“El sacerdocio es de Cristo y de su Cuerpo, la Iglesia, para la construcción del Reino de Dios”

Señaló Mons. Pedro Ossandón, Administrador Apostólico de la Diócesis de Valparaíso en su homilía en la Misa Crismal que se celebró en Iglesia Catedral de Valparaíso.

 
Jueves 18 de Abril de 2019
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Cientos de fieles con mucho cariño y alegría se congregaron en la Iglesia Catedral de Valparaíso para la celebración de la Misa Crismal que fue presidida por Mons. Pedro Ossandón, Administrador Apostólico de la Diócesis de Valparaíso. En ella también estuvieron presentes el Cardenal Jorge Medina Estévez, Mons. Gonzalo Duarte, Obispo Emérito de Valparaíso, Mons. Javier Prado, Obispo Emérito de Rancagua, sacerdotes, religiosas, diáconos permanentes, seminaristas y estudiantes de la Escuela Diaconal Felipe Diácono.

Mons. Pedro Ossandón inició su homilía agradeciendo a los sacerdotes y hermanos obispos de la Iglesia de Valparaíso, por su testimonio de fe, comunión y entrega generosa en la misión evangelizadora. “En los pocos meses que sirvo en esta querida Diócesis, los he visto renovando su conversión y renovación pastoral. También hemos compartido penas y momentos de desolación y profundo dolor. Los he visto rezar en fraternidad sacerdotal y con devoción en el retiro del Clero de Lo Vásquez. Y en todas las ocasiones que nos encontramos doy gracias a Dios porque veo en cada uno de ustedes amor a Cristo, amor a la Iglesia y amor a los pobres. Dios los bendiga, son una buena noticia para el santo pueblo de Dios que peregrina en la Diócesis de Valparaíso”.

También agradeció a todos los fieles laicos, religiosas y diáconos que rezan, apoyan, cuidan y corrigen con respeto a cada uno de los sacerdotes. “Ellos saben que todos los cristianos llevamos este tesoro en vasijas de barro y juntos estamos aprendiendo a relacionarnos con renovado afecto y corresponsabilidad vocacional. Dios bendiga a todos los católicos y personas de buena voluntad que renuevan el sacerdocio común de los fieles en plena comunión con el sacramento del Orden sacerdotal. Somos todos iguales en dignidad bautismal con distintas vocaciones específicas en el único Cuerpo Místico de Cristo, la Iglesia santa de Dios”.

En su homilía, resaltó que el sacerdocio es sagrado y humilde, que los sacerdotes se reaniman en la oración y que la renovación del ministerio sacerdotal se realiza en la misión de Cristo.

El sacerdocio es sagrado y humilde

“El ministerio sacerdotal es un sacramento instituido por Jesús en la Iglesia y al servicio de la misión evangelizadora y solidaria del Reino de Dios. Es sagrado y lo recibimos por gracia, es un don de Cristo, el enviado del Padre y se sostiene y guía en el Espíritu Santo. Por tanto, no es de nuestra propiedad, ni tampoco está entregado a nuestra medida humana, ni menos a nuestro antojo o sentimientos del momento. No es una moda y no se amolda al mundo de las ideologías ni a los caprichos de la farándula”.

“Para no perder el norte, el mismo Jesús viene en nuestro auxilio como nuestro modelo y ejemplo. En Él fijamos la mirada porque Dios es el centro. Unidos a Cristo en la cruz, podremos fortalecer la amistad sacerdotal y la amabilidad en el servicio pastoral. ¡Qué alegría más grande cuando nos acercamos al otro desde la sencillez, sin prejuicios y siempre disponibles para el perdón y la reconciliación! Somos artesanos de la paz con un corazón reconciliado por la misericordia de Jesús”.

Los sacerdotes se reaniman en la oración

“Volvamos a cultivar una profunda vida interior, creciendo cada día en la vida en el Espíritu, porque es desde aquí que surge la pasión evangelizadora y de transformación del mundo. Todo esto lo aprendemos contemplando la vida de Jesús nacida y ofrecida precisamente en la oración”.

“Bien podríamos decir que para crecer en la gracia de la oración y del amor, el hábitat natural del ministerio sacerdotal se desarrolla en el trato de amistad con el Señor y en la familiaridad solidaria y evangelizadora con los pobres, los enfermos, los encarcelados, los migrantes, los abusados y por todos los postergados. Dejemos entonces que el sacerdocio que Jesús nos participa sea de Dios y de los pobres, sea santo y de total entrega de amor al prójimo. Así será perfecta nuestra alegría sacerdotal”.

La renovación del ministerio sacerdotal se realiza en la misión de Cristo

“el ministerio sacerdotal es fecundo y alegra el alma del sacerdote y del pueblo, cuando se deja tomar – configurar - por el triple ministerio de Jesús sacerdote, profeta y pastor. Enviados por Cristo para continuar su obra en la Iglesia apostólica y enviados a su vez por el Obispo como sus colaboradores, el sacerdote santifica, enseña y apacienta al santo Pueblo de Dios. Entonces, es en este servicio de Dios que aprendemos a enfrentar y superar las así llamadas crisis, tan propias de todo organismo vivo que crece”.

“cuando nos aislamos, no participamos activamente en el presbiterio unidos al Obispo y al santo pueblo de Dios, o peor aún, cuando nos enredamos en vanas discusiones, entonces deslavamos el anuncio evangélico y se nos endurece el corazón de angustia rabia y desesperanza. En cambio, todos somos testigos que cuando cultivamos con dedicación la comunión fraterna y solidaria, se embellece y fortalece el anuncio y el testimonio del servicio por el Reino de Dios y su justicia. Sopla con fuerza su Espíritu de comunión y santidad cuando nos dejamos tomar por el Señor, hacemos con Él la santa voluntad de Dios Padre unidos y en corresponsabilidad humilde. Cuando nos despojamos de nuestro interés egoísta, surge con la fuerza de la fe y del amor de Cristo su propia santidad que construye el Reino de Dios y su justicia”.

Finalizó su homilía, señalando que “Nosotros también como Iglesia de Valparaíso queremos seguir a Jesús y con Él renovar la comunidad eclesial para participar del milagro de reencontrarnos con la alegría del amor de Dios que nos hace hermanos y miembros de un pueblo santo. Pueblo que quiere aprender a caminar unidos para compartir con todos la fiesta de la misericordia, el perdón, la justicia y la paz que tanto anhelamos y nos comprometemos a trabajar”.

Tras la homilía, los sacerdotes renovaron sus promesas de ordenación sacerdotal. Después, Mons. Ossandón consagró el Santo Crisma y bendijo los óleos de los catecúmenos y de los enfermos. Los nuevos óleos son llevados a las iglesias y los viejos se queman o se dejan que ardan en la lámpara del Santísimo.

Después de la comunión, se vivió un momento de Adoración al Santísimo y Mons. Pedro Ossandón impartió la bendición a toda la asamblea con el Santísimo.

Antes de finalizar la Eucaristía, se rindió un homenaje de gratitud y afecto a los papás y mamás de sacerdotes, aunque sus hijos no ejerzan el ministerio en nuestra Diócesis.

Oraciones especiales por sacerdotes

Durante la Misa Crismal se hizo oración especial por el Pontificio Seminario Mayor San Rafael que este año cumple 50 años de vida, por los sacerdotes que están lejos de nuestra diócesis: Padre Bernardo Astudillo Párroco en Isla de Pascua, Padre Dietrich Lorenz en el Archipiélago Juan Fernández, Padre Jaime Oyarzún en misión con el Camino Neocatecumenal. También se rezó por los hermanos sacerdotes ancianos, enfermos, en situaciones difíciles, por los que han dejado el ministerio, por los sacerdotes fallecidos desde la última Misa Crismal: Pbro. Ramiro Ávalos, Mons. Sergio Contreras y el Pbro. Miguel Rodríguez quien falleció el pasado 5 de abril; por los Obispos de Valparaíso ya fallecidos: Mons. Eduardo Gimpert Paut, Mons. Rafael Lira Infante, Mons. Raúl Silva Henríquez, Mons. Emilio Tagle Covarrubias y Mons. Francisco de Borja Valenzuela y por los Obispos eméritos de Valparaíso: Mons. Jorge Medina, Mons. Francisco Javier Errázuriz y Mons. Gonzalo Duarte.

También se hizo oración por los hermanos detenidos desaparecidos que compartieron el ministerio presbiteral y cuyos cuerpos no han sido encontrados: Antonio Llidó Mengual y Miguel Woodward Iriberri.

Fuente: Comunicaciones de Valparaíso
Valparaíso, 18-04-2019
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