99. Hay muchas situaciones dolorosas y difíciles por las cuales una persona puede ser privada de su libertad, como pena a un delito cometido. Encontramos desde casos aislados y pasajeros, hasta quienes, realmente, han incurrido en delitos graves y continuados.
Para la acción de la Iglesia, y de la sociedad, lo importante, frente a un privado de libertad es su rehabilitación. Esta es la gran tarea de todos. y no siempre se da esta oportunidad en los centros de detención y después de la condena, por muy variadas razones. Pero, a pesar de ello, siempre debemos procurar trabajar por la rehabilitación y permitir acogerla de parte de los privados de libertad.
RECONOCER LA PROPIA CULPA
100. En su interior, en su persona, en su conciencia, es importante que el que haya cometido un delito reconozca que hizo algo malo, que dañó a otra persona o a una institución, para que así pueda conocer el arrepentimiento e iniciar, sinceramente, un proceso de rehabilitación. Este es un paso fundamental, porque de otra manera se estaría prolongando o incubando una situación de resentimiento y hasta de venganza en el interior de esa persona, o de indiferencia frente al mal realizado, que puede conducir a reincidir, más tarde, en el delito cometido o en otros delitos.
101. Esto es necesario que ocurra en la conciencia de la persona, y de manera enteramente ajena y diversa a un reconocimiento exterior, que también podría darse. Lo importante es lo que ocurre en el interior de la persona para comenzar su propia rehabilitación
EVITAR LA REINCIDENCIA
102. Un estudio realizado en 1993 sobre la reincidencia decía que de los varones que salían en libertad reincidía el 57,3%, y de la mujeres el 30,86%. Son cifras graves ciertamente y que hacen preguntarse cómo después de haber sufrido la privación de libertad esas personas nuevamente se arriesgan en conductas delictuales sabiendo el peligro personal que les espera.
103. Se dan varias razones, como las frustraciones dentro del mismo sistema carcelario, en que se enumeran el hacinamiento, la falta de higiene en las celdas o en el ambiente, el ocio durante el día, malos tratos y también ausencia de segregación entre los mismos internos, etc. Esto deja amargada a una persona que ha vivido esas negativas experiencias por períodos largos de su vida.
104. Otra explicación que se da es que, a veces, esa persona pertenecía a un grupo que vivía de la delincuencia y ese grupo vuelve a integrarlo o lo estaba esperando, y, por carecer de otras oportunidades, prosigue esa negativa conducta que lo había llevado a la pena de perder su libertad.
105. En 1993 visité la Cárcel Sevilla 2, en Sevilla, España, pues siempre que viajo al extranjero voy a visitar los Centros carcelarios para ver si hay chilenos y reunirme con ellos. Quedé maravillado de esa Cárcel Sevilla 2, que es excelente, de moderna construcción, con parques, con piscina que la cuidan con todas las medidas higiénicas, que tienen sección de hombres y mujeres y si entre ellos hay parientes se pueden visitar. Pude ver la comida esa tarde y era igualmente excelente. Los chilenos con quienes estuve, al comentarles mi impresión de la comida, me corroboraron que era muy buena. Y ahí, el Alcaide, más tarde me dijo que la reincidencia de los que salían en libertad era cercana al 60%; situación que ellos no podían comprender.
106. Por otra parte, es significativo que la reincidencia de los que están sometidos a la Ley No. 18.216 - medidas alternativas a la reclusión - sea sólo de 5%. Esto podría explicarse porque si tenían esas medidas alternativas no era tan graves su situación delictual previa. Pero, no deja de ser un elemento para reflexionar.
107. Aquí se ve la necesidad de trabajar por evitar la reincidencia desde el interior de los Centros de Detención, especialmente cuando se va acercando el tiempo de salir en libertad.
108. Otro hecho que explica la reincidencia es que algunos sienten que no tienen otro horizonte, porque toda su vida, desde niño ha sido trabajar con medios delictuales. Una vez escuchaba a un interno joven que me hacía ver cuánto sufría lejos de su familia, especialmente de sus dos pequeñas hijas. Yo le aconsejé que cuando saliera libre, se cuidara en su vida para no recaer en lo que lo había llevado a perder su libertad. Su respuesta fue: "No tengo caso. Yo soy carterero". Es decir, seguiría haciendo lo mismo. Mayor compromiso, entonces, para trabajar con esos hermanos y abrirles otros horizontes en su vida. Lo recomendé especialmente al Capellán para que se ocupara de aconsejarlo y convencerlo de un cambio de vida, incentivando su amor familiar.
ESPERANZA Y CONFIANZA DE CAMBIO DE VIDA
109. Esta es la gran tarea pastoral en los Centros de Detención y en las Casas de Acogida y con las familias de los internos. Aunque se hayan cometido delitos muy graves y repetidos, siempre hay esperanza. San Pablo nos dice:"....donde abundó el pecado sobreabundó la gracia..." (Rom. 5,20). La acción salvadora de Jesucristo siempre está para nosotros, en todas las situaciones de la vida.
110. De esta manera se anima nuestra esperanza y confianza en que es posible cambiar de vida y aquí tenemos una tarea y misión para trabajar con los privados de libertad. Toda la acción pastoral que hemos descrito anteriormente, de evangelización, de capacitación y de trabajo, de acompañamiento y de comunidades son elementos muy valiosos para una vida nueva. "Cuando salga seré muy diferente, porque aquí conocí a Dios", fue el testimonio de un interno ante un grupo grande que era la comunidad cristiana que estaba en su Centro, después de una Misión. Y ya le quedaba poco tiempo para salir en libertad. Dios y la Santísima Virgen María ayuden a todos en su cambio de vida.