LA COLABORACION DE
EMPRESARIOS Y TRABAJADORES:

UNA URGENCIA DE NUESTRA HORA.

Carta del Cardenal Arzobispo de Santiago a los Empresarios y Trabajadores.



Santiago, 19 de Marzo de 1996, Fiesta de San José.
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Un nuevo año laboral de esfuerzo y responsabilidades.

1. Ha terminado un nuevo período de vacaciones y la actividad nacional vuelve a adquirir el ritmo normal que la caracteriza durante todo el año. Como Pastor de la Iglesia de Santiago considero propicio este momento para dirigir un mensaje de estímulo y de aliento a todos los hombres de trabajo, empresarios y trabajadores, de las más distintas actividades productivas, de transportes y de servicios, para agradecer su constante y silenciosa labor en beneficio del bien común.

2. Quisiera recordarles, al mismo tiempo, su inmensa responsabilidad social en el ejercicio de sus tareas cotidianas y alentarlos a perfeccionarse cada día más en una actitud verdaderamente solidaria frente a las grandes oportunidades de desarrollo que se ofrecen al país y frente a la urgencia de mejorar las posibilidades de trabajo de los más desvalidos y las condiciones de vida de quienes viven aún sumidos en la pobreza.


Necesidad de colaboración entre Empresarios y Trabajadores.

3. Aunque no siempre se destaque suficientemente su presencia y su acción en los medios de comunicación pública, la colaboración de empresarios y trabajadores en un clima de paz y de entendimiento es de especial importancia para todo el país, no sólo para quienes están directamente involucrados en el proceso de trabajo, sino también para tantas familias chilenas que con esfuerzo y sacrificio se esmeran cada día para dar un mejor futuro a sus hijos.

Como Pastor no puedo dejar de agradecer a Dios por la constante bendición que derrama sobre todos los miembros de la sociedad a través de los hombres de trabajo, y de manifestarles mi confianza en que a través de su contribución silenciosa y su ejemplo de convivencia den un testimonio de esperanza para todos los chilenos. Esta misma confianza me lleva a plantearles con franqueza mi preocupación para que perseveren en este clima de diálogo y de entendimiento, buscando con generosidad y justicia solucionar los problemas nuevos que se presentan ante las cambiantes realidades económicas y tecnológicas de gran impacto social.


Nuevos desafíos para el trabajo y la economía.

4. Todos sabemos que los cambios productivos experimentados por el país y por el mundo entero en los últimos años han sido enormes, y que estos cambios junto con traer progreso han puesto también a muchos en una situación crítica. Como resultado del proceso de modernización de las economías y de la internalización del intercambio de bienes y servicios, el proceso de trabajo ha debido adecuarse a profundos cambios tecnológicos y a condiciones nuevas de competencia internacional y de aumento de la productividad, lo que ha afectado positivamente a la economía en su conjunto. Sin embargo, ha introducido también nuevos desafíos que deben ser abordados no sólo con criterio económico, sino también ético, pensando en la justa participación de todos en los bienes del desarrollo. El inicio de un nuevo año laboral nos brinda la oportunidad de reflexionar sobre estos desafíos, pensando no sólo en las ventajas de corto plazo de cada empresa o sector productivo, sino también en el bien mayor que representa la justa convivencia de los hombres de trabajo, la que sustenta prácticamente a todo el tejido social.


Eficiencia de las Empresas y satisfacción laboral.

5. En una economía de mercados abiertos, globalizada y de alta competencia es justo que los empresarios velen por la eficiencia del proceso de trabajo, incorporando nuevas tecnologías, disminuyendo sus costos e incrementando la productividad de sus empresas. Ello es condición para que sus inversiones traigan efectivo progreso y rentabilidad social, y para que no se dilapiden recursos inútilmente que, si bien pertenecen de modo inmediato a sus propietarios, forman parte, de modo indirecto, del patrimonio de toda la sociedad. En los últimos años ha aumentado la conciencia de la necesidad de operar eficientemente y se han visto también sus frutos en la creación de nuevos empleos, más calificados y con mayores oportunidades de desarrollo personal para quienes trabajan en ellos.

6. Esta misma realidad, no obstante, ha introducido nuevos desafíos en la relación de empresarios y trabajadores que no siempre han sido suficientemente valorados, especialmente, en relación a la información que los trabajadores deben tener sobre la empresa en que trabajan, sobre su estabilidad, su solvencia y sobre la co-responsabilidad en su futuro. El trabajador no puede ser considerado nada más que como un recurso del que se dispone en un determinado momento y para un aspecto limitado del trabajo conjunto, sino que su inteligencia y su libertad le piden comprender adecuadamente la naturaleza de su trabajo y la contribución que con su esfuerzo aporta para el bien de todos. El trabajo es, por su misma naturaleza, una realidad social y nadie podría entregar lo mejor de sí a una obra compartida si no sabe o no comprende su finalidad y su valor.

7. En este sentido, la búsqueda de la eficiencia no sólo debe considerar el balance de los resultados monetarios del proceso de trabajo, sino que debe incorporar también la satisfacción laboral de los trabajadores con el resultado de su obra. Esta es una exigencia ética que no se contrapone a la eficiencia, sino que es parte de ella misma en toda obra que es humana y que se funda, por tanto, en la libertad y en la responsabilidad de las personas.


Problemas urgentes en el mundo laboral.

8. Por esta razón, son preocupantes algunos signos que muestran que los trabajadores no se sienten suficientemente vinculados a sus empresas, sino que se perciben a sí mismos como instrumentos transitorios y prescindibles de ellas. Cuando hay poca información relevante de las empresas hacia sus trabajadores se pierde la conciencia de participar en una obra común. Suelen producirse también negociaciones colectivas con demandas irreales o desmedidas, la mayoría de las veces por desconocimiento de las posibilidades reales que ofrece el futuro de la empresa, lo que genera inmediatamente un clima de tensión, de desconfianza y hasta de hostilidad en las relaciones laborales. Quienes están llamados por la propia naturaleza del proceso de trabajo a ser colaboradores de una obra común, se perciben entonces como enemigos con intereses contrapuestos e irreconciliables.

9. Una economía que se orienta por el aumento de la productividad exige un mayor nivel de información, como también, una percepción más clara y transparente de cuánto ayuda el esfuerzo personal a la cantidad y a la calidad del valor que el trabajo agrega. Esta exigencia de mejor información no se presenta sólo a los empresarios y ejecutivos, sino también a cada uno de los trabajadores que entregan su talento y esfuerzo a la obtención de un buen resultado. Como contrapartida, es justo también esperar que la información entregada sea considerada con discreción por todos los miembros de una empresa, puesto que, en manos de sus competidores, puede ocasionar un perjuicio que afectaría la estabilidad de la fuente de trabajo.


La tarea de los dirigentes laborales y empresariales: conciliar los intereses de todos por el bien del país.

10. Es muy importante también que el buen clima laboral que pueda establecerse al interior de cada empresa se manifieste a nivel nacional en las relaciones entre las agrupaciones de empresarios y las de los trabajadores. Los líderes de ambos sectores ejercen una influencia social significativa que no solamente se refleja a nivel sectorial, sino en la economía y en la sociedad en su conjunto. Las nuevas modalidades del proceso de trabajo exige de ambas partes una readecuación del estilo, muchas veces confrontacional, con que se han relacionado en el pasado.

11. Por una parte, los trabajadores tienen derecho a sindicalizarse para apoyarse mutuamente entre sí y para hacer oír su voz ante los empresarios. Ello no puede significar que el sindicalismo sea visto como un enemigo de las empresas, ni tampoco parece justo que los empresarios favorezcan económicamente a los no sindicalizados, como una suerte de castigo indirecto a los dirigentes de los sindicatos. Pero por otra, los trabajadores sindicalizados deben tomar conciencia que ellos deben actuar por el bienestar del conjunto de los trabajadores y de sus empresas, y tener en cuenta que, en los últimos años, por causas de distinta naturaleza, la proporción de los trabajadores no sindicalizados ha crecido considerablemente. Nadie tiene derecho a arrogarse una representación que no tiene. Pero todos tienen el deber de trabajar por el bien común, intentando conciliar los legítimos intereses de todos. En este sentido, las organizaciones de trabajadores y de empresarios están llamadas a dar un testimonio de colaboración y entendimiento en el plano laboral, el que pueda servir de ejemplo para todos aquellos que, por diversos motivos, no están agrupados.


El compromiso de empresarios ante el Santo Padre en 1987.

12. Es oportuno recordar, a este respecto, el compromiso que libremente asumieron los empresarios cristianos con ocasión de la visita del Santo Padre a nuestro país en abril de 1987 y que se expresó en un "decálogo" de orientaciones y reglas. De ese texto, recordamos algunos de estos compromisos. El compromiso n. 4, dice: "Conseguir que una leal, estrecha y solidaria convivencia en el interior de la empresa, se irradie hacia la comunidad, ayudando a fortalecer, a nivel nacional, un diálogo y un entendimiento que asegure integración y, consecuentemente, seguridad en el futuro de la Patria". Asimismo, el compromiso n. 6, señala: "Establecer con nuestros colaboradores una relación de armonía basada en la justicia y en la dignidad de cada uno, respetando sus organizaciones, de manera que ellas puedan cumplir el rol que les corresponde en la elevación del nivel de vida de los trabajadores, dentro de la mayor armonía social".

13. Para que estos loables principios se realicen efectivamente en la vida de las empresas y de la sociedad, es indispensable que sean respetados por la buena voluntad de los trabajadores y de los empresarios, pero también por la comunidad en su conjunto, particularmente, por las autoridades y por los partidos políticos, de modo tal de favorecer el libre entendimiento de quienes están vinculados directamente en el proceso de trabajo, y no interferir indebidamente con intereses que, aunque legítimos en su propio plano, son distintos o ajenos al ámbito laboral. La creación de un clima de confianza y colaboración supone el respeto al principio de subsidiariedad, según el cual, cada nivel de la organización social debe gozar de la autonomía que corresponde al ejercicio de la libertad de las personas involucradas directamente en su organización.


La Empresa como "comunidad de personas".

14. La Doctrina Social de la Iglesia ha visto tradicionalmente en la empresa uno de los "organismos intermedios" nacidos de la espontánea capacidad asociativa de la persona humana, que compromete directamente su libertad, y que está al servicio de su sobrevivencia y desarrollo, no sólo como instrumento para obtener el necesario sustento de los que en ella participan, sino como actividad que desarrolla el sentido de dignidad, los talentos y la capacidad individual de cada persona en una comunidad mayor que la sostiene y la apoya.

15. Por ello, señala el Papa en Centesimus annus que "la finalidad de la empresa no es simplemente la producción de beneficios, sino más bien la existencia misma de la empresa como comunidad de hombres que, de diversas maneras, buscan la satisfacción de sus necesidades fundamentales y constituyen un grupo particular al servicio de la sociedad entera" (n.35). La empresa, en esta perspectiva, no es un medio para un fin, sino que es ella misma un fin, una experiencia humana de participación en una responsabilidad compartida cuyo objetivo es la existencia misma de la empresa como comunidad de hombres que, de diversas maneras, buscan la satisfacción de sus necesidades. En un párrafo posterior propone esta misma idea con un sentido más general que envuelve la totalidad del proceso económico: "No es malo el deseo de vivir mejor, pero es equivocado el estilo de vida que se presume como mejor cuando está orientado a tener y no a ser y que quiere tener más, no para ser más sino para consumir la existencia en un goce que se propone como fin en sí mismo. Por esto es necesario esforzarse por implantar estilos de vida, a tenor de los cuales la búsqueda de la verdad, de la belleza y del bien, así como la comunión con los demás hombres para un crecimiento común sean los elementos que determinen las opciones del consumo de los ahorros y de las inversiones" (n. 36).


La importancia de la Empresa para el desarrollo profesional del trabajador.

16. Parece muy importante recalcar, a este respecto, la importancia que la empresa tiene en la vida profesional y tecnológica de cada trabajador. La sola "mano de obra" no calificada se hace hoy día insuficiente para el desarrollo económico-social y suele estar asociada a empleos de baja calidad y mal remunerados. Los expertos señalan que la mitad de los pobres en Chile trabaja en empleos mal remunerados. De ello se desprende la necesidad de abordar en forma permanente y sistemática la capacitación de los trabajadores como una gran tarea en la que parece existir un amplio acuerdo laboral. En parte, ello es responsabilidad de la vasta red del sistema educativo, público y privado. Pero en parte muy significativa, es también la responsabilidad de cada empresa particular, puesto que la variedad de tecnologías disponibles y la creciente especialización de los oficios hace que ninguna capacitación general pueda dar satisfacción a los requerimientos específicos de cada empresa.

17. Al mismo tiempo, la especialización del trabajador en la tecnología propia de una empresa representa para él una cierta renuncia a otras formas de especialización, lo que significa que él asocia su destino profesional al futuro de la empresa que lo ha capacitado, debiendo ella tomar en cuenta, con especial responsabilidad y justicia, las consecuencias de esta opción. Sin condiciones mínimas de estabilidad en el empleo no hay manera de acentuar la calidad de los mismos ni el constante perfeccionamiento que la economía de hoy exige a los trabajos con alto uso de instrumentos tecnológicos.

18. Esta responsabilidad sobre la capacitación y la estabilidad en el empleo se extiende también al conjunto de factores indirectos asociados al correcto desempeño en el trabajo, como son las condiciones de higiene y seguridad y, en general, la prevención de riesgos. Estoy seguro que sobre estas importantes materias es posible establecer un diálogo fructífero entre empresarios y trabajadores que redundará en el bien de ambos.


Salario justo y productividad

19. Otro ámbito en que suele darse tensión y conflicto en las relaciones laborales es el relativo al salario. Como sostenidamente ha enseñado la Doctrina Social de la Iglesia, se trata de la determinación de un salario "justo" que permita al trabajador y a su familia vivir con la dignidad propia de alguien que no sólo busca sobrevivir, sino también desarrollar una vocación personal, familiar y social que lo conviertan en una persona responsable que aporta sus talentos al desarrollo del bien común de la sociedad. Es lógico esperar, por una parte, que los trabajadores deseen incrementar sus salarios reales para mejorar sus condiciones de vida. También es lógico, por la otra, esperar que los empresarios deseen reducir sus costos y aumentar los niveles de eficiencia de sus empresas. ¿Cómo se pueden conciliar ambos aspectos?

20. Ciertamente, es fundamental la actitud de buena voluntad de ambas partes y la confianza mutua, pero no siempre es suficiente. En una economía que se ordena por el incremento de la productividad, parece ser fundamental que se perfeccionen los mecanismos que asocian el incremento de los salarios al incremento de la productividad. Ello supone, como señalamos anteriormente, que las negociaciones salariales se realicen con la transparencia y el nivel de información adecuados para comprender la posición de la empresa y sus proyecciones futuras. Si el incremento de la remuneración es también un incremento de la calidad del empleo que se ofrece y una garantía de la calidad del producto final, a todos convendrá discernir con justicia cuál es la relación justa entre las remuneraciones pagadas y los resultados esperados de la actividad económica.


El factor decisivo de toda empresa: la persona humana

21. La Iglesia no puede ofrecer fórmulas al respecto, puesto que ellas tienen componentes técnicos que escapan a su conocimiento y a su misión. Pero sí les recuerda, con palabras de S.S. Juan Pablo II, que "hoy día el factor decisivo es cada vez más el hombre mismo, es decir, su capacidad de conocimiento que se pone de manifiesto mediante el saber científico y su capacidad de organización solidaria, así como la de intuir y satisfacer las necesidades de los demás. (Centesimus annus, n.32). El trabajo no sólo está asociado a la capacidad instrumental de producir sino a la capacidad empresarial misma, incluyendo crecientemente servicios asociados a los bienes ofrecidos.

22. Si de verdad existe el deseo de mejorar la calidad de lo que se ofrece en los mercados internos y externos, condición básica del desarrollo, su mejor prueba es el mejoramiento de la calidad del trabajo y de la remuneración asociada al mismo; pues sólo de este modo podrá darse el estímulo necesario para abordar el sacrificio de un constante perfeccionamiento en las habilidades personales y tecnológicas requeridas.


Proyecciones del diálogo entre Empresarios y Trabajadores.

23. Junto con los importantes temas del diálogo ya mencionados, empresarios y trabajadores pueden hacer un gran aporte también al análisis y solución de temas económico-laborales más amplios, que implican la participación del Estado a través de sus diferentes organismos y de la sociedad en su conjunto. A modo de ejemplo, quisiera mencionar:

- El perfeccionamiento de las leyes laborales y su correcta aplicación;
- La defensa de la mujer y de la familia, especialmente cuando ella debe compartir sus tareas domésticas con tareas remuneradas fuera del hogar;
- La creación constante de nuevos empleos según los requerimientos de la población, especialmente juvenil;
- La así llamada "reconversión laboral" de aquellas personas y ramas de la producción que ya no son rentables o han sido superadas por nuevas tecnologías;
- La inversión en infraestructura física y su impacto en futuros empleos y actividades productivas;
- La creación y administración de establecimientos educacionales adecuados a las necesidades tecnológicas del país;
- La seguridad social y el eventual seguro contra el desempleo.
- La incorporación de discapacitados a actividades productivas acordes con su capacidad y situación;
- Las condiciones del transporte urbano que tantas horas diarias ocupa a los hombres de trabajo que deben trasladarse muy lejos de sus hogares;
- El mejoramiento de la infraestructura de salud, como en general todo aquello que incide en la calidad de vida de los trabajadores.


El imperativo moral de superar la pobreza

24. De un modo especial, quisiera recordarles, una vez más, los esfuerzos que debe desplegar la sociedad entera por superar la pobreza y dar condiciones de vida dignas a nuestros compatriotas más desamparados. Es ésta una deuda moral que pesa sobre la conciencia de todos los chilenos y, de modo preferente, sobre los líderes sociales y de opinión que están en condiciones de movilizar las conciencias y de ser escuchados y seguidos por otros. Estoy consciente de los esfuerzos que realizan muchos organismos públicos y privados sobre esta materia.

25. Por esto mismo, me permito subrayar que la existencia de un clima laboral de cooperación y mutuo entendimiento entre empresarios y trabajadores puede ser un significativo signo de esperanza para todos quienes esperan la oportunidad de obtener un empleo que les permita mantenerse junto a sus familias y progresar hacia el futuro. Este mismo clima puede favorecer también la disposición de muchos a trabajar e invertir recursos en capacitación para empleos productivos, única manera de mejorar en el mediano plazo la situación de los más desprotegidos. La creación de este clima supone la generosidad de todos. De nada sirven a esta causa las recriminaciones mutuas. Una actitud permanente de desconfianza y temor favorece la adopción de actitudes defensivas o agresivas, donde todo problema social real es visto como una amenaza. Así termina, invariablemente, triunfando la indiferencia frente a los demás como el camino más seguro para garantizar la propia situación.


"Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como Yo os he amado" (Jn. 15,12).

26. En mis homilías correspondientes al Día del Trabajo, como también en la homilía del Te Deum del 18 de septiembre de 1995, he subrayado la importancia y la urgencia de construir una sociedad para todos, con justicia y solidaridad, donde nadie se siente excluído. Y un tema principal ha sido las relaciones laborales. Ello sólo se puede hacer con esfuerzo y sacrificio, con perseverancia y espíritu de entendimiento, con voluntad de asumir cada uno la responsabilidad que le corresponde en el destino común. La gracia de Dios no falta para quien está dispuesto a servir a sus hermanos y a asumir su causa como propia, según nos exhortaba el Santo Padre en su discurso en la CEPAL. Por ello, quisiera alentar a todos los empresarios y trabajadores, y muy especialmente a los responsables de sus agrupaciones, a trabajar sin descanso este año por hacer de las empresas verdaderas comunidades de personas, solidarias con el destino de todos quienes colaboran en ella, y por transformar las discusiones entre dirigentes de empleadores y trabajadores en verdaderas instancias de colaboración fraterna que sean un ejemplo para todo el país de lo que se puede lograr en un clima de paz y de concordia.

27. Para todos los que profesan la fe cristiana entre empresarios y trabajadores ayuda, frente a las reflexiones que les he expuesto, recordar el mandamiento nuevo de Jesús: "...que os améis unos a otros como Yo os he amado" (Jn. 15,12). Esta actitud que nos pide a todos el Señor adquiere mayor necesidad en las relaciones de la vida diaria del trabajo, en que se encuentran empresarios y trabajadores. Apoyándonos en Cristo será mayor el estímulo y el aliento que he querido ofrecer en la urgencia de esta hora.

28. Que Dios bendiga a todos los que acogen esta Carta de su Pastor. Y la Santísima Virgen María, como Madre del Señor y de todos nosotros, nos ayude igualmente a crecer en el amor a nuestro Salvador y entre nosotros. Y San José, Patrono de todos los trabajadores, sostenga a empresarios y trabajadores para responder a las urgencias de esta hora.


+ CARLOS OVIEDO CAVADA
Cardenal Arzobispo de Santiago

 

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UNA URGENCIA DE NUESTRA HORA.

Carta del Cardenal Arzobispo de Santiago a los Empresarios y Trabajadores.



Santiago, 19 de Marzo de 1996, Fiesta de San José.
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