LECTURAS Cristianas Monseñor Carlos Oviedo Cavada

 

INTRODUCCIÓN

 

Con ocasión de la conferencia general de Obispos realizada en Puebla, nos deteníamos a reflexionar sobre las peregrinaciones. Allí señalabamos que "nuestro pueblo ama la peregrinaciones", porque "en ellas, el cristiano sencillo celebra el gozo de sentirse inmerso en medio de una multitud de hermanos, caminando juntos hacia el Dios que los espera. Tal gesto constituye un signo y sacramental espléndido de la gran visión de la Iglesia, ofrecida por el Concilio Vaticano II: La familia de Dios, concebida como Pueblo de Dios, peregrino a través de la historia, que avanza hacia su Señor" (Puebla, 232)

Ponernos en camino, es estar de paso hacia la Tierra verdadera, hacia la Patria Eterna. Este es el llamado que nos hace Jesús y que hemos de vivir cada día como cristianos, como parte de la Iglesia que se encamina al Padre.

Peregrinar es poner en marcha toda nuestra vida y talentos en el deseo de alcanzar una meta, es ponernos en marcha para alcanzar el Reino propuesto por Jesús en las Bienaventuranzas, de un destino al que apreciamos como deseable y por el cual estamos dispuestos a realizar sacrificios. Es la entrega de todo lo que somos para transformar y transformarnos.

Las peregrinaciones realizadas con ocasión de la Fiesta de la Inmaculada Concepción o las pereginaciones a Santa Teresa de Los Andes, las realizadas por los jóvenes para el día de la solidaridad por Chile, han sido una muestra de cómo nuestra Iglesia quieren vivir su fe y proclamar su deseo de seguir a Cristo Resucitado. Aprender de ellas y trasladar el camino realizado a la vida cotidiana es un compromiso permanente.

Con este propósito, quiero invitarlos a reflexionar sobre el significado de seguir los senderos del amor del Señor hoy día, llamados a ser sal y luz para transformar el mundo, buscando siempre la voluntad del Señor, siguiendo sus huellas en la tarea cotidiana, en el camino en el que El nos llama y nos acompaña ofreciendose para que tengamos vida verdadera.

Para esto, los invito a meditar nuevamente las palabras que ofreciera a los jóvenes con ocasión de la IV peregrinación al Santuario de Santa Teresa de los Andes, en octubre de 1993. Es una invitación a ser testigos del amor del Padre, de la entrega del Hijo y de la acción Salvadora del Espíritu Santo.

 

 LECTURAS Cristianas Monseñor Carlos Oviedo Cavada