EN EL ATARDECER,
CON JESÚS

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IV. LA IGLESIA Y LOS ADULTOS MAYORES

 
 
13. La Iglesia ve en los adultos mayores, como ya decíamos, a verdaderos hijos de Dios y hermanos nuestros y, por consiguiente, hay que tenerlos en gran estima, porque, además, les debemos gratitud por lo que ha sido su existencia (cfr. n.2).
 
14. También la Iglesia visualiza en los adultos mayores una gran fuerza y reserva espiritual de verdadera santidad, si sabemos motivarlos, incentivarlos y trabajar con ellos. Y hay muchos que llegan a esta edad de adultos mayores como verdaderos ejemplos de vida cristiana y que son un valioso patrimonio espiritual para sus familias y la Iglesia.
 
15. Aquí hay que tener en cuenta, igualmente, - como he dicho antes - las diversas situaciones que viven los adultos mayores, en buena o mala salud, con medios económicos o carentes de ellos, con familia o solos, etc. De hecho, en la Iglesia hay adultos mayores muy activos, como en el servicio del culto divino y en su participación en él, como la oración, la vida sacramental, la lectura de la Palabra de Dios, etc. También los hay quienes prestan grandes servicios asistenciales o de fraternidad a hermanos más necesitados, y muchas otras formas de vida y de cooperación en la Iglesia. Esto ocurre especialmente cuando se encuentran en buena salud.
 
16. Pero, igualmente, cuando los adultos mayores se hayan limitados por su salud u otras circunstancias, pueden estar igualmente al servicio de la Iglesia. Para esto es bueno recordar que en la Iglesia no hay jubilados. Todos, desde el uso de razón, hasta el final de la vida, tenemos siempre posibilidades y deberes que desarrollar en nuestra relación de hijos de Dios, y hermanos entre nosotros. Volveremos a ocuparnos de estas hermosas posibilidades de los adultos mayores, y repetimos que ellos son una gran fuerza y reserva de vida espiritual de santidad en la Iglesia. Y esto vale para todos los adultos mayores.
 
17. La Iglesia, desde el siglo pasado, tiene casas en que se reciben a adultos mayores indigentes y que sus familias no pueden sustentar o carecen de ella o de medios de vida. Así hay Congregaciones de Religiosas fundadas con esta explícita finalidad y que se encuentran en Chile, especialmente en nuestra Arquidiócesis, a las que se han agregado, felizmente, una gran cantidad de otras Congregaciones que también tienen casas especiales para ancianos. También está la Sociedad de San Vicente de Paul, de laicos, que tiene hogares semejantes. Antiguamente esas casas eran llamadas Asilos, y actualmente las llamamos Hogares.
 
18. Además de eso, que es para casos, en cierto sentido, extremos, la Iglesia ha desarrollado una hermosa acción pastoral en servicio de todos los adultos mayores, cualesquiera sean sus condiciones sociales o de salud. Un ejemplo son los o , que existen muy numerosos en casi todas las parroquias o comunidades eclesiales de base. Estos clubes nacieron en la década de los años 60, por iniciativa del Ministerio de Salud pública, y muy luego la Iglesia siguió ese hermoso ejemplo y comenzó a crear estos clubes en las más diversas instancias. También hay "Centros de atención" a adultos mayores, donde se ofrecen cursos muy variados de artes manuales, y de actividades culturales como danza, gimnasia, etc. Y todo esto ha encontrado una gran acogida entre los adultos mayores, principalmente entre mujeres.
 
19. Y una más importante acción de la Iglesia es la evangelización de los adultos mayores y favorecer su incorporación activa en la vida de la Iglesia. Porque no podemos desconocer que hay muchos católicos alejados, indiferentes, o cómodos, que viven muy distantes de una vida activa y militante en la Iglesia. De esta manera, no es raro encontrar a muchos adultos mayores en estas condiciones; y también quienes no tuvieron una formación cristiana en su niñez ni más tarde y son como ajenos a la vida de la Iglesia. La experiencia muestra que en esta etapa de la vida, de adultos mayores, hay una especial acogida a esta acción evangelizadora y santificadora de la Iglesia para todos, aun para los que estaban distantes de la Iglesia.
 
20. Es muy decisivo, en este plano de acción de la Iglesia, hacer una planificación pastoral respecto del adulto mayor, en sus variadas realidades y situaciones. Y en dicha planificación debe usarse una pedagogía activa que permita a cada persona ser protagonista en su vida y en su relación con los demás.
 
21. La pastoral del adulto mayor debe ser asumida por los responsables de las diversas instancias en que se encuentran los adultos mayores, como en parroquias, en clubes de ancianos, en instituciones de servicio a los adultos mayores, en Hogares de ancianos, etc. Y en dichas instancias y situaciones buscar ese protagonismo de los adultos mayores, en conjunto con los agentes pastorales, que los haga sentirse realmente útiles en la Iglesia y en la sociedad. Valorando a cada persona, sus experiencias, sus sueños e ideales ayudará mucho en la tarea de evangelización y servicio que la Iglesia debe a los adultos mayores; así hará efectiva su acción pastoral hacia ellos.
 
22. Todo esto será más posible si en las instancias en que se encuentran los adultos mayores se logra formar un ambiente comunitario, una comunidad, y esto supone el respeto a cada persona. Una comunidad va ayudando a vivir unidos en nombre del Señor y ahí estará Jesús en medio de todos ellos. Los agentes pastorales y las personas e instituciones que están al servicio de los adultos mayores igualmente deben crecer en su vida cristiana para ofrecer una mejor acción apostólica a ellos.
 
23. Aquí hay una gran oportunidad de evangelizar, catequizar y motivar a una vida cristiana muy fecunda a los adultos mayores y es hermoso cuando entre ellos mismos se puede contar con quienes asuman esas tareas respecto de sus hermanos, de tal modo que participen activamente en su comunidad en variadas instancias. De esta manera, la pastoral del adulto mayor se va perfilando con más claros caracteres.
 
24. Se ha desarrollado también, en la pastoral de los adultos mayores, la posibilidad de recibir el sacramento de la Unción de los Enfermos - que antes se conocía como Extrema Unción, porque sería la última unción en el orden de las precedentes unciones, como en el Bautismo y la Confirmación - y que ahora se puede recibir desde los 60 años (Cfr. Directorio de Pastoral Sacramental de la Arquidiócesis de Santiago, nn. 393-396). Esto suele hacerse en celebraciones comunitarias y en días especiales que se eligen para ello, con una buena preparación, para fortalecer la vida cristiana en los adultos mayores. No se trata de que estén próximos a la muerte, sino que en esa etapa de la vida, el Sacramento ayuda a vivir más cerca de Dios, es gracia sacramental. Y siempre se recomienda, en estos casos, que preceda el Sacramento de la Confesión. Es importante, a este respecto, leer las instrucciones del Directorio Pastoral Sacramental de nuestra Arquidiócesis.
 
25. La vida cristiana intensa, gozosa, anhelada para los adultos mayores es un gran testimonio, y muy alentador, para las demás generaciones, porque deben reconocer en ellos la experiencia de vida que en esa etapa en que se encuentran, muestra lo que tiene más valor en la existencia de cada uno. Este buen ejemplo de los adultos mayores vale entre ellos mismos cuando hay todavía quienes permanecen alejados de la vida de la Iglesia; vale para fortalecerse mutuamente entre ellos; vale para las familias a que pertenecen; hoy día los abuelos son los grandes catequistas de los nietos, y sus mejores amigos, especialmente cuando suele faltar un encuentro habitual entre padres e hijos en ese grupo familiar, por muy diversas razones. Lo mismo puede decirse de tíos o tías adultos mayores respecto de sus sobrinos, según los casos. Vale también este buen ejemplo para las personas que los asisten.Y vale especialmente, por la comunión de los santos, para toda la Iglesia Católica y para la sociedad en que vivimos.
 
26. Según las diversas realidades de los adultos mayores, la Iglesia debe ocuparse de ellos para acercarlos siempre más a Dios y para asistirlos y acompañarlos en las tan variadas circunstancias en que se pueden encontrar, privilegiando, por supuesto, a quienes se encuentran en situaciones de soledad, sufrimientos, pobreza y limitaciones serias en su salud. También están los adultos mayores en la calle, que viven ahí desamparados.
 
27. Por tener, generalmente, más tiempo libre los adultos mayores gozan así de muchas posibilidades para su santificación y una acción fecunda en la Iglesia. Aun los que están en muy tristes condiciones de su salud. Como decíamos anteriormente, en la Iglesia no hay jubilados, y un enfermo que sufre tiene una especial cercanía de Jesucristo Nuestro Señor (Mt. 25,36) y de eso hay que hacerlos conscientes. En la experiencia de la Iglesia se encuentran tan hermosos ejemplos de adultos mayores inválidos, muy limitados, y que ofrecen sus dolores y oraciones, continuamente, al Señor por intenciones muy queridas de la Iglesia. Son verdaderos apóstoles. Ahí se ve cómo en tan difíciles circunstancias hay personas que ofrecen su sacrificio, compartiendo la Cruz de Cristo, haciendo un bien enorme a la Iglesia y a la sociedad. Aquí reside esa fuerza y reserva espiritual tan fecunda que tiene la Iglesia en el mundo de los adultos mayores.
 
28. La obligación de la Iglesia para asistir a los adultos mayores en etapas ya muy decisivas de la vida de ellos, como en la enfermedad, invalidez y cercanía de la muerte está en lo que dice Jesús: " ...estuve enfermo y me visitasteis..." (Mt. 25,36). Vemos que Jesús se identifica con el enfermo. Y cuando hay etapas límites, cercanía de la muerte, hay que alentar al que sufre recordándole que Jesús dio El mismo su vida por nosotros y que la muerte es un tránsito de ésta a la otra vida, a la vida eterna, y que El nos ha prometido resucitarnos. Y aquí entra muy decisivamente alentar la vida eucarística del cristiano; "...Yo soy el pan de vida" (Jn. 6,48), y "... quien coma de este pan vivirá eternamente... y yo le resucitaré en el último día" (Jn. 6,51 y 54). De esta manera se hace posible vivir con esperanza nuestra fe y todos nos ayudamos mutuamente asistiendo a esos hermanos en tales momentos de su vida.
 
29. La Iglesia también impulsa a los laicos a trabajar, además de hacerlo en instituciones católicas, en todas otras instancias que se ocupen de servir y acompañar a los adultos mayores. Hay instituciones civiles o de iniciativa de otros laicos que trabajan en este campo social. La presencia de católicos en dichas instancias es muy importante y están cumpliendo con un deber social de la Iglesia.

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