Nacidos para AMAR - Mons. Carlos Oviedo Cavada

 
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Palabras finales...

Queridos y queridas jóvenes:

80. He querido escribirles esta larga carta para animarlos en sus búsquedas del amor, para apoyarlos en sus dificultades y para proponerles "el camino mejor" que nos enseñó nuestro Señor Jesucristo. Un camino lleno de hermosura pero también de múltiples obstáculos. Reciban estas palabras, reflexiónenlas, medítenlas, dialóguenlas con sus padres y maestros, compártanlas con sus amigos y procuren practicarlas en sus vidas diarias. Para ello cuenten con esta Iglesia Madre y Maestra que ha acumulado tanta sabiduría a lo largo de su historia y que, sin embargo, sigue aprendiendo diariamente a amar con ese amor de Jesucristo.

81. Pero si quieren poner en práctica lo que nos enseña el Señor no se olviden nunca de orar. Cada uno en su interior. En pareja si viven esa relación. En familia, donde se aprende el amor primero. En la comunidad a la que pertenezcan. Con mucha claridad les digo que sin escuchar a Jesús ustedes se dejarán tentar por sus caprichos. Sin escucharlo a El, que es el Absoluto, ustedes se sentirán atraídos por lo relativo. Para vivir lo que aquí les he propuesto la oración es indispensable. Igualmente es necesaria la participación de ustedes en los sacramentos de la Iglesia. En ellos está precisamente la fuerza que necesitan para amar como el Señor. Participen con frecuencia en la Eucaristía para comulgar con el Señor. Nunca dejen de acogerse a la gracia del perdón que se nos ofrece en el sacramento de la Reconciliación.

82. Ustedes son bombardeados por la publicidad con proyectos de amor limitados y parciales, y a veces, hasta deformados. Hay muchas personas, también jóvenes que no comparten nuestros ideales y ven el amor con otros ojos. En fin, ustedes mismos experimentarán diariamente las dificultades de perseverar en un amor puro, casto, entregado, exigente. Si no permanecen muy unidos al Señor fácilmente se debilitarán en sus opciones y terminarán aceptando lo inaceptable, o simplemente se dejarán llevar por otros criterios que están muy lejos de los de Jesús y el Evangelio. Y si así sucede ustedes conocerán la frustración y la tristeza.

83. Una pareja que se propone orar en común adquiere lo más próximo que existe a una garantía de felicidad. Por el contrario, cuando nunca se mira o se escucha al Señor, nos sentimos tentados de realizar solamente nuestros egoístas antojos. Les recomiendo, pues, encarecidamente que lean y mediten, ojalá cada día, un trozo de la Biblia. Así se empaparán de la sabiduría del Señor y lograrán vivir de acuerdo a sus criterios y sentimientos más profundos.

84. Antes de terminar los invito a levantar la mirada hacia una mujer joven que supo amar intensamente. Ella es Virgen y Madre al mismo tiempo. Ella conoció el amor del Padre Dios y respondió afirmativamente a su requerimiento. "Su nombre es María", la Bienaventurada Madre de Jesús. María supo amar a su esposo y a su hijo. Supo amar a su prima Isabel y para ayudarla subió por las montañas. Ella participó de la fiesta de una pareja de novios, y su presencia intercesora hizo que esa fiesta pudiera continuar. Ella movida por el amor subió al calvario para estar de pie junto a la cruz de Jesús. Ella acompañó con su amor a la Iglesia naciente en Jerusalén. Ella nos sigue señalando al Cristo para decirnos: "Hagan todo lo que El les diga". Y eso queremos hacer siempre. Nada más ni nada menos de lo que Jesús nos diga.

85. Nos mantenemos unidos y en comunión. Si lo aceptamos, háganme llegar sus reflexiones sobre esta carta. Así podremos continuar este diálogo que hemos iniciado.

No se olviden de orar también por mí para que sea consecuente con lo que aquí les he dicho. Reciban mi cariño y mi bendición de amigo y de Pastor.

 

Santiago, Domingo de Ramos 1993
Jornada Mundial de la Juventud.



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