Pasión, Muerte y Resurrección

En su artículo mensual publicado en el diario El Día, el Arzobispo René Rebolledo Salinas se refirió a estos días de Semana Santa.

 
Domingo 05 de Abril de 2020
El año pasado titulé este espacio Semana Santa, el 2018 Fieles se disponen a acompañar a Cristo en su misterio de Cruz y Resurrección, mientras el 2017 La Semana Santa: son los días más grandes en nuestro camino de fe. Este año Pasión, Muerte y Resurrección, obviamente de nuestro Señor, que entregó su vida entera por amor al Padre eterno y a nosotros, por nuestra salvación, como rezamos en el Credo. Son pequeños matices los utilizados para tener presente una sola realidad que vivimos especialmente en Semana Santa, los acontecimientos más importantes en la vida de nuestro Señor y, obviamente, los trascendentales en la vida de sus discípulos misioneros.

Hoy, domingo 5 de abril, celebramos unidos a la Iglesia en el mundo entero el Domingo de Ramos de la Pasión del Señor, dando inicio de este modo a la Semana Santa, o también conocida entre nosotros como la Semana Grande. Este año, desde diversos medios, se ha generado una hermosa iniciativa, poner un ramo visible en la fachada de nuestros hogares. En efecto, todas estas celebraciones las viviremos en familia, unidos a través de los medios de comunicación social con el templo Catedral o los parroquiales.

Este domingo evoca dos dimensiones que debemos tener presente. Por una parte, la alegría y el júbilo por las alabanzas que la multitud dirige al Señor en su entrada triunfal a la ciudad de Jerusalén, como oiremos de la lectura del evangelio de Mateo: la multitud, delante y detrás de Él, aclamaba: ¡Hosana al Hijo de David. Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosana en las alturas! (Mt 21, 9). Por la otra, las lecturas nos harán presente el drama de la cruz, gran misterio, sobre todo la pasión y muerte. En efecto, en la celebración litúrgica de este domingo, se contempla la entrada procesional y se lee el evangelio de la Pasión. El Señor inicia de este modo la última semana de su vida terrena manifestando total disposición a cumplir su misión, extender sus brazos en la cruz, muriendo en ella por amor al Padre Eterno y a todos nosotros. En cada santa Misa, hacemos memoria de este gran misterio de nuestra fe.

La vida de los discípulos misioneros del Señor comporta, en innumerables aspectos, cargar como Él con la cruz. Sin duda, jamás en la dimensión que Él ha asumido su propio camino de cruz, especialmente en el abandono, la crueldad, sin embargo, en nosotros con semejante dolor y sufrimiento.

Estamos ciertos, como nuestro Maestro, que el triunfo es de la vida, de la luz y la Pascua. Todas las celebraciones de esta semana y del entero año litúrgico, las vivimos efectivamente bajo esta perspectiva. Es la Pascua de Cristo, su triunfo y en Él, también el nuestro. Así lo evidencia la oración que hacemos este domingo: Dios todopoderoso y eterno, Tu mostraste a los hombres el ejemplo de humildad de nuestro Salvador, que se encarnó y murió en la cruz; concédenos recibir las enseñanzas de su Pasión, para poder participar un día de su gloriosa Resurrección (Oración Colecta, Eucaristía Domingo de Ramos).

El día Jueves Santo, Dios mediante, celebraremos la Misa Vespertina de la Cena del Señor. Concluimos el Tiempo de Cuaresma y damos comienzo al Triduo Pascual, que comprende los días viernes, sábado y domingo.

En la Misa Vespertina de la Cena del Señor, la comunidad cristiana hace memoria de la institución de la Eucaristía, del mandamiento del amor fraterno, como también de la institución del ministerio sacerdotal. Con particular solemnidad hacemos memoria de este entrañable misterio: el Señor Jesús, que bajo las especies de Pan y Vino, nos participa de su cuerpo entregado y de su sangre derramada, para que tengamos en Él vida abundante (Jn 10, 10).

El Viernes Santo dirigimos la mirada hacia la cruz de Cristo. En este día, como en el sábado, no hay Eucaristía. Se celebran, en efecto, junto con la del Domingo de Pascua, como un día único, o sea, la Eucaristía central es la Vigilia Pascual, en la que hacemos memoria de la entrega de Cristo en la cruz y celebramos su gloriosa Resurrección. Es el misterio grande, fundamental en la vida de nuestro Señor: su Pasión, Muerte y Resurrección.

En la Vigilia Pascual la Iglesia es convocada para velar junto al Señor y celebrar con Él su Pascua, paso de la muerte a la vida, para siempre, eternamente. Tanto la Cuaresma como estos días del Triduo Pascual nos han preparado para esta Vigilia, la que es también la puerta de entrada a la Cincuentena Pascual, 50 días festivos que nos conducirán a Pentecostés.

Esta Semana Santa, como hemos tenido la posibilidad de reflexionar, la viviremos muy unidos, aunque físicamente separados, a las hermanas y hermanos que están sufriendo, de un modo u otro, especialmente por el Covid-19. Tendremos presente en todos estos actos litúrgicos a sus parientes y amigos. Especial recuerdo por quienes han fallecido a causa de esta pandemia, que descansen en la paz del Señor. Él conceda a sus familiares el don de la fortaleza.

Celebraremos en estos días santos, todos los actos litúrgicos previstos, con excepción de la Misa Crismal en la que se bendicen los Óleos y se consagra el Crisma que se utilizan a lo largo del año en los bautizos, confirmaciones, unción de los enfermos y orden sagrado. Ésta santa Misa, que es muy solemne cada año, se celebrará en día y fecha que el Arzobispado comunicará oportunamente.

Todas estas celebraciones serán transmitidas por radio San Bartolomé y sus filiales, a través de Facebook en los fanpage de Revista Koinonía y RSB Chile, e igualmente por Radio América Televisión, señal abierta 49.

Saludo a todos deseándoles las bendiciones de Pascua. La invitación es que acojamos la vida que nos viene del Señor resucitado y que en su gracia podamos ser humildes mediaciones para compartirla con nuestras hermanas y hermanos de camino, especialmente con quienes están sufriendo.

Fuente: Comunicaciones La Serena
La Serena, 05-04-2020