"CONMIGO LO HICISTEIS" (Mt 25, 40)


I. INTRODUCCIÓN

 
 
"Es preciso desarrollar y fortalecer la asistencia espiritual, educacional, social y de capacitación laboral dentro de la pastoral penitenciaria, manteniendo un seguimiento de los internos y de sus familiares, hasta obtener - de acuerdo a las circunstancias de cada caso - la libertad del interno y su posterior reinserción laboral y social. Asimismo, fortalecer una presencia pastoral en las instituciones estatales que administran la justicia y que custodian a los privados de libertad. Capacitar como corresponde a quienes participan de esta labor, ya que el mundo de las prisiones debe ser realmente evangelizado con seriedad". ( IX Sínodo de Santiago, n. 758)
 
1. Desde que asumí como Arzobispo de Santiago quise demostrar una especial preocupación y cuidado por quienes están privados de libertad y por todo el entorno en que se encuentran. En la opción preferencial por los pobres que guía a la acción pastoral de la Iglesia, siempre he afirmado que se encuentran entre los más pobres los privados de libertad, por lo que esa carencia significa.
 
2. En mi programación pastoral, he destinado una visita mensual a un centro carcelario. Y al principio de mi acción como Arzobispo de Santiago solicitaba a los medios de comunicación social que me acompañaran para hacer pública la preocupación que compete a toda la sociedad por quienes se encuentran privados de libertad.
 
3. La realidad común es que una persona no se interesa por los problemas de otros si no le tocan, de alguna manera, a sus propios afectos o intereses. Una vez, visitando una Parroquia, al saludar a los fieles después de la celebración de la Santa Misa, una señora me dijo: "Yo no podía entender por qué Ud. hablaba siempre de los privados de libertad y que todos se debían preocupar de ellos. Ahora comprendo, porque tengo un hijo mío preso en la Penitenciaría". Cuando toca de cerca a uno mismo, entonces, se tiene apertura a esos problemas. Los medios de comunicación me prestaron así un gran servicio, porque hicieron ver de cerca al público lo que significa la vida en los centros penales, qué dolor es carecer de la propia libertad y por tiempo prolongado. Pude captar que se despertó una conciencia nueva en mucha gente y se fue abriendo paso un sentido de cooperación hacia los centros penales y a quienes se encuentran en ellos. Desde entonces, vi que ya no era necesario solicitar a los medios de comunicación social esa compañía, porque así yo mismo quedaba más libre en lo fundamental de esas visitas, como es el encuentro con las personas.
 
4. Por esos contactos con los centros penitenciarios - que he tenido siempre en mi acción pastoral - pude comprender cada vez mejor lo importante que es acompañar a los privados de libertad, pensar en sus familias - cuando la tienen -, y en el personal que trabaja en esos centros, especialmente Gendarmería. Y eso en la concreta realidad de los centros que existen en el territorio de nuestra Arquidiócesis de Santiago. (Al principio, en 1990 y los primeros meses de 1991, estaba en nuestro territorio lo que es la actual diócesis de Melipilla, y así también pude visitar los centros de San Antonio, Melipilla y Talagante).
 
5. Con esta Carta Pastoral pretendo ayudar a quienes están privados de libertad y muy específicamente, para que lleguen a un encuentro con Jesucristo Nuestro Señor, y también apoyar a los suyos, en el tiempo que transcurre su estada en los Centros de Detención y cuando salen a reinsertarse en la sociedad. Igualmente, quiero expresar mi comprensión y ayuda pastoral a Gendarmería, que tiene el encargo público del régimen de los centros penales. Esta Carta Pastoral quiere alcanzar el mayor número de personas de nuestra Iglesia y de la sociedad para que todos tomemos conciencia de la situación de esos hermanos y hermanas privado de libertad y nos esforcemos por tener una activa colaboración con ellos, según la propias posibilidades, como dice el IX sínodo de Santiago (n. 758).
 
6. En la Carta a los Hebreos leemos: "Acordáos de los presos, como si estuviérais con ellos encarcelados". (Hebr. 13,3). La Palabra de Dios nos hace asumir esa triste realidad con una toma de conciencia que no podemos eludir. Y el Señor ya nos lo había dicho que lo que se hace con esos hermanos es como si lo hiciéramos con El: "....estaba...preso, y vinisteis a verme". (Mt. 25,36 y 37). Por esto, mi intención es ayudar a cumplir lo que Jesús quiere de nosotros y que cada uno, dentro de sus alternativas, pueda cumplir con este llamado de Dios.
 
7. Desde el principio, expreso mi reconocimiento y gratitud a cuantos se encuentran ya comprometidos obedeciendo al Señor y a cuantos trabajan en este servicio fraterno, aunque no compartamos la misma fe. Una mención muy especial quiero hacer de los sacerdotes, religiosas, personas consagradas y laicos que ya trabajan en esta Pastoral. Y agradezco también a quienes, con buena voluntad y dedicación, quieran asumir lo que en esta Carta Pastoral entregamos y la puedan difundir para actuar más como hermanos, recordando la Palabra de Dios.


"CONMIGO LO HICISTEIS" (Mt 25, 40)