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Más libres y democráticos
El mal llamado aborto terapéutico es la guerra de los poderosos contra los más débiles. La de un médico contra su paciente. La de un legislador contra la misma sociedad que está llamado a proteger según el recto orden natural de la razón y la Constitución (Art 19 nº1). Una sociedad que sólo quiere hijos sanos y justifica la muerte de aquellos con mal formaciones es una sociedad enferma. La disyuntiva entre la vida de la madre ó del hijo es la punta del iceberg para legalizar el aborto en Chile. En situaciones extremas el principio rector será siempre tratar de salvar ambas vidas. Y como efecto no querido, ni buscado en sus fines ni en su intención soportar la muerte de un ser por nacer como consecuencia de una acción indirecta. Pero en ningún caso y bajo ninguna circunstancia legalizar el asesinato directo de un ser indefenso nos hará más libres o democráticos, más igualitarios y modernos. Al contrario, seremos esclavos para siempre del dolor y los efectos de la intolerancia de los intolerantes, presentándonos como defensores de la democracia que destruimos como cualquier tiranía que viola los derechos humanos esenciales de la naturaleza humana. Todos, incluidos los que están a favor del aborto en cualquiera de sus formas, nos podemos preguntar por qué razón estamos vivos y quién nos regaló y protegió la vida, aún cuando viniéramos enfermos o nuestra madre estuviera en peligro. Quizás muchos no estaríamos en este mundo y menos apoyando un crimen abominable y menos votándolo en el Congreso.
Francisco Javier Astaburuaga Ossa |
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