1. El trabajo condiciona hoy día fuertemente al matrimonio y a la familia. No es un hecho nuevo, por cierto: podemos recordar quienes trabajan en servicios públicos o comerciales con turnos día y noche, en domingos, deben ausentarse por períodos breves y hasta largos de su familia o de su hogar. Así tenemos, por ejemplo,: quienes trabajan en la marina mercante, en empresas pesqueras, quienes pertenecen a la Armada de Chile, vuelan en aviones comerciales, son conductores de movilización interprovincial o de empresas de transportes, etc.etc. Todos estos trabajos han existido desde mucho tiempo.
2. En la actualidad esos turnos de trabajo han crecido en muchas nuevas proyecciones. En la ciudad se da que, muchas veces, trabaja el esposo y la esposa, el padre y la madre, y hasta se compromete el domingo, como en tantos centros comerciales y, a pesar de que la ley obliga a tener por lo menos un domingo libre al mes, suele darse que eso no ocurre en la práctica. De esta manera, el encuentro entre el marido y su esposa, entre padres e hijos, va siendo más difícil. Contribuye a esto el tiempo, también, que se ocupa en ir de la casa al trabajo y vice versa.
3. Ciertamente el trabajo es una bendición, porque con él se cumple lo necesario para tener una vida digna. El ser humano debe vivir de su trabajo. Pero, sucede que estas condiciones de trabajo deterioran la vida conyugal y familiar, porque impiden una normal convivencia y encuentro, y cuando se producen alejamientos largos el peligro es mayor.
4. Me visitaron hace poco unos dirigentes laborales del norte, que me referían que en las nuevas minas, muy importantes, ellos deben ir a trabajar por determinados días seguidos y después tienen otros días seguidos para estar en su familia u hogar. Hablaban de cuatro por cuatro, y ocho por cuatro, y hasta veinte por ocho. La primera cifra era el trabajo en la mina y la segunda, el tiempo en su casa. Ya no se construyen poblaciones en esas minas - como eran las Oficinas salitreras - sino sólo para albergar a quienes trabajan, y quedan residiendo en una ciudad cercana o de su origen.
5. Es decir, hay una cantidad de personas que debe ausentarse de su hogar o bien apenas tiene tiempo de encontrar a su familia por el ritmo de trabajo y de traslado al lugar de las labores. Esa ausencia deteriora, sin duda, la convivencia conyugal y familiar.
6. Por necesidad de tener mejores salarios también se trabajan horas extraordinarias, que se convierten en ordinarias, y con el aumento de los trabajos en el día domingo, en los centros comerciales, en la movilización pública y en otros servicios, se va diluyendo el tiempo de encuentro familiar.
7. Las consecuencias de esta situación, aumentada en los últimos años, ha producido un aumento de la desintegración familiar. Este es una hecho triste y que mucha gente está sufriendo, sin esperanza de remediarlo. Y esto lo deploran hasta los ejecutivos en esos trabajos y las mismas autoridades que tienen la misión de cuidar el mundo del trabajo.
II. LA FAMILIA
8. Durante su histórica visita a Chile el Santo Padre Juan Pablo II afirmó, en su homilía en Rodelillo, que la familia "es el lugar más sensible donde todos podemos poner el termómetro que nos indique cuáles son los valores y contravalores que animan o corroen la sociedad de un determinado país"(n.7). No podría ser de otro modo, puesto que la familia es el lugar donde se adquiere la vida, se forma la conciencia de las personas, se aprende a valorar la tradición y se estimula el descubrimiento de la vocación personal desde la cual se tomarán posteriormente las grandes decisiones de la vida. Al mismo tiempo, los desafíos económicos, sociales, políticos y culturales que la sociedad constantemente debe resolver, repercuten en la familia transformándose en estilos de convivencia, de valoración del tiempo y de los recursos, de satisfacción de las necesidades humanas.
9. Son valores todos aquellos hábitos, actitudes, conductas y decisiones que desarrollan la persona humana y la hacen más consciente del amor a Dios y al prójimo como la ley que da cumplimiento a la vida buena. Son, en cambio, contravalores, aquellos hábitos, actitudes, conductas y decisiones que distraen del amor verdadero y ponen en su lugar el egoísmo, la autocomplacencia y la soberbia, que terminan por destruir a la persona.
10. La familia es el lugar donde se aprecia con mayor sensibilidad y en forma cotidiana, esta alternativa de desarrollo o de destrucción personal. Las personas encuentran en su interior una experiencia irremplazable de cariñosa atención a sus necesidades materiales y espirituales más concretas, pero lamentablemente sucede lo contrario cuando aparece una desunión o indiferencia difíciles de superar. Por ello, la sociedad entera debe cuidar con especial preocupación a las familias del país, para que florezcan días de paz, de cooperación, de solidaridad y de alegría para nuestra sociedad.
III. EL TRABAJO.
11. De entre los muchos factores que favorecen o debilitan la convivencia familiar, quisiera referirme en esta ocasión a las formas de trabajo que se desarrollan actualmente en nuestra sociedad, y que no siempre tienen en cuenta el bienestar de la familia.
12. Es muy positiva la actitud general que se advierte en el país de que el progreso depende fundamentalmente de las personas mismas, de su laboriosidad y esfuerzo para ganarse la vida, de su austeridad de costumbres, de su propensión al ahorro, de su aspiración a la educación y al perfeccionamiento. El trabajo bien hecho honra a la persona y le permite hacerse responsable por el destino de su familia y de la sociedad. Representa también una virtud social fundamental, puesto que permite la solidaridad entre las generaciones, sosteniendo a quienes, en razón de su corta edad, están formando todavía su personalidad y sus habilidades básicas y no han ingresado aún al mercado laboral, como a quienes, en razón de su edad mayor, gozan del merecido retiro después de una vida activa de esfuerzo y generosidad. Por ello, el énfasis cultural puesto en el trabajo responsable, como también el estímulo y recompensa monetaria entregada a quienes se esfuerzan por un buen rendimiento, son aspectos positivos que es necesario apoyar.
13. Un párrafo especial merece la incorporación creciente de la mujer al mercado laboral remunerado. Por una parte, no podemos más que alegrarnos de que la sociedad le reconozca a ella una mayor igualdad de oportunidades en el trabajo, valorando su desarrollo profesional y personal. Además, como resulta también bastante frecuente, la familia cuenta ahora con un segundo ingreso que puede aliviar sus necesidades.
14. Lo característico de una persona madura es su capacidad de armonizar sus talentos y virtudes en una justa proporción o jerarquía, que tenga en cuenta la totalidad de sus propias necesidades materiales y espirituales, como también, su responsabilidad como esposo o esposa, padre o madre de familia y educador de sus hijos. Son numerosas las actividades cotidianas, que realizan las personas, que no se miden por su productividad o por su eficacia, sino que se deben a la amistad, al servicio, a la participación ciudadana, a la pertenencia a una comunidad familiar, religiosa, profesional, educacional. Como recuerda el Santo Padre en Centesimus annus "existen numerosas necesidades humanas que no tienen salida en el mercado" (n.34) y que, no obstante, forman parte de los derechos reconocidos a cada ser humano por el ordenamiento jurídico. Entre ellas, muy especialmente, su libertad para amar y servir abnegada e incondicionalmente, sin esperar retribución. Si se olvidara la existencia de este conjunto de actividades, o se las desvalorara en relación con las actividades productivas remuneradas, se corre el riesgo de perder ese profundo sentido de "gratuidad" que caracteriza a la vida humana misma, puesto que ella es, finalmente, un don gratuito del Creador, de quien provienen también todos los demás bienes.
IV. SITUACIONES ESPECIALES DE TRABAJO E INCIDENCIA EN MATRIMONIO Y FAMILIA:
15. Es preocupante que las oportunidades de trabajo y de progreso económico incluyan en algunos importantes casos, una extensión extrema de las jornadas de trabajo en detrimento de la vida privada u familiar. Pienso, por ejemplo, en el esfuerzo que se pide a los trabajadores de la minería, de la pesca, o del rubro forestal, etc. que se ven obligados a abandonar sus familias y a enfrentar intensas jornadas continuas de trabajo para poder ganar después algunos días de descanso, los que no siempre pueden compartir con sus familiares en razón de la distancia de sus hogares o del alto costo del transporte. Pienso también en muchos trabajadores del comercio y en tantas personas con régimen especial de trabajo que se ven privados del descanso dominical en razón de los servicios que prestan y son, de esta manera, sustraídos de sus familias en los momentos en que ellas más lo necesitan y disponen de tiempo para compartir.
16. Sabemos que, en parte, algunas de estas situaciones son inevitables por las exigencias propias de un proceso de trabajo continuo que no puede detenerse, o por la lejanía y la falta de condiciones apropiadas para que la familia acompañe al trabajador, cuando ello sea posible. Pero tampoco se puede negar que estas situaciones son, a veces, artificialmente producidas o incentivadas con estímulos económicos, bajo el supuesto de que el buen trabajador debe estar siempre disponible para la empresa, la que sabrá compensar esta disponibilidad con una buena remuneración o con la estabilidad del empleo. En algunos casos, como en el rubro del transporte, por ejemplo, la opinión pública suele enterarse de estas condiciones agobiantes de trabajo, a raíz de fatales y lamentables accidentes en las carreteras, con elevado número de víctimas.
17. Las consecuencias que para la familia tienen estas situaciones descritas pueden llegar a ser calamitosas: abandono temporal o permanente de los hijos, infidelidad conyugal, prostitución y, lo que penosamente se está incrementando con rapidez, la drogadicción que destruye inmisericordemente la vida de los trabajadores y de su entorno familiar. En ocasiones, la droga llega al hogar por la soledad y el abandono en que quedan los menores y los jóvenes. En ocasiones, por el alto stress a que se ven sometidas las personas en situaciones extremas de trabajo. Hasta los deportistas, identificados tradicionalmente como uno de los oficios más sanos y educativos, sucumben ahora a este flagelo enceguecidos por la obtención de altos rendimientos y por los estímulos económicos asociados a los mismos.
18. Sabemos que muchas empresas contratan trabajo femenino sólo a condición de que la mujer acepte retrasar y hasta proscribir su maternidad. Es ésta una vergonzosa discriminación ilegítima en contra de la mujer, pero también, un atentado contra la familia y contra el futuro de la misma sociedad. Las responsabilidades familiares comienzan a ser vistas como una odiosa y pesada carga que sólo representa costos y que quienes ofrecen empleos no están dispuestos a solventar. Si esto ocurre, a veces, hasta en los empleos más honorables, con cuánta mayor frecuencia suele ocurrir en aquellos casos en que se busca sacar ventajas económicas de la condición femenina misma, de su figura física, de su buena presencia, del carácter provocativo de su vestimenta o de su sensualidad. En la mayor parte de estos casos, la maternidad queda descartada de plano, como contraindicación insuperable para el empleo, y hasta el mismo matrimonio parece imposible.
19. He sido informado de algo que sucede en algunas cafeterías, en que la mujer que allí trabaja está vestida apenas y con una finalidad provocativa sexual. ¿Qué tiene esa persona en ayuda a prepararse al matrimonio si no es casada, y qué afecta en su interior esa conducta para la fidelidad conyugal si es casada, y para educar a sus hijos si es madre de familia? Se advierte allí que se usa a la mujer como un objeto; no se la trata con una dignidad personal. Triste para quienes son propietarios de esos centros, y triste para quienes trabajan en ellos. (Me han dicho también que se da un caso paralelo de un trabajo de hombres en cafeterías, con la misma finalidad de provocación sexual en su vestimenta y actitudes. Las consecuencias para ellos son iguales a las que hemos insinuado más arriba). Aquí aparece claro que todo se valida por las exigencias de la competencia comercial. Notamos, igualmente, que de esta manera se prescinde de Dios en la vida diaria por parte de quienes son propietarios de esos centros comerciales e involucran en este olvido de Dios a quienes trabajan con ellos.
V. LA ECONOMIA Y LA SOCIEDAD.
20. Una economía que castiga duramente la maternidad y la paternidad, e indirectamente, la existencia de la familia, no puede ser una economía sana, aún cuando pueda mostrar a su favor buenos indicadores de crecimiento y de eficiencia.
21. Como la experiencia internacional enseña, la destrucción de la familia es fuente de profundos desequilibrios sociales y personales, que acaban con la indispensable solidaridad intergeneracional que es la fuente de la estabilidad social. Donde ello ha ocurrido y las razones para trabajar se han desligado de la responsabilidad por la familia, la competencia despiadada de todos con todos alimenta la corrupción, la obtención de dinero fácil y la proliferación de actividades ilegítimas.
22. Debemos estar vigilantes para que no nos suceda otro tanto. La responsabilidad por la familia juega un sano papel moderador de las ambiciones desmedidas y del éxito a cualquier precio. Todo padre o madre de familia encuentra en ella una razón objetiva para vivir más allá de sus logros personales, como también, un motivo profundo para dejarles a sus hijos en herencia un patrimonio espiritual de honorabilidad y de respeto.
23. Sería injusto, sin embargo, hacer recaer sobre los empleadores todo el costo económico que significa la posibilidad de desarrollar una familia normal. Lo que está en juego es el bien común de la sociedad y, por esta razón, al aporte de las empresas debe sumarse también el aporte del Estado y de las políticas públicas que, a través de subsidios e incentivos tributarios, como también a través de la inversión en infraestructura, en equipamiento comunitario, en educación, salud y vivienda, en deportes, en parques y otras alternativas de recreación, puede crear las condiciones apropiadas para dar al grupo familiar las oportunidades de compartir entre ellos y desarrollarse mutuamente según los valores del espíritu.
24. La Iglesia está consciente de que el futuro de la humanidad pasa a través de la familia, y hará por ello, como ha sido tradicional, todo lo que esté en sus manos para favorecer y servir a la familia en sus necesidades espirituales y materiales, especialmente a aquellas más desprotegidas que no pueden esperar que el éxito de las políticas sociales alcance también para sus miembros.
25. La defensa de la familia es una tarea cotidiana que se realiza silenciosamente entre todos quienes están dispuestos con generosidad a entregar su tiempo, su responsabilidad y sus deseos de servir a la obra común que representa toda convivencia. Por ello es muy importante que quienes ofrecen trabajos remunerados, hagan compatible las exigencias de la producción con la protección de la maternidad, de la familia y de la educación de los hijos. No se trata siempre de grandes decisiones, sino la mayor parte de las veces, de pequeñas decisiones que, no obstante, favorecen o entorpecen el desarrollo de una vida familiar estable entre quienes están obligados a salir cotidianamente del hogar al trabajo.
VI. TALLERES DE FAMILIA.
26. La gran tarea que corresponde a la sociedad como tal, a todas las fuerzas sociales, es fortalecer la familia. En nuestro reciente IX Sínodo de Santiago hemos tratado con gran claridad el tema (nn. 651-686), y remito a que eso se pueda estudiar y llevar a la práctica.
27. En las diversas instancias sociales se debe tener una reflexión muy seria y de proyecciones para realizar en la vida diaria acerca de cómo hacer posible una vida matrimonial y familiar en los tan variados ámbitos de trabajo que dignifique a las personas y que permita realizar los ideales de todo matrimonio y de toda familia. Si se dan problemas y debilidades y yerros - que siempre han existido - eso no puede ser provocado ni sostenido por las condiciones laborales en que se encuentre el esposo y la esposa o el padre y madre de familia.
28. Con las grandes capacidades actuales de programación de actividades económicas, con esas mismas capacidades, debe promoverse una reflexión como la que indicamos y no para quedar en un plano de ideas o teorías sino para aplicarlas a las condiciones concretas que se viven en el trabajo. Esto hay que hacerlo con los mismos protagonistas del trabajo, hombres y mujeres, que se encuentran en estas condiciones de que su matrimonio y familia puede sufrir deterioro y hasta desintegración por la situación a que les obliga el mismo trabajo.
29. Tener talleres con ellos en que se trate del ideal del matrimonio y de la familia y cómo implementar y realizar esos ideales con medios y actitudes prácticas, en que todos puedan contribuir con su experiencia es una primera parte de esos talleres.
30. En seguida, que se estudien las dificultades que produce el trabajo en el matrimonio y en la familia, como el alejamiento del hogar para quienes deben trabajar fuera y por varios días o temporadas, la extensión de los horarios de trabajo, el domingo día de trabajo, etc., que hace difícil el encuentro entre marido y mujer, entre padres e hijos. En el examen de estas dificultades todos deben aportar la realidad en que se encuentran.
31. Por último, en esos talleres deben estudiarse, proponerse, cosas prácticas, actitudes, comportamientos para superar esas dificultades y hacer posible vivir el ideal de vida de matrimonio y familia, teniendo en cuenta el dolor y las frustraciones que provoca el deterioro familiar y más aún la desintegración de la familia, y cómo esto tiene consecuencias sociales.
32. Pedimos a la Vicaría de Pastoral Familiar, a la Vicaría de Pastoral para los Trabajadores y a la Vicaría de Pastoral Social que también puedan ofrecer este tipo de talleres y, de esta manera, se tenga un tiempo especial para acercarse a Dios, para invocar su ayuda y la de la Santísima Virgen María. Sabemos que hay cosas muy difíciles en este ambiente familiar, pero nuestra fe nos dice que "...a Dios todo le es posible" (Mc. 10.27).
33. Tenemos esperanza de fortalecer así la familia condicionada por el trabajo en sus relaciones interpersonales y se puedan superar los factores de deterioro y disgregación familiar. La ayuda y la gracia de Dios y de María harán más posible estos nobles pasos en favor del matrimonio y de la familia.
34. Queremos hacer aquí una especial mención de los abuelos. La misión de los padres nunca termina, y los abuelos tienen hoy día una especial importancia respecto de sus nietos. Si hay dificultades de encuentro entre los padres y los hijos, la presencia de los abuelos es una ayuda inmensa en esos hogares para llevar afecto, diálogo, comprensión y sentido de familia. Este elemento debe ser considerado también durante los Talleres de familia ( cfr. mi "Carta a los suegros", 26 de julio de 1994).
VII. CONCLUSION.
35. Se ha visto que ha ido creciendo la brecha entre los valores familiares y sociales y ciertos componentes sustentadores del crecimiento económico. Además, tristemente, hay efectos destructores del matrimonio, de la familia y en los hijos, y que estudios recientes han comprobado el aumento de disgregación familiar por las causas anteriores. Esto va gestando un drama social al que no podemos permanecer indiferentes como si no percibiéramos su realidad tan negativa para quienes sufren estas situaciones y para la sociedad.
36. Lo importante es dar pasos serios, eficaces y comprometidos para superar este deterioro y desintegración familiar que tiene su causa próxima en el condicionamiento que impone el trabajo. Valorando lo que es el trabajo en la vida humana y su función tan noble, no es posible transformarlo en una causa dañante de la dignidad de la persona humana y del matrimonio y de la familia.
37. Entre esos pasos positivos para superar esta difícil realidad, llamamos a la reflexión sobre esta delicada materia a quienes tienen responsabilidades sociales y a proporcionar talleres de encuentro con quienes están afectados por el trabajo en su vida personal y familiar para que con ellos mismos se pueda encontrar un camino de solución en esta urgente materia, con medios prácticos y cercanos para ellos.
38. Particularmente, confiamos en la presencia de Jesucristo Nuestro Señor y de María Santísima, su Madre, y San José, carpintero, que iniciaron la Sagrada Familia en Belén, para que invocándolos a ellos, siguiendo las enseñanzas del Evangelio y con actos de oración en la misma familia de cada uno - "la familia que reza unida permanece unida" - se pueda tener una feliz transformación en estas dolorosas situaciones que producen deterioro y desintegración familiar. La Iglesia está activa y esperanzada en que se trabaje en este sentido en todos los sectores sociales, y ofrece su ayuda con este objetivo.
39. Pido a Dios Padre que proteja con su gracia la vida familiar cotidiana, especialmente en el mundo del trabajo y que bendiga abundantemente a quienes decidan mejorar las condiciones laborales de sus empleados para facilitarles una vida familiar sana y fecunda, para que siempre estén dispuestos a ayudar a quienes dependen de ellos a alcanzar esa fidelidad matrimonial e integración familiar que hace la felicidad del ser humano. Los matrimonios y familias, igualmente, alcancen la bendición de Dios para superar, con fe y esperanza, las dificultades provenientes de sus condiciones laborales. Y tantos jóvenes que hoy día no tienen trabajo, que están desocupados, puedan ser atendidos y alcanzar este medio de vida que es el trabajo honesto para el ser humano. Para ellos, que son tan numerosos y conforman el futuro de la sociedad, pido fervientemente la ayuda de Dios y María Santísima. .
40. Mi bendición de Pastor para todos cuantos acojan esta Carta Pastoral y se esfuercen por realizar su contenido, con la participación de muchos interesados directamente en la materia que hemos propuesto.