En el Año del Espíritu Santo

CAPÍTULO 14


[1]. Un sábado Jesús fue a comer a la casa de uno de los fariseos más importantes, y ellos lo observaban. [2]. Por casualidad había delante de él un hombre que sufría de hinchazón. [3]. Jesús preguntó a los maestros de la Ley y a los fariseos: "¿Está permitido por la Ley curar en día sábado o no?" [4]. Pero ninguno respondió. Jesús entonces se acercó al enfermo, lo curó y lo despidió. [5]. Después les dijo: "Si a uno de ustedes se le cae su burro o su buey en un pozo en día sábado, "acaso no va en seguida a sacarlo?" [6]. Y no pudieron contestarle.
 
LOS PRIMEROS ASIENTOS
 
[7]. Jesús notó que los invitados trataban de ocupar los puestos de honor, por lo que les dio esta lección: [8]. "Cuando alguien te invite a un banquete de bodas, no escojas el mejor lugar. Puede ocurrir que haya sido invitado otro más importante que tú, [9]. y el que los invitó a los dos venga y te diga: Deja tu lugar a esta persona. Y con gran vergüenza tendrás que ir a ocupar el último lugar.
[10]. Al contrario, cuando te inviten, ponte en el último lugar y así, cuando llegue el que te invitó, te dirá: Amigo, ven más arriba. Esto será un gran honor para ti ante los demás invitados. [11]. Porque el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado."
[12]. Jesús dijo también al que lo había invitado: "Cuando des un almuerzo o una comida, no invites a tus amigos, hermanos, parientes o vecinos ricos, porque ellos a su vez te invitarán a ti y así quedarás compensado. [13]. Cuando des un banquete, invita más bien a los pobres, a los inválidos, a los cojos y a los ciegos. [14]. ¡Qué suerte para ti, si ellos no pueden compensarte! Pues tu recompensa la recibirás en la resurrección de los justos."
 
LOS INVITADOS QUE SE EXCUSAN
 
[15]. Al oír estas palabras, uno de los invitados le dijo: "Feliz el que tome parte en el banquete del Reino de Dios."
[16]. Jesús respondió: "Un hombre dio un gran banquete e invitó a mucha gente. [17]. A la hora de la comida envió a un sirviente a decir a los invitados: "Vengan, que ya está todo listo." [18]. Pero todos por igual comenzaron a disculparse. El primero dijo: "Acabo de comprar un campo y tengo que ir a verlo; te ruego que me disculpes." [19]. Otro dijo: "He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego que me disculpes." [20]. Y otro dijo: "Acabo de casarme y por lo tanto no puedo ir."
[21]. Al regresar, el sirviente se lo contó a su patrón, que se enojó. Pero dijo al sirviente: "Sal en seguida a las plazas y calles de la ciudad y trae para acá a los pobres, a los inválidos, a los ciegos y a los cojos." [22]. Volvió el sirviente y dijo: "Señor, se hizo lo que mandaste y todavía queda lugar." [23]. El patrón entonces dijo al sirviente: "Vete por los caminos y por los límites de las propiedades y obliga a la gente a entrar hasta que se llene mi casa. [24]. En cuanto a esos señores que había invitado, yo les aseguro que ninguno de ellos probará mi banquete."
 
LO QUE CUESTA SEGUIR A JESÚS
 
[25]. Caminaba con Jesús un gran gentío. Se volvió hacia ellos y les dijo: [26]. "Si alguno quiere venir a mí y no se desprende de su padre y madre, de su mujer e hijos, de sus hermanos y hermanas, e incluso de su propia persona, no puede ser discípulo mío. [27]. El que no carga con su propia cruz para seguirme luego, no puede ser discípulo mío.
[28]. Cuando uno de ustedes quiere construir una casa en el campo, ¿no comienza por sentarse y hacer las cuentas, para ver si tendrá para terminarla? [29]. Porque si pone los cimientos y después no puede acabar la obra, todos los que lo vean se burlarán de él [30]. diciendo: ¡Ese hombre comenzó a edificar y no fue capaz de terminar!
[31]. Y cuando un rey parte a pelear contra otro rey, ¿no se sienta antes para pensarlo bien? ¿Podrá con sus diez mil hombres hacer frente al otro que viene contra él con veinte mil? [32]. Y si no puede, envía mensajeros mientras el otro está aún lejos para llegar a un arreglo. [33]. Esto vale para ustedes: el que no renuncia a todo lo que tiene, no podrá ser discípulo mío.
[34]. La sal es una cosa buena, pero si la sal deja de ser sal, ¿con qué se la salará de nuevo? [35]. Ya no sirve para el campo ni para estiércol; se la tirará fuera. Escuchen, pues, si tienen oídos."


En el Año del Espíritu Santo