En el Año del Espíritu Santo

CAPÍTULO 10


JESÚS ENVÍA A LOS SETENTA Y DOS DISCÍPULOS
 
[1]. Después de esto, el Señor eligió a otros setenta y dos discípulos y los envió de dos en dos delante de él, a todas las ciudades y lugares adonde debía ir. [2]. Les dijo: "La cosecha es abundante, pero los obreros son pocos. Rueguen, pues, al dueño de la cosecha que envíe obreros a su cosecha. [3]. Vayan, pero sepan que los envío como corderos en medio de lobos. [4]. No lleven monedero, ni bolsón, ni sandalias, ni se detengan a visitar a conocidos.
[5]. Al entrar en cualquier casa, bendíganla antes diciendo: La paz sea en esta casa. [6]. Si en ella vive un hombre de paz, recibirá la paz que ustedes le traen; de lo contrario, la bendición volverá a ustedes. [7]. Mientras se queden en esa casa, coman y beban lo que les ofrezcan, porque el obrero merece su salario.
[8]. No vayan de casa en casa. Cuando entren en una ciudad y sean bien recibidos, coman lo que les sirvan, [9]. sanen a los enfermos y digan a su gente: El Reino de Dios ha venido a ustedes.
[10]. Pero si entran en una ciudad y no quieren recibirles, vayan a sus plazas y digan: [11]. Nos sacudimos y les dejamos hasta el polvo de su ciudad que se ha pegado a nuestros pies. Con todo, sépanlo bien: el Reino de Dios ha venido a ustedes. [12]. Yo les aseguro que, en el día del juicio, Sodoma será tratada con menos rigor que esa ciudad.
[13]. ¡Pobre de ti, Corazaín! ¡Pobre de ti, Betsaida! Porque si los milagros que se han hecho en ustedes se hubieran realizado en Tiro y Sidón, hace mucho tiempo que sus habitantes habrían hecho penitencia, poniéndose vestidos de penitencia, y se habrían sentado en la ceniza. [14]. Con toda seguridad Tiro y Sidón serán tratadas con menos rigor que ustedes en el día del juicio. [15]. Y tú, Cafarnaún, ¿crees que te elevarás hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el lugar de los muertos.
[16]. Quien les escucha a ustedes, me escucha a mí; quien les rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado."
 
JESÚS DA GRACIAS AL PADRE
 
[17]. Los setenta y dos discípulos volvieron muy contentos, diciendo: "Señor, hasta los demonios nos obedecen al invocar tu nombre." [18]. Jesús les dijo: "Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. [19]. Miren que les he dado autoridad para pisotear serpientes y escorpiones y poder sobre toda fuerza enemiga: no habrá arma que les haga daño a ustedes. [20]. Sin embargo, alégrense no porque los demonios se someten a ustedes, sino más bien porque sus nombres están escritos en los cielos."
[21]. En ese momento Jesús se llenó del gozo del Espíritu Santo y dijo: "Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las has dado a conocer a los pequeñitos. Sí, Padre, pues tal ha sido tu voluntad. [22]. Mi Padre ha puesto todas las cosas en mis manos; nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre; nadie sabe quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera dárselo a conocer."
[23]. Después, volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos: "¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven! [24]. Porque yo les digo, que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven, y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron."
 
EL BUEN SAMARITANO
 
[25]. Un maestro de la Ley, que quería ponerlo a prueba, se levantó y le dijo: "Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?" [26].Jesús le dijo: "¿Qué está escrito en la Escritura? ¿Qué lees en ella?" [27]. El hombre contestó: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y amarás a tu prójimo como a ti mismo." [28]. Jesús le dijo: "¡Excelente respuesta! Haz eso y vivirás." [29]. El otro, que quería justificar su pregunta, replicó: "¿Y quién es mi prójimo?"
[30]. Jesús empezó a decir: "Bajaba un hombre por el camino de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos bandidos, que lo despojaron hasta de sus ropas, lo golpearon y se marcharon dejándolo medio muerto.
[31]. Por casualidad bajaba por ese camino un sacerdote; lo vió, tomó el otro lado y siguió. [32]. Lo mismo hizo un levita que llegó a ese lugar: lo vio, tomó el otro lado y pasó de largo.
[33]. Un samaritano también pasó por aquel camino y lo vio; pero éste se compadeció de él. [34]. Se acercó, curó sus heridas con aceite y vino y se las vendó; después lo montó sobre el animal que él traía, lo condujo a una posada y se encargó de cuidarlo. [35]. Al día siguiente sacó dos monedas y se las dio al posadero diciéndole: "Cuídalo, y si gastas más, yo te lo pagaré a mi vuelta."
[36]. Jesús entonces le preguntó: "Según tu parecer, ¿cuál de estos tres fue el prójimo del hombre que cayó en manos de los salteadores?" [37]. El maestro de la Ley contestó: "El que se mostró compasivo con él." Y Jesús le dijo: "Vete y haz tú lo mismo."
 
MARTA Y MARÍA
 
[38]. Siguiendo su camino, entraron en un pueblo, y una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. [39]. Tenía una hermana llamada María, que se sentó a los pies del Señor y se quedó escuchando su palabra. [40]. Mientras tanto Marta estaba absorbida por los muchos quehaceres de la casa. A cierto punto Marta se acercó a Jesús y le dijo: "Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para atender? Dile que me ayude."
[41]. Pero el Señor le respondió: "Marta, Marta, tú andas preocupada y te pierdes en mil cosas: [42]. una sola es necesaria. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada."


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