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Rancagua

Homilía Te Deum 2021 - Catedral de Rancagua

Fecha: Sábado 18 de Septiembre de 2021
Pais: Chile
Ciudad: Rancagua
Autor: Mons. Guillermo Vera Soto

Muy queridos hermanos y hermanas: esta mañana en la Catedral de nuestra heroica ciudad, la fe y la Patria nos reúnen.

Cada 18 de septiembre, al celebrarse el cumpleaños de Chile, entre sus significativos actos, destaca el TE DEUM, que desde los comienzos de la Patria se ha realizado sin interrupción.
En este año 2021 marcado todavía con el dolor que la pandemia nos ha producido, pero también con la esperanza de que logaremos superarla, algo que la primavera que renace parece augurar; porque somos un pueblo que en su inmensa mayoría cree en Dios, levantamos a Él nuestra mirada y le presentamos una oración de súplica llena de confianza. Por eso, que bueno que estemos aquí reunidos y unidos a tantos hermanos y hermanas, que nos ven y escuchan a través de los medios de comunicación.

Acabamos de escuchar un hermoso texto de la Escritura tomado del AT, donde se nos relata un momento de la historia del pueblo de Israel, aquejado por muchos males y carencias que lo tenían postrado, frágil y pobre. En la fe encuentra una luz de esperanza y es capaz de rezar con estas palabras que el profeta Habacuc proclama: “Aunque la higuera no echa yemas, y las viñas no tienen fruto, aunque el olivo olvida su aceituna y los campos no dan cosechas, aunque se acaban las ovejas en el redil y no quedan vacas en el establo, yo exultaré con el Señor”. Sin duda la situación era difícil, trágica, pero ese pueblo necesitaba seguir caminando y podía testimoniar que por su confianza en Dios era capaz de sacar fuerzas y por eso el profeta podía seguir rezando: “El Señor soberano es mi fuerza, él me da piernas de gacela y me hace caminar por las alturas”. Cuando se tiene al Señor al lado es posible proseguir la vida en los momentos oscuros y adversos, sin perder la esperanza.

Estos años 2020-21, han sido difíciles para todos. Una pandemia que era imposible imaginar nos cubrió de angustia, dolor, muerte, inseguridad y temor. Incertidumbres han albergado en nuestros corazones, pero también nobles iniciativas e ímprobos esfuerzos han surgido para hacer frente a la pandemia y vencerla. Muchas veces este trabajo se ha hecho invocando el Nombre del Señor pidiendo su luz y su fuerza. Lo hemos escuchado en la boca de nuestras autoridades y así ha surgido del corazón de todos los creyentes en nuestra Patria, que, gritando como los apóstoles en medio de la tempestad en sus miedos, hemos clamado “Señor, sálvanos”.

A veces, a pesar de nuestra fe, en momentos duros puede surgir de nuestro interior como un reproche: “Por qué Dios no hace algo”, la respuesta de Dios es: “Te hice a ti”
Que Dios no nos ha dejado en medio de la tempestad, se ha puesto de manifiesto en el trabajo de tantos que no han parado de servir. A las autoridades les ha correspondido tomar decisiones difíciles, no siempre entendidas, cuestionadas, pero sin duda tomadas con el afán de responder a problemas urgentes, en medio de una tempestad que a todos nos mareaba y que iba dejando muertos y sembrando dolor.

Damos gracias a Dios por el trabajo de las autoridades, al señor Presidente y Ministros, Intendentes, Gobernadores, Alcaldes, Fuerzas Armadas y de Orden, a todos sus colaboradores, que no han dejado de servir y de procurar hacer sentir a la gente que no estamos a la deriva, sino todos en el mismo barco buscando el ansiado puerto de esa nueva normalidad que tendremos que construir.

Junto al trabajo de las autoridades, reconocemos una vez más hoy y agradecemos, el trabajo incansable, sufrido, valiente, de los médicos y todo el personal de salud, que han estado en la brecha, enfrentando la muerte, y arrancando de sus manos a muchos compatriotas. Chile no debe olvidar cuanta generosidad y heroísmo se ha vivido en nuestros hospitales. Dios bendiga a quienes hicieron del cuidado a la vida, su vocación.

Hoy miramos a toda nuestra Comunidad, chilenos y chilenas que en medio de tanta desventura han procurado tratar de responder a lo que se nos pedía y más allá buscando como servir. ¡Cuántas iniciativas han surgido! ¡cuántos jóvenes y adultos trabajando! ¡Grupos de Iglesias y de Vecinos sirviendo!: ollas comunes, comedores solidarios, atención a los más vulnerables, en fin, la caridad fraterna se ha desplegado de múltiples maneras y es algo por lo cual debemos estar agradecidos.

En medio de la tempestad hemos sabido caminar como decía el profeta con piernas de gacela, es decir con prontitud, respondiendo así a tantas necesidades. Quiera Dios que este espíritu nos siga acompañando entre las calmas y zozobras que la vida y la historia nos deparará.

Hoy, como país, recordamos a los hermanos y hermanas, fallecidos en esta pandemia, hasta ayer en nuestra región. Hermanos y hermanas que compartieron nuestra vida, que contribuyeron con su trabajo a la grandeza de esta patria; tantos de ellos adultos mayores, que, habiendo superado muchas dificultades en sus vidas, sus fuerzas no pudieron hacer frente a esta pandemia. Junto al dolor de su muerte, el dolor de sus familias de no haberlos podido despedir como acostumbramos en nuestra fe y cultura, sin duda esto es una herida grande en el corazón de Chile, por eso nos acordamos de ellos hoy, especialmente, les rendimos nuestro homenaje, y a Dios le decimos: “Señor, perdona sus faltas, toma en cuenta sus obras buenas y que a junto a Ti puedan gozar de la vida inmortal”.
Chile, nuestra amada Patria, sabe en su historia de momentos difíciles ante los cuales se ha sobrepuesto; situaciones duras, dolorosas a las cuales la naturaleza o nuestros egoísmos nos han enfrentado, pero del dolor y la contrariedad ha surgido fuerza, trabajo y generosidad para levantarnos. Hoy necesitamos de ese coraje.

El evangelio que hemos escuchado nos hablaba de un señor, propietario de una viña, que salió muy de mañana a buscar trabajadores, acordó con ellos su paga, luego salió a media mañana, a medio día, a media tarde, y al caer el sol y siempre encontró gente sin hacer nada, a los cuales invitaba a trabajar a su viña, que era grande y necesitaba de muchos operarios, todos los invitados aceptaron.

Pienso que en esta gran viña que es Chile, todos hemos de sentir nuestra cuota de responsabilidad al trabajar por su grandeza. En la tarea que tenemos por delante nadie puede abstenerse o no sentirse convocado. Hoy hemos de trabajar por Chile, tratando juntos de vencer la pandemia con el cuidado y responsabilidad que debemos continuar teniendo. Preocupándonos unos de otros. Llevando una vida sobria. Siendo fuertes en la adversidad. Procurando ayudar y servir a quien lo necesite siendo solidarios. Cuidando los trabajos, creando nuevos. Los jóvenes estudiando, y todos preocupándonos de nuestros niños y mayores, etc.

En la gran viña que es Chile tenemos trabajos pendientes y urgentes, pienso en el Conflicto de la Araucanía, donde sin duda se requiere un esfuerzo potente del Estado y de todos los ciudadanos involucrados para ayudar a buscar canales de entendimiento, y poder así arribar a soluciones acordes a la profundidad de la situación.

La Convención Constitucional y el escribir la nueva Carta Fundamental es un gran trabajo que vamos realizando. Como país estamos atravesando un proceso de participación inédito y que debe ser realizado en un ambiente de transparencia y confianza. El proceso elegido requiere caminos de escucha y discernimiento. Durante los próximos 9 meses estaremos debatiendo sobre los temas fundamentales que marcarán el camino de nuestra Patria por varias décadas. Hemos de estar atentos para hacer oír nuestra voz, con respeto hemos de manifestar lo que creemos bueno para Chile. La Convención requiere de nuestra oración y la participación en cuanto corresponda para incidir en el proceso que nos involucra como ciudadanos y como cristianos.

La pandemia nos ha hecho más pobres, los campamentos han aumentado, los precios de los consumos básicos han subido notablemente. Cuánta sabiduría han de tener las autoridades y ordenamiento nosotros los ciudadanos en nuestra manera de vivir, para buscar medidas creativas que permitan atender a las urgencias de las personas más vulnerables y frágiles y saber resguardar los bienes económicos para las futuras generaciones.

Porque Chile es tarea de todos que importante es podamos fortalecer las comunidades y organizaciones sociales y así con el compromiso de todos, sintiendo que el otro me pertenece y es mi hermano podamos lograr un pacto y cohesión social que son imprescindibles para nuestro progreso en paz, como nación.

Al pensar en nuestro país no podemos olvidar a quienes han visto en Chile y su gente como un lugar de esperanza y desarrollo.

Nos hemos vanagloriado de ser acogedores, hoy la realidad nos lleva a que no nos quedemos solo en la poesía de esta palabra, sino que la vivamos sabiendo acoger y respetar en sus derechos a quienes como migrantes llegan a compartir nuestra vida. Que ellos y ellas tengan la capacidad de respetar y cuidar nuestras propias tradiciones y costumbres y nos enriquezcan con las suyas y conformemos así el Chile que sin olvidar su pasado se proyecta a los tiempos nuevos.

Dentro de poco, estamos convocados para elecciones presidenciales, de diputados y senadores y de consejeros regionales, algo de lo cual hemos de participar con responsabilidad. Se nos invita a soñar el Chile que queremos construir, lo importante es que ese sueño tenga raíces en nuestra historia y en nuestra fe; una historia que hemos de reconocer, y en el cual Dios ha estado presente, no en vanos por generaciones hemos cantado: a Dios queremos en nuestras leyes en las escuelas y en el hogar, que esto no se nos olvide. Chile no es un papel en blanco por escribir es un libro que por siglos se viene escribiendo con trabajo, esfuerzo, encuentros, desencuentros, avances, retrocesos y que hoy las manos de todos debemos seguir escribiendo para el bien de esta y de las nuevas generaciones. Que el Chile que queremos sea grande en el respeto a la vida, en familias fuertes, en padres comprometidos con la formación valórica de sus hijos, en el respeto y aceptación de todos, en la fortaleza y la sobriedad de vida, en el espíritu de acogida, en el compromiso por el cuidado de la creación, que Chile sea grande en justicia, equidad y oportunidad para todos.

Hermanos, Hermanas: Celebremos nuestras Fiestas Patrias en estos tiempos no fáciles que vivimos, teniendo presente las palabras de San Pablo que ciertamente nos interpretan, decía el apóstol : “Estamos llenos de problemas, pero no sin salida, tenemos preocupaciones pero no estamos desesperados, derribados pero no aniquilados, no estamos abandonados” 2 Cor.4,8. Sí, la confianza de Pablo es la nuestra, porque nos apoyamos en el amor De Dios, porque creemos en la presencia cercana y materna de la Virgen que bajo su manto nos ampara y creemos en la fuerza del amor fraterno de un pueblo que entre el mar y la cordillera quiere caminar como decía el profeta: con piernas de gacela hacia las alturas.

Dios bendiga a Chile, la Virgen María del Carmen sea nuestro consuelo.

+ Guillermo Vera Soto
Obispo de Rancagua