Nacidos para AMAR - Mons. Carlos Oviedo Cavada

 
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PRESENTACION

Queridas y queridos jóvenes:

1. Hace algún tiempo escribí dos cartas pastorales en que tuve muy presente la vida de los jóvenes. Una de ellas, "Un camino de Esperanza", se las dirigí directamente a ustedes. Ella tenía como objetivo mostrarles que con Jesucristo es posible vencer ante cualquier dificultad. En cambio, "Moral, juventud y sociedad permisiva" estuvo dirigida especialmente a los católicos de la Arquidiócesis de Santiago y a los hombres y mujeres de buena voluntad. En esta carta que fue ampliamente difundida y estudiada llamaba la atención sobre el relajamiento moral de una sociedad que en gran medida a ustedes perjudica y ofende, y que puede desorientarlos gravemente en un momento crucial de sus vidas.

2. Hoy quiero dirigirles nuevamente, y con especial cariño, mi palabra de amigo y de Pastor. En mi vida como Sacerdote y como Obispo siempre he tenido una preocupación especial por la juventud. Por eso quiero responder a muchas interrogantes que ustedes me han planteado y dialogar con ustedes sobre el camino del amor que todos estamos llamados a recorrer. Conozco muy bien las dificultades que ustedes tienen hoy día para vivir sus afectos. Las conozco y las comprendo. Sé también lo que piensan quienes no se inspiran en el pensamiento cristiano y cuyas opiniones seguramente ustedes también habrán oído. Por eso quiero decirles lo que la Iglesia les propone, invitarlos al seguimiento de Jesucristo, y ojalá también recibir de ustedes sus propias inquietudes y temores.

3. Hay muchas maneras de abordar este tema tan hermoso e importante. En esta Carta deseo simplemente proponerles a ustedes y a sus familias un camino para integrar su vida en torno al núcleo básico de la persona que es el corazón. En él se integran la inteligencia, la voluntad, la sensibilidad, los afectos y la sexualidad. Por algo, en la Iglesia veneramos con especial cariño el Corazón de Jesús, cuando queremos hacer referencia a la riqueza insondable de su amor, y el Corazón de María cuando queremos resaltar la delicadeza de su entrega y su ternura.

4. Sin lugar a dudas la mayor búsqueda y el mayor anhelo de todo ser humano es aprender a amar y a vivir ese amor en plenitud. Sé muy bien que en ustedes este es el sueño y la aspiración más profunda de sus vidas juveniles. Todos buscamos amar y ser amados. Para eso nacimos. Para eso vivimos. Eso buscamos diariamente. Niños y ancianos, religiosos y laicos, pobres y ricos, todos hemos nacido para amar. El amor es el secreto que puede hacer feliz nuestra vida. Y no saber amar es también fuente de mucha amargura e infelicidad.

5. En esta búsqueda del amor que todos hacemos hay muchas ofertas que se nos hacen en este mundo. La sociedad con mucha publicidad busca entregarnos sus propuestas. Algunos nos aseguran que amar es satisfacer cualquier impulso. Otros procuran convencernos que al amor se confunde con el placer. O que consiste en vivir libremente todas las aventuras que podamos. O que es una mercancía que se puede comparar o vender en el mercado. Nunca, por cierto, estas propuestas logran entregar la felicidad que ofrecen. Al revés: sólo entregan frustración, cansancio y soledad.

6. Al escribir esta carta quiero "proponerles el camino mejor"3 El más noble, el más hermoso, y el más digno para ustedes. Quiero proponerles el camino del amor que nos enseñó Nuestro Señor Jesucristo, el Maestro y el Amigo de los jóvenes. Este camino lo han seguido muchedumbres de hombres y mujeres a lo largo de la historia y ellos dan testimonio de haber vivido gozosamente y en plenitud.

Para profundizar:

Ver: 1 Corintios 12, 31b-13, 13: El himno del amor.

Para reflexionar y conversar:

¿Qué entienden por amor tus amigos y compañeros?
¿Cómo se expresa en tu propia vida la búsqueda del amor?


Para orar:

Tú, Señor, me has creado,
me has tejido en el seno de mi madre.
Te doy gracias por tantas maravillas
que Tú en mí has ejecutado.
Te alabo porque estoy maravillado
porque es admirable lo que has hecho conmigo.

Cuando en lo culto me iba formando,
tus ojos me veían, me modelaban.
Los días de mi vida los trazaste con ternura.

(Salmo 139, 13)

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