  y  el  niño.  ¿Qué  valor  o  derecho  ha  triunfado?  La  madre,  incluso  en  la  excepción  de  quedar    embarazada  por  violación,  habrá  sufrido  una  doble  agresión  con  la  muerte  de  ese  niño  por  nacer;  y  si  lo  eliminan  por  malformaciones  que  lo  hacen  inviable,  el  niño  también  habrá  perdido  la  vida  irremediablemente.  Siempre  las  víctimas,  queramos  o  no,  serán  dos  personas  humanas.

Francisco Javier Astaburuaga O.
Sacerdote
   
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