Verdad, diálogo, amistad social | Monseñor Fernando Chomali, Arzobispo de Concepción en el Diario el Sur

Notable la Encíclica del Papa Francisco que acaba de ser publicada. Su nombre, Fratelli Tutti. Sus temas: el amor, la fraternidad humana, el diálogo, la amistad social, el trabajo, el bien común, el rol de las religiones y la unidad. Sus preguntas ¿qué es lo que impide un mundo a la altura de la dignidad humana, qué es lo que lo potencia?

 
Domingo 11 de Octubre de 2020
El Papa vuelve a invitarnos a construir desde el amor al prójimo, a la patria, a la humanidad y, por sobre todo, a la dignidad del ser humano –de todo ser humano, y de todos los seres humanos- , una sociedad más fraterna, más humana. Insiste que el individualismo, la falta de interés por los demás, y los vínculos meramente utilitaristas entre las personas y entre las comunidades, alejan al hombre de la posibilidad del encuentro con los demás. La dimensión social del hombre, como categoría antropológica fundante es un eje que vuelve repetidamente en esta carta pontificia. Dentro de sus páginas aparecen con fuerza la urgencia de promover el trabajo, como fuente indispensable de dignidad y forma sinigual para salir de la pobreza, de sentirse parte de un todo, y la política.

Hablemos de política. En estos tiempos aciagos que estamos viviendo, golpeados por la pandemia del coronavirus que ha dejado tantas personas muertas y heridas, que ha visto a tantas personas en la vera del camino, que ha sido testigo como los trabajos caen como piedras y los comedores fraternos y las ollas comunes despegan con fuerza, la pregunta por el quehacer de la política adquiere una relevancia mayor: ¿Por qué? Porque es imposible pensar en un mundo mejor -donde el desarrollo sea integral- sin una política adecuada. Con sus palabras: “para hacer posible el desarrollo de una comunidad mundial, capaz de realizar la fraternidad a partir de pueblos y naciones que vivan la amistad social, hace falta la mejor política puesta al servicio del verdadero bien común”. Ello implica terminar con los populismos y los liberalismos. Lo propio del populismo, y que tantas falsas expectativas crea, es el inmediatismo.

Lo propio del liberalismo, es hacer creer que la sociedad se basa en la mera suma de intereses que coexisten. Ambas posiciones son equivocadas porque no ponen al centro las necesidades reales de los más necesitados y no se basan en el amor como categoría fundante de la realidad humana y social. El Papa nos vuelve a recordar que hemos sido creados para el amor, que somos seres necesitados de amar y de ser amados, que el amor es una categoría que ha de estar – y puede estar- en la base de las decisiones a todo nivel y que es la fuente de una auténtica comunidad donde nos reconozcamos como hermanos. Todos hermanos, se llama la encíclica. Sin duda alguna que estamos frente a un proyecto político ambicioso, pero, usando palabras de Francisco, “todo esto podría estar colgado de alfileres, si perdemos la capacidad de advertir la necesidad de un cambio de los corazones humanos, en los hábitos y en los estilos de vida”. Ello implica terminar con una visión individualista de la vida y promover una educación que implique “el desarrollo de hábitos solidarios, la capacidad de pensar la vida humana más integralmente, la hondura espiritual”. Sin aquello no habrá calidad en las relaciones humanas.

Vale la pena leer esta encíclica, sobre todo en estos momentos en que Chile está viviendo de manera rápida y turbulenta grandes transformaciones sociales. No fuimos capaces de generar una mesa donde todos tengan qué comer. Más bien construimos una pista atlética donde – en medio de muchos codazos y zancadillas- muchos quedaron relegados.

Fuente: Comunicaciones Concepción
Concepción, 11-10-2020