Obispo Jorge Concha Cayuqueo: "Estamos viviendo en un tiempo de mayor paz a nivel de relaciones de la Iglesia"

A un año de su gestión en nuestra Iglesia local, el Administrador Apostólico de la Diócesis de Osorno, se reconoce agradecido con Dios y con la gente por la acogida tan grata que le han brindado desde el mismo día de su llegada; “me he sentido como parte de una fraternidad que es la Iglesia, como un hermano más”, resaltó el Obispo Jorge Concha Cayuqueo, y dijo que eso es fundamental para él, porque desde esa base asumió los desafíos que ya habían, los que hay, y aquellos nuevos que se han ido descubriendo con el paso del tiempo.

 
Viernes 14 de Junio de 2019
Ver Galería
También aseguró que, al haber sido destinado a esta provincia por el Papa Francisco, el 11 de junio del 2018, se vino confiado en el Señor y en la gente porque “Yo confío mucho en esa parte de bondad que hay en todo ser humano y en la posibilidad de encuentro con cada persona, con los grupos, y así ha sido”.

En el contexto de este proceso que se encuentra viviendo la Iglesia de Osorno, con el objetivo de trabajar por la Reconciliación y Comunión Eclesial para este año 2019, ¿Cómo ha sido su relación con los sacerdotes?, ¿cómo ha logrado esa unidad que existe en estos momentos en la diócesis, la tranquilidad que la gran mayoría hoy percibe?

Igualmente, con esa disposición y abertura, sin prejuicios, desprejuiciado con los hermanos sacerdotes, y también ha sido buena en general. Pero yo debo reconocer que es más difícil a veces el trabajar con el gremio más cercano, porque aparecen también las cosas, los cuestionamientos más profundos que tienen las miradas de cada uno, que al final se hieren como obstáculos.

Y de esos cuestionamientos, ¿cuáles han sido los más difíciles de enfrentar?

Los prejuicios de unos con otros. Mucho prejuicio también hacia las miradas del contexto que hay en el Episcopado, por ejemplo, o quizás ciertas desconfianzas de la mirada que tengo yo de las cosas. Pero creo que con acercamiento van poniéndose sobre la mesa esas miradas, esas apreciaciones y dejan de ser prejuicios.

Cuando usted habla de estos prejuicios en los fieles, en quienes conformamos la Iglesia de Osorno, imagino que se refiere a las personas mayores que pueden tener una visión más antigua, más rígida si se quiere, del modo de hacer Iglesia

No. Me he dado cuenta que no tiene que ver mucho con la edad. Más bien son las cosas más personales que se dan en diferentes momentos de la vida. Aquí lo personal a veces se transforma en un obstáculo para avanzar en mayor unidad, en mayor cercanía. Los problemas personales se dan en todas las personas, y eso a veces, causa un poco de dolor, cuando en los conflictos más personales no se nota un esfuerzo por superarlos.

¿Si hacemos memoria, cuando usted llegó a la Diócesis cómo la encontró pastoral y administrativamente?

El objetivo que me quedó muy claro de mi misión aquí como administrador, fue la de trabajar en la búsqueda de la paz, de la unidad, del acercamiento entre todos, y claro, yo me entregué a eso. Suscité el diálogo, escuché a mucha gente, visité a todas las comunidades, y siempre abierto a que hicieran preguntas y me puse a disposición de las personas. Con el paso del tiempo me di cuenta que no era esto suficiente, y que había que hacer más cosas, y una de las cosas que me quedó claro, es que la diócesis necesitaba de una estructura que la hiciera caminar pastoralmente.

Ahí sí, apareció la necesidad de reorganizar la pastoral, porque no se agota la misión con solo abuenar a la gente, sino que hay que hacerla caminar, y ponerle también objetivos específicos a lo que significa la evangelización; dar a conocer a Jesucristo, y para eso se necesita todavía, una Iglesia que esté organizada para que pueda cumplir con esa misión de la evangelización que tiene varios aspectos, desde lo social hasta lo sacramental.

Sí, la diócesis estaba decaída en términos de organización, y hemos tenido que ir lentamente y con no poca fatiga, revitalizando lo que alguna vez tuvo, y también poniendo novedad en algunas cosas porque la evangelización es un reto también para lo que sucede hoy día.

¿Y su relación con personas del movimiento de laicos, opositor a la gestión del Obispo Juan Barros, cómo se ha desarrollado?

Ha habido cercanía en algunos momentos y en otros no tanto, más con algunas personas que con otras. Me he dado cuenta de que yo agoto el tiempo con las comunidades en parroquias, capillas, en fin. Entonces no es porque no quiera, podría ser mejor mi diálogo con los distintos grupos que tuvieron más protagonismo en ese tiempo.

Durante este primer año como Administrador Apostólico de Osorno, ¿Qué ha sido lo más difícil?

Poner en movimiento la diócesis como yo quisiera. Por ejemplo; con mayor fluidez en varias cosas. Me gustaría tener un Área Social mucho más viva, pero significa contar con más recursos económicos que no los tenemos y también recursos humanos, aquí se hace casi todo con voluntariado y lo hay, pero es limitado.

También yo creo que podría ser mejor la cohesión del personal consagrado, y si bien hemos avanzado mucho en ello, con el 98%, pero yo soy de la idea de lograr el 100%.

Otras de las cosas difíciles de este año, ha sido que me cuesta entender que haya gente que no quiere ver los problemas serios que nos ha tocado vivir en el último tiempo como Iglesia. Es gente buena que sí se escandaliza con lo que pasa, pero es necesario identificar la raíz de los problemas que tenemos, esa lentitud para reconocerlo y concretamente para crecer más en conciencia de que el abuso en general nos ha hecho y nos seguirá haciendo muchísimo mal.

Ha sido un año intenso, donde los pasos que se han dado en las relaciones más humanas con sacerdotes, diáconos y con los fieles han dejado también sus frutos

Es indudable. El primer objetivo era lograr el acercamiento, que fue un esfuerzo y se notó. Tenemos que reconocer y agradecer que estamos viviendo en un tiempo de mayor paz a nivel de relaciones de la Iglesia, que no es suficiente por su puesto, pero así es. Los encuentros son de diálogo, de mutua acogida, y eso es lo más valioso, que podamos vivir como hermanos.

Quizás no lo valoramos mucho porque estamos muy sumergidos en un ambiente tan conflictivo y miramos en menos estas cosas que son importantes; poder vivir, celebrar, participar de la Misa en paz. El que nos saludemos a pesar de las diferencias es de un valor inmenso. Todo esto es fruto de un trabajo que se ha hecho y en el cual yo he sido uno más. Agradezco al clero, a los curas, a las personas que lo han hecho posible con voluntad y disposición, y a todos los fieles por sus oraciones.

Fuente: Comunicaciones Osorno
osorno, 14-06-2019