Descargar Archivo (PDF)

Homilía Te Deum Fiestas Patrias 2021

“Chile, país de hermanos”

Fecha: Sábado 18 de Septiembre de 2021
Pais: Chile
Ciudad: Punta Arenas
Autor: Mons. Bernardo Bastres Florence

Estamos esta mañana nuevamente, en nuestro Templo Catedral, testigo del caminar de nuestra vida y de nuestra historia. Hoy, guardando las medidas sanitarias, queremos una vez más, dar gracias a Dios por nuestra Patria, en estos doscientos once años de su independencia. Queremos agradecer todos los beneficios y progresos que, como nación, hemos ido conquistando con la ayuda del Señor.

Hemos vivido un tiempo, que nos ha golpeado en diversos sentidos, y que nos invita a reconocer la dignidad de cada persona; esto nos puede hacer renacer a todos a un deseo de hermandad. Nos invita a soñar un único país, en el que caminando juntos, como hijos de esta misma tierra que nos cobija, vivamos en una profunda hermandad.

Estos largos meses de pandemia, han sido una ocasión para experimentar también lo mejor de nosotros. Hemos visto multiplicarse, por todos lados, expresiones de acogida y solidaridad hacia aquellos que más han sufrido. Como Iglesia, agradecemos al Señor todo el bien que hemos podido realizar, gracias a la colaboración de tantas personas e instituciones, comerciantes y empresas, lo cual nos ha permitido llevar ayuda a más de ochocientos hogares, asistiendo y acompañando a personas vulnerables y de la tercera edad. Al mismo tiempo, hemos podido consolar y dar esperanza cristiana, a aquellos que perdieron a un ser querido.

Agradecemos la generosa benevolencia de tantas instituciones que han confiado en nuestro servicio, lo cual nos ha permitido compartir lo recibido no solo en nuestro ámbito eclesial, sino también con diversas juntas de vecinos y con grupos de personas generosas que han preparado alimento para sus vecinos.

El valor de la solidaridad y generosidad, se ha hecho palpable entre nosotros, y la voz profética del Padre Hurtado, que nos invitó a “dar hasta que duela”, ha reflejado lo mejor del corazón del magallánico.

La parábola del Evangelio que hemos escuchado, es tan diferente al antiguo relato bíblico de Caín y Abel en el que la relación entre los hermanos es destruida por el pecado. Allí, frente a la pregunta que Dios hace a Caín acerca de su hermano, éste responde con una ruptura y egoísmo que hasta hoy nos hace mal escucharlo: “¿acaso yo soy guardián de mi hermano?”. De ese modo se justifica la indiferencia como única respuesta posible y crea una cultura centrada en el individualismo donde el otro vale en la medida que viene a satisfacer nuestras necesidades o servir a nuestros intereses particulares.

El año pasado, el Papa Francisco escribió una hermosa carta sobre la fraternidad y la amistad social, Fratelli Tutti , que nos puede acompañar en nuestra reflexión.

Es una carta, que recoge el sufrimiento y la vulnerabilidad que hemos vivido, durante la pandemia del coronavirus, la cual nos reveló las falsas seguridades que creíamos poseer en nuestra sociedad .

1.- Un maestro de la Ley… le preguntó a Jesús: “Maestro, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?”

La vida eterna, no es solo la esperanza en el futuro, que el Señor promete al ser humano después de esta vida, sino que es conocer al Padre y a su Hijo, que nos invita a vivir desde ahora, en el presente, la plenitud para la cual nos hemos sido creados por Dios. Por ello, Jesús habla de las dos dimensiones inseparables del amor para alcanzar la vida en plenitud: el amor a Dios y el amor al prójimo.

En las tradiciones judías, el imperativo de amar y cuidar al otro parecía restringirse a las relaciones entre los miembros de una misma nación. El antiguo precepto “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lev 19,18) se entendía ordinariamente como referido a los connacionales. Sin embargo, en el Nuevo Testamento, este llamado es universal, tiende a abarcar a todos, sólo por su condición humana, porque, el Padre celestial “hace salir el sol sobre malos y buenos” (Mt 5,45), sino porque Jesús nos invita a ser “misericordiosos, así como el Padre de nosotros es misericordioso” (cf. Lc 6,36).

En este aniversario patrio, la invitación que nos formula el Señor, es trabajar para que, en Chile, todos sus hijos e hijas tengamos plenitud de vida. La plenitud de la vida no es sólo el problema económico y social, sino que es todo aquello que manifiesta la riqueza del ser humano: lo espiritual, intelectual, el sentido ético, lo laboral, familiar, cultural, deportivo, en definitiva, el gozo de sabernos hijos de Dios y hermanos entre nosotros.

2.- Jesús le preguntó a su vez: “Qué está escrito en la Ley?, ¿qué lees en ella?

El maestro de la ley, recurre a sus raíces judías, a la ley dada por Dios a Moisés, para poder entregar su respuesta diciendo: “amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente, y al prójimo como a ti mismo”.

En nuestra época, en la nueva cultura que se está fraguando, una de sus debilidades, es desconocer su tradición, sus raíces, dejando paso a que le arrebaten el alma y pierda, junto con su fisonomía espiritual, su consistencia ética y, finalmente, su independencia ideológica, económica y política .

La nueva cultura, para avanzar en sus principios e ideologías, tiende a sembrar la desesperanza y suscitar la desconfianza constante, aun afirmando la defensa de algunos valores. Así, se utiliza el mecanismo político de exasperar, exacerbar y polarizar. Por diversos caminos se niega a otros el derecho a existir y a opinar, y para ello se acude a la estrategia de descalificarlos, sospechar de ellos, cercarlos. No se recoge su parte de verdad, sus valores, y de este modo la sociedad se empobrece y se reduce al dominio del más fuerte.

En esa lógica, se alienta también una pérdida del sentido de la historia. Se advierte la penetración cultural de una especie de “deconstruccionismo”, donde la libertad humana pretende construirlo todo desde cero. Deja en pie únicamente la necesidad de satisfacer las propias necesidades en un exagerado individualismo.

A este respecto el Papa Francisco recuerda un consejo que dio a los jóvenes: “si una persona les hace una propuesta y les dice que ignoren la historia, que no recojan la experiencia de los mayores, que desprecien todo lo pasado y que sólo miren el futuro que ella les ofrece.. Esa persona los necesita vacíos, desarraigados, desconfiados de todo, para que sólo confíen en sus promesas y se sometan a sus planes. Así funcionan las ideologías de distintos colores, que destruyen —o de-construyen— todo lo que sea diferente y de ese modo pueden reinar sin oposiciones. Para esto necesitan jóvenes que desprecien la historia, que rechacen la riqueza espiritual y humana que se fue transmitiendo a lo largo de las generaciones, que ignoren todo lo que los ha precedido” .

La política ya no es así una discusión sana sobre proyectos a largo plazo para el desarrollo de todos y el bien común, sino sólo recetas inmediatistas de marketing que encuentran en la destrucción del otro el recurso más eficaz. En este juego mezquino de las descalificaciones, el debate es manipulado hacia el estado permanente de cuestionamiento y confrontación .

Debemos trabajar por el concepto de “ciudadanía”, que “se basa en la igualdad de derechos y deberes bajo cuya protección todos disfrutan de la justicia. Por esta razón, es necesario comprometernos para establecer en nuestra sociedad el concepto de plena ciudadanía y renunciar al uso discriminatorio de la palabra minorías, que trae consigo las semillas de sentirse aislado e inferior; prepara el terreno para la hostilidad y la discordia y quita los logros y los derechos religiosos y civiles de algunos ciudadanos al discriminarlos” .

3.- El maestro de la Ley, queriendo justificarse, le volvió a preguntar: “¿Quién es mi prójimo?”. Entonces Jesús le dijo: “Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó…”

Jesús cuenta que había un hombre herido, tirado en el camino, que había sido asaltado. Pasaron varios a su lado pero huyeron, no se detuvieron. Eran personas con funciones importantes en la sociedad, que no tenían en el corazón el amor por el bien común. No fueron capaces de perder unos minutos para atender al herido o al menos para buscar ayuda. Uno se detuvo, le regaló cercanía, lo curó con sus propias manos, puso también dinero de su bolsillo y se ocupó de él. Sobre todo, le dio algo que en este mundo ansioso es mezquino: le dio su tiempo .

Estamos invitados a mirar el modelo del buen samaritano. Es un texto que nos invita a que resurja nuestra vocación de ciudadanos del propio país y del mundo entero, constructores de un nuevo vínculo social. Con sus gestos, el buen samaritano reflejó que “la existencia de cada uno de nosotros está ligada a la de los demás: la vida no es tiempo que pasa, sino tiempo de encuentro” .

La parábola nos muestra con qué iniciativas se puede rehacer una comunidad a partir de hombres y mujeres que hacen propia la fragilidad de los demás, que no dejan que se erija una sociedad de exclusión, sino que se hacen prójimos y levantan y rehabilitan al caído, para que el bien sea común. Al mismo tiempo, nos revela una característica esencial del ser humano, muchas veces olvidada: hemos sido hechos para la plenitud que sólo se alcanza en el amor. No es una opción posible vivir indiferentes ante el dolor, no podemos dejar que nadie quede “a un costado de la vida .

3.1.- Para poder atender al que se encuentra al lado del camino, necesitamos recordar que aquellos que tenemos responsabilidades en la sociedad y de manera especial el mundo político, no debemos olvidar o menos valorar la dimensión ética de nuestra responsabilidad social.

Es urgente, que en el momento presente, el mundo político recupere su autoridad moral, que la administración pública se defina como hombres y mujeres que sirven con transparencia y probidad, que ejercen su autoridad con responsabilidad y cuidan los recursos con las virtudes que favorecen el espíritu de servicio, entre ellos: la paciencia, modestia, moderación, caridad y generosidad. Una autoridad ejercida por personas capaces de asumir auténticamente como finalidad de su acción el bien común y no el prestigio o el logro de ventajas personales .

Entre las deformaciones del sistema democrático, la corrupción política es una de las más graves porque traiciona al mismo tiempo los principios de la moral y las normas de la justicia social; compromete el correcto funcionamiento del Estado, influyendo negativamente en la relación entre los gobernantes y los ciudadanos; introduce una creciente desconfianza respecto a las instituciones públicas, causando un progresivo menosprecio de los ciudadanos por la política y sus representantes, con el consiguiente debilitamiento de las instituciones.

3.2.- Cuidar y fomentar nuestra “alma nacional”, es tarea de todos, no podemos renunciar a la fuerza de nuestra identidad cultural, de nuestras tradiciones republicanas, patrióticas y religiosas. Estamos llamados a cuidar nuestros símbolos patrios, que nos ayudan en nuestro ser chileno y nos hacen vibrar ante distintas situaciones, como las catástrofes naturales, las fiestas, nuestra historia, los desafíos deportivos, la representación internacional, etc.

Es imperioso, que todos trabajemos para que nuestro país, cuyo origen ha sido siempre multiétnico, integre y respete a los que han llegado a nuestra tierra buscando una nueva vida. La multiculturalidad es una de las riquezas que han formado parte de nuestra identidad nacional y que hoy algunos quieren desconocer. Nuestra tierra, ha sido un lugar de encuentro, y deseamos que Chile siga siendo un país de hermanos.

Una patria donde se encuentren los ancianos y los jóvenes, los obreros y empresarios, los civiles y uniformados, los pueblos originarios con los mestizos y emigrantes, los que profesan distintas opciones ideológicas, políticas, religiosas, culturales y sociales.

Una Patria de encuentro entre los fundamentos de nuestro pasado y los sueños de futuro. Una Patria de encuentro, en que los enfrentamientos del pasado reciente, den paso a proyectos comunes sin excluidos ni exclusiones.

3.3.- Detenernos al lado del camino, para descubrir a personas con rostro concreto, que necesitan de nuestro amor y solidaridad.

Los desechados del camino tienen diversos rostros. Son los ancianos, aquellos que poco a poco van siendo los marginados de sus familias y de la sociedad. Esto lo pudimos apreciar, cuando nos correspondió asumir la residencia del adulto mayor Juan Pablo II, muchos hablaron y se interesaron del problema, pero a la hora de asumir responsabilidades, solo nuestra Iglesia por ser fiel al Señor, lo asumió. Y ahora, con la generosidad de muchos y de las comunidades cristianas llevamos adelante este servicio. Son ignorados, tanto por organismos gubernamentales y como por el mundo político.

Lo mismo sucede con los niños vulnerables, llevan años esperando la nueva ley que les otorgue mejor protección y cuidado. Se les habla mucho de derechos que ciertamente les corresponden, pero no se les educa e inserta en la sociedad para que sean personas que aporten al desarrollo de la patria.

La naturaleza, que es nuestro medio ambiente, nos pide trabajar para cuidarla, pues el mundo y nuestro país es la “casa común”, que el Creador nos ha regalado. En ella vemos reflejado la grandeza y la miseria del ser humano. Son siempre los más pobres quienes sufren las consecuencias de su mal manejo y de la contaminación ambiental .

Somos un país, de migrantes. Ahora vivimos una migración de hermanos que vienen de países latinoamericanos que, por situaciones económicas y políticas, han debido abandonar sus países y los vemos llegar a nuestra tierra buscando una mejor calidad de vida. Nuestro desafío esta integrarlos, eliminar nuestros prejuicios y hacer que ellos sientan que en “Chile quieren al amigo cuando es forastero”.

4.- Una vez más la Patria nos demanda nuestra responsabilidad cívica en las próximas elecciones del 21 de noviembre, allí acudiremos con responsabilidad y emitiendo nuestro voto con clara conciencia de estar colaborando en la obra del Reino de Dios.

Desde los albores de nuestra Independencia, la Virgen del Carmen, ha estado siempre presente en nuestra historia, a Ella una vez más encomendamos lo que somos y tenemos; nuestros hogares, escuelas y oficinas; nuestras fábricas, estadios y rutas; el campo, las pampas, las minas y el mar.

Que Ella nos enseñe a conquistar el verdadero progreso, que es construir una gran nación de hermanos donde cada uno tenga pan, respeto y alegría.

A Dios sea el Honor y la Gloria, y nosotros aclamamos: ¡Te Deum laudamus… te alabamos, Señor! Amén.

+ Bernardo Bastres Florence
Obispo de Punta Arenas