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Carta Pastoral del Cardenal Arzobispo de Santiago |
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I. INTRODUCCION
Llamados a la santidad
1. Como Pastor de esta Iglesia de Santiago tengo entre mis principales tareas promover la santidad en todo el Pueblo de Dios y ayudar a seguir ese camino de santidad. "Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella para santificarla..." (Ef.5,26).
2. De esta manera, la Iglesia tiene una vocación universal a la santidad, como lo ha recordado el Concilio Vaticano II (Lumen Gentium, cap. V). Esto nos mueve al convencimiento de que la santidad es posible, porque Dios la quiere. Y, últimamente, la hemos tenido más sensiblemente cerca de nosotros con los ejemplos de Santa Teresa de Jesús de Los Andes, la Beata Laura Vicuña y el Beato Padre Alberto Hurtado. Sus ejemplos son alentadores para seguir nosotros la voluntad de Dios.
3. Esto nos hace agradecer a Dios porque hoy es posible hablar de santidad y que ésta se vuelve a apreciar y a entender que es para todos. Junto a esto, por otra parte, conocemos nuestras debilidades, defectos, tentaciones, malas inclinaciones y tantas dificultades que pueden llevar hasta el pecado y apartan del camino de santidad. Pero, la experiencia muestra que cuando se ama al Señor, el Espíritu Santo hace posible la santidad: se recorre el camino de conversión y con este cambio uno puede superarse en su fidelidad a Jesús. "Bendito sea Dios y Padre en nuestro Señor Jesucristo... por cuanto en El nos eligió... para que fuéramos santos e inmaculados ante El..." (Ef.1,4).
4. Y sabemos que la santidad no se da al margen de la vida que llevamos, sino en la diaria existencia nuestra. Cada uno, en lo suyo, ahí debe ser santo, porque el llamado de Dios es para todos, hombres y mujeres, y en todas las edades. Lo importante es irse acercando siempre más a Cristo Nuestro Señor y llegar a identificarnos con las palabras de San Pablo: "...para mí la vida es Cristo" ( Fil. 1,21) y "Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí" (Gál. 2,20).
5. El gran ejemplo, y más alentador, será siempre la Santísima Virgen María, que fue elegida por Dios para ser la Madre de Jesucristo Nuestro Señor y Salvador. Como Madre suya y de nosotros nos ayuda a esa santificación que Jesús nos ha traído.
La adoración eucarística.
6. En el camino de santidad, de acercamiento al Señor y para vivir como Dios quiere de nosotros, hay una oportunidad excelente en nuestra vida cristiana que es la adoración eucarística: adorar a Jesús presente entre nosotros en el Santísimo Sacramento del Altar. El desea igualmente nuestra compañía; por eso, se encuentra allí en la Eucaristía.
7. Quiero ayudar, entonces, como Pastor, con la adoración a Jesús sacramentado a la santidad de todos en la Iglesia: "... la voluntad de Dios es vuestra santificación" (1 Tes. 4,3). Pablo VI ha hecho presente la necesidad de esta santidad y coherencia de vida en la evangelización: "... para la Iglesia el primer medio de evangelización consiste en un testimonio de vida auténticamente cristiana...". "El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan... o si escuchan a los que enseñan es porque dan testimonio". "Será sobre todo mediante su conducta... como la Iglesia evangelizará el mundo; es decir, mediante un testimonio vivido de fidelidad a Jesucristo... en una palabra: de santidad" (Evangelii Nuntiandi, n.41). ¡Cuánto importa entonces el culto al Santísimo
Sacramento que ayuda a la santidad para responder al llamado de Juan Pablo II para una Nueva Evangelización.
8. Promover y fortalecer el culto al Santísimo Sacramento, que involucra la fe y la generosidad y el sacrificio de tantas personas que dan su tiempo para acompañar a Jesús, quiere también dar respuesta a un deterioro del sentido de lo sagrado que existe entre nosotros y reparar, igualmente, por tantos cristianos indiferentes y alejados de participación en la Iglesia y en la Santa Misa dominical. Es con pasos positivos y alentadores cómo debemos superar ese detrimento de lo sagrado y esa ausencia de hermanos nuestros en la Iglesia. Es responder así también a lo que Pablo VI nos describe y anhela en Evangelii Nuntiandi, citada recién.
9. El culto al Santísimo Sacramento tiene muchas expresiones, además de la principal que es participar en la Eucaristía y comulgar en ella. Me refiero aquí al culto que se da a Jesús Sacramentado fuera de la celebración de la Santa Misa. En la vida de la Iglesia siempre se ha tenido gran respeto por la presencia del Señor en el Santísimo Sacramento del Altar. Lo que más interesa aquí es motivar y cuidar el culto del Señor, porque ésa es una fuente de grandes proyecciones para la fidelidad personal de uno mismo a Jesús, para ayudarnos a servir más a nuestros hermanos y, en una palabra, para santificarnos y santificar en la Iglesia. Y que todos podamos promover y compartir este encuentro con Jesús.
10. Felízmente, la adoración al Santísimo Sacramento está renovándose mucho entre nosotros y así es posible verificar hoy día en muchos templos parroquiales y en capillas y en movimientos apostólicos que hay momentos especiales de adoración al Santísimo y que concurren muchos fieles, incluidos jóvenes y niños a ese acercamiento con Jesús. Este es un signo de vitalidad de nuestra Iglesia - junto a debilidades como anotamos anteriormente - y que es de grandes proyecciones futuras. Este es el motivo de esta Carta Pastoral.
11. Para esto ayuda recordar que la fuente de este culto es la misma Eucaristía. En ella "se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, a saber, Cristo mismo" (Presbyterorum Ordinis, n. 5). En efecto, la Eucaristía constituye un misterio de riqueza inagotable: renovación del sacrificio de la cruz, banquete pascual en el que comulgamos el Cuerpo y la Sangre del Señor, presencia real y sustancial de Cristo, vínculo de unidad y caridad en la Iglesia, prenda de la gloria del cielo. En esta Carta queremos profundizar en el culto que debemos tributar a Cristo presente en la Eucaristía: culto que constituye una gran necesidad para la Iglesia entera y para cada uno de sus miembros, y es una gran expresión de amor al Señor.
12. El Santo Padre nos ha llamado a una Nueva Evangelización: "Nueva en su ardor, nueva en sus métodos y nueva en sus expresiones" ( Discurso a los Obispos del CELAM en Haití, 1983). La primera palabra escogida por Juan Pablo II, el ardor, es en cierto sentido origen de las otras dos. Ardor tiene raíces profundamente cristianas; más aún, la fe cristiana puede designarse como un gran ardor: " He venido a arrojar fuego sobre la tierra y cuánto desearía que estuviera encendido" (Lc. 12,49). El culto al Santísimo, por parte de muy numerosos miembros del Pueblo de Dios, contribuye a ese "nuevo ardor" para que la evangelización llegue al mayor número posible de hermanos.
13. Nuestra Iglesia de Santiago se encuentra en la preparación de su IX Sínodo, en el que buscamos todos juntos responder mejor a los desafíos actuales, mirando el futuro. Y ser así más fieles a lo que Dios quiere de nosotros. En este sentido, nada hay más a propósito para lograr una auténtica renovación que la "animación y robustecimiento del culto eucarístico" (Dominicae Cenae, n. 3; Carta de Juan Pablo II, 24 de febrero de 1980). Estas reflexiones pretenden, pues, ser una invitación a todos los católicos a volver, en el silencio de la adoración a la Eucaristía - "fuente y cumbre de toda la vida cristiana" (Lumen gentium, n.11) - para encontrar en ella el renovado ardor del corazón que alimente la fe, fortalezca la esperanza y encienda la caridad y sea una rica inspiración evangelizadora en los medios en que cada uno vive.
14. La buena acogida que tenga esta Carta Pastoral la encomendamos al mismo Señor que en el Santísimo Sacramento nos espera y sale a nuestro encuentro, y El sea la gran fuerza santificadora de todos nosotros en nuestra Iglesia. Dios bendiga la lectura y reflexión de estas páginas y que la Santísima Virgen María nos ayude a amar más a Jesús Sacramentado.
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Carta Pastoral del Cardenal Arzobispo de Santiago |
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