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Declaración del Cardenal Arzobispo de Santiago Monseñor Francisco Javier Errázurz Ossa

La Justicia investiga la denuncia de uno de los delitos más dolorosos que pueden ocurrir, sobre todo en las grandes ciudades. Examina los antecedentes que ha obtenido sobre la acción, durante largos años, de una red de pedofilia, que ha causado un gravísimo daño a niños que viven en la marginalidad y la pobreza.

Con profundo dolor nos encontramos ante un delito muy grave, que “es justamente considerado como un crimen por la sociedad, y que es también un espantoso pecado a los ojos de Dios” (Juan Pablo II, 23 de abril de 2002), y que condenamos categóricamente, dondequiera que se presente.

En ellos conspiran contra la sociedad la violación del mandato de amar como cada uno quiere ser amado, el desprecio de la dignidad personal de quienes son más débiles y desvalidos, el poder del dinero que corrompe a menores de edad, el desorden de la vida afectiva y sexual de personas adultas, y el fatal abandono que puede sufrir un niño que carece del amor y el apoyo de su hogar.

Nuestro país ha dado muestras de saber reaccionar con energía cuando aparecen signos de corrupción ética como el presente. Por eso, manifiesto el irrestricto apoyo de la Iglesia de Santiago a quienes deben intervenir en esta investigación, a fin de que se esclarezcan los hechos y se pueda hacer justicia. También a quienes entreguen responsablemente antecedentes.

Investigaciones de esta naturaleza ocasionan un sufrimiento indecible tanto a quienes aparecen bajo la sospecha de haber participado en los hechos, como también a sus familias y a las asociaciones en las cuales participan. Lesionar injustamente la buena fama es una acción grave. Por eso, también en estas situaciones hay que tener el máximo de prudencia, y presumir inocente a quien la justicia no ha declarado culpable. Esto vale tanto para las personas como para los medios que informan y forman la opinión pública.

Encomendemos esta investigación a Dios, que es justo y misericordioso. Pidamos para todos el don de la fortaleza, la verdad, la justicia y la prudencia. Y pidámosle de corazón al Señor, que acompañe con su amor a quienes han sido víctimas de abusos, y que nos ayude a construir nuestra sociedad con los valores del Evangelio.

+ Francisco Javier Errázuriz Ossa
Cardenal Arzobispo de Santiago

Santiago, 24 de octubre de 2003