25º Aniversario Fundación Nocedal: Testigos de un cambio

En agosto, mes de la solidaridad en Chile, se celebran los 25 años de la Fundación Nocedal, cuyos cuatro colegios en zonas periféricas de Santiago, ofrecen educación de calidad y formación cristiana. Tres testigos de su historia cuentan la huella que ha dejado en las familias de la población El Castillo y de Bajos de Mena.

 
Viernes 07 de Agosto de 2020

Animados por el beato Álvaro
La Fundación Nocedal -inserta en la población El Castillo de la Pintana y en el sector de Bajos de Mena, Puente Alto- es una iniciativa social del Opus Dei. Nació hace 25 años alentada por el Beato Álvaro Portillo. Durante los años que estuvo al frente de la Obra (1975-1994) aprovechaba sus visitas pastorales por el mundo para alentar la puesta en marcha de iniciativas sociales y educativas. Consideraba que una consecuencia natural de la preocupación por los pobres y por los enfermos debía ser la de “impulsar a promover o a participar en labores asistenciales, con las que se trate de remediar, de modo profesional, esas necesidades humanas y muchas otras”. A quienes fomentaban actividades de este género, don Álvaro los animaba a tener horizontes amplios y les daba sugerencias para hacerlas aún más fecundas.

De esta forma, un grupo de personas se unieron para crear una fundación que se orientara a mejorar la educación en sectores vulnerables. El desafío era instalar en lugares segregados de Santiago, colegios en los que se formara a los jóvenes con un sentido cristiano de la vida, conforme al carisma de la santificación del trabajo que recibió san Josemaría.

Un balón de oxígeno
La iniciativa tomó forma en 1996 con la inauguración del primero de los cuatro colegios que hoy tiene la fundación: el Colegio Nocedal. “Cuando me contaron del proyecto me encantó el desafío de enseñar y formar personas en un ambiente difícil. La posibilidad de poder cambiar vidas, mostrándoles a los chiquillos que afuera de la población hay un mundo que no tiene límites, me fascinó”, comenta Alberto Ortiz, actual Coordinador General del colegio y el docente más antiguo, con 23 años.

La fundación ha sido un motor de cambio para los alrededores de la población, tal como lo relata Marylen Rodríguez, precursora del Colegio Almendral: “Luego de que me llamaran tres veces para entrevistarme, en 1999 llegué al colegio recién inaugurado. Si me insistieron tanto, será de Dios, pensé”. Como la entrevista fue en un lugar que no era el colegio, quiso ir a conocerlo. “Lo primero que vi fueron los basurales y el colegio a medio terminar: Luego escuché a mi papá que me decía: ‘¡a dónde te fuiste a meter, tú no te vas a trabajar allá!’ Yo le dije que ya había dado mi palabra y que en marzo entraba a trabajar. Y aquí estoy hace 21 años, fascinada con lo que hago”, comenta riendo.

Marylen y Alberto concuerdan en que tanto los colegios que se encuentran en El Castillo como los más nuevos, Trigales y PuenteMaipo, ubicados en el sector de Bajos de Mena, han sido verdaderos pulmones que han llenado de oxígeno el lugar y que han cambiado la manera vida a cientos de personas. “No me cabe duda que el factor diferenciador no ha sido solo lo académico, sino los valores que inculcamos y que trascienden hasta las familias. Con el tiempo he visto los cambios que se han producido”, señala Alberto.
Es así como, por ejemplo, cada mes se trabaja con los alumnos una virtud. “Hace 21 años que lo hacemos. No se podría lograr sin que existieran profesores realmente comprometidos con el proyecto, quienes con dedicación van tratando de traspasar esos valores”, explica Marylen.

Testigo de un cambio
Quien ha vivido las dos caras de la moneda, primero como estudiante y luego como apoderado de tres niños, es Rodolfo Marcha. A sus 31 años es parte de la tercera generación de egresados del Colegio Nocedal.

“Viví una experiencia excelente en el colegio”. Señala que la parte valórica es excepcional y marca la diferencia, enfatizando cómo el colegio ha sido un factor de cambio para la población El Castillo. Recuerda con nostalgia momentos especiales, como cuando fue acólito o sus tiempos de atleta, en los que fue campeón comunal varias veces. Recalca, además, lo bien preparados que salen los alumnos en lo académico y en sus especialidades técnicas. “Yo egresé como electromecánico muy bien capacitado, porque me enseñaron a pensar y a descubrir los problemas. Eso me ha llevado a que hoy sea el administrador de un taller mecánico”, cuenta orgulloso.

¿El Opus Dei?
“Nunca había escuchado en mi vida el Opus Dei. Y poco a poco comencé a saber un poquito más. Lo primero que me llamó la atención fue ver a personas que quieren tanto a Dios. Esto de santificarse y poner a Dios en primer lugar no lo entendía”, señala Marylen. Agrega que tuvo la suerte de conocer gente muy buena, que poco a poco le fue mostrando el sentido de buscar la santidad por medio del trabajo bien hecho.

Por su parte, Alberto recuerda la primera vez que fue a la capilla; “en ese momento todavía el Santísimo estaba en una salita chiquita”. Recalca la libertad que hay en el colegio. “Hay alumnos que son de otras religiones y se les respeta absolutamente. Nosotros abordamos a Dios desde el punto de vista del ‘encantar’ más que del ‘obligar’.”
Quienes trabajan y han trabajado en los colegios de la Fundación Nocedal buscan ser y formar agentes de cambio. Tanto así, que Alberto señala: “Si hubiera dos Colegio Nocedal por comuna, Chile sería un país diferente”.

El lunes 10 de agosto a las 12.00 horas se celebrará en la Iglesia rectoral san Josemaría una misa de acción de gracias por los 25 años de la Fundación Nocedal. Se transmitirá a través de YouTube (pinche aquí) para quienes deseen unirse a ella.

Fuente: Comunicaciones Prelatura Opus Dei Chile
Santiago, 07-08-2020
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