LECTURAS Cristianas Monseñor Carlos Oviedo Cavada

 

1. EN EL CAMINO DE CRISTO

 

Muy queridos jóvenes,

El camino que Uds. han recorrido muestra claramente lo que es seguir al Señor. Necesitamos del ideal de ir con Jesús en la vida, y eso los ha decidido a recorrer este camino. No es fácil caminar por él: se siente el cansancio, los deseos de abandonarlo o el arrepentimiento de haberlo emprendido, se piensa que hubiera sido mejor quedarse en casa... Pero aquel ideal que movió a emprender el camino se reaviva con la oración, con la Palabra de Dios, con la reflexión y nuevamente - con alegría y esperanza - proseguimos el camino hasta llegar a la meta. En esto consiste el Camino de Santidad : en empezarlo con el ideal de seguir a Jesús y llegar hasta El sin volver atrás.

He podido ver que llevan su rostro impreso en sus corazones, con esa hermosa imagen de Jesús que recibieron al ponerse en camino. He visto también en sus manos la cruz de la Nueva Evangelización. Estas dos imágenes unidas son el signo del proyecto de vida que nos ofrece el Señor: ' dar testimonio que Jesús es el Señor y creer con el corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos '. (Ver Rom 10, 9)

Venciendo ahora el cansancio de la noche nos adelantamos a la aurora para celebrar la presencia del Señor y para recibir de sus manos el mandato misionero: "Vayan - nos dice - vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación". Los primeros discípulos de Jesús no ahorraron generosidad al escuchar este llamado. Salieron desde Jerusalén a los distintos puntos de la tierra a anunciar, con valentía, que Dios se había hecho presente en nuestra historia y que Jesús era Señor de la nueva humanidad, que estaba resucitado. San Andrés fue testigo de Jesucristo en Constantinopla, Santo Tomás en la India, Santiago Apóstol en España, San Pedro en Roma. ¡ Es increíble la fe y el coraje de estos hombres !. Salieron de su tierra, viajaron muy lejos con medios muy precarios, predicaron en lenguas extrañas, se insertaron en culturas desconocidas, enfrentaron grandes dificultades, ¡ y amaron a Jesús hasta el martirio !. Un puñado de pescadores del Mar de Galilea, tomados por el Espíritu de Dios, fue la semilla vital que cambió la historia de ese tiempo.

 

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