"CONMIGO LO HICISTEIS" (Mt 25, 40)


VIII. REVALORIZAR LA FAMILIA

 
 
116. Una constante que se advierte en los Centros de Detención es el deterioro familiar o carencia de familia que afecta a los internos. Por esto hay que hacer un gran trabajo de revalorización de la familia con ellos y sus familias.
 
117. Todos sabemos que se viven situaciones muy difíciles en el interior de muchas familias y también que se ha ido extendiendo como actitud social no casarse, simplemente juntarse con una muy incierta proyección de futuro. ¿Cuáles son los efectos entre los mismos cónyuges o entre el hombre y la mujer que se han juntado y, especialmente, cuáles son los efectos para los hijos? Todos sabemos también que son grandes frustraciones. Por esto hay que revalorizar la familia buscando honestamente superar las muy diversas dificultades que la afectan, hasta la relación trabajo y familia, que hoy toca a muchísimas familias.
 
118. Hay que insistir en la comunidad de amor, comprensión y servicio que es el matrimonio y cómo cuidar la mutua fidelidad, frente a tantas dificultades que pone el medio social actual. Pero, es muy superior a todas esas debilidades lo que produce la permanente fidelidad conyugal. También es importante hacer reflexionar a quienes viven simplemente juntos, en pareja, ¿por qué no se casan?.
 
119. Luego, para quienes tienen hijos, ellos deben ofrecerles una comunidad de amor en que se vayan formando en valores cristianos y humanos que les permitan un digno porvenir. El acercamiento, el diálogo, la comprensión con los hijos, en las diversas etapas de su vida, es la hermosa tarea de los padres de familia, y de la madre en las familias incompletas.
 
120. Tienen importancia también los abuelos, porque ellos transmiten valores y experiencias y hoy son una gran ayuda cristiana para sus nietos. Recomiendo leer mi "Carta a los Suegros", de 26 de julio de 1994.
 
121. El IX Sínodo de Santiago ha tratado muy pedagógicamente lo relativo a la familia, nn. 651-686. Y a las familias que viven situaciones irregulares, como madres solteras o solas, o madres abandonadas, las parejas no casadas, las casadas sólo por el civil siendo católicas, los separados, los casados que dejando a su cónyuge han implementado otra familia, etc., para todas esas familias la Iglesia tiene comprensión y quiere ayudarlas. Recomiendo mi Carta Pastoral "La Iglesia acoge a todas las familias", de 28 de septiembre de 1991.


"CONMIGO LO HICISTEIS" (Mt 25, 40)