LECTURAS Cristianas Monseñor Carlos Oviedo Cavada

 

LECTURA ESPIRITUAL

 

El Rostro de Cristo

San Gregorio de Nacianzo

Hemos de alegrarnos

en vez de entristecernos

cuando prestamos algún beneficio.

 

"Si quitas las cadenas y la opresión",

dice la Escritura,

esto es la avaricia, la reticencia,

las dudas y las palabras quejumbrosas,

¿qué resultará de ello?

 

Algo grande y admirable.

Una gran recompensa.

 

"Brillará tu luz como la aurora.

Enseguida te brotará la carne sana".

 

¿Y quién hay que no desee

la luz y la salud?

 

Por esto,

si ustedes me juzgan

digno de alguna atención,

siervos de Cristo,

hermanos y coherederos suyos,

 

Visitemos a Cristo

siempre que se presente la ocasión,

 

Alimentemos a Cristo,

vistamos a Cristo,

demos albergue a Cristo,

honremos a Cristo.

 

No sólo en la mesa,

como Simón.

 

No sólo con ungüento,

como María.

 

Ni sólo en el sepulcro,

como José de Arimatea.

 

Ni con lo necesario para la sepultura,

como aquel que amaba a medias a Cristo,

Nicodemo.

 

Ni, por último, con oro, incienso y mirra,

como los Magos,

 

Sino que, ya que el Señor de todo

quiere misericordia y no sacrificios,

 

Ya que la compasión está por encima

de la grasa de millares de carneros,

 

Démosela

en la persona de los pobres

y de los que están hoy

echados en el polvo,

para que, al salir de este mundo

nos reciban en las moradas eternas,

por el mismo Cristo nuestro Señor

a quien sea la Gloria

por los Siglos.

 

Amén.

 

San Gregorio de Nacianzo. Es un hombre sensible y poeta. Orador brillante. Su padre era obispo y a él le correspondió ordenarle sacerdote. Gran amigo de San Basilio. Llegó también a ser obispo exigido por el pueblo y renunció ante las divisiones entre oriente y occidente. Murió en el año 390.

 

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