Monseñor Stegmeier: “En la Cruz, Cristo tomó nuestros pecados y los perdonó, y en su Resurrección nos dio nueva vida”

El Misterio Pascual, no es solo el recuerdo de un acontecimiento histórico del pasado, sino que es su actualización en el presente a través del ministerio de la Iglesia.

 
Miércoles 17 de Abril de 2019
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Hermanos en Jesucristo:

La Semana Santa nos hace contemplar los grandes misterios de nuestra Redención. Cristo, por amor y obediencia al Padre, voluntariamente asume el dolor de la Pasión y de la muerte en Cruz para salvarnos del pecado. Al tercer día resucita de entre los muertos para hacernos partícipes de su vida gloriosa e inmortal. En estos días santos tendremos ocasión de volver la mirada al Corazón de Jesús y a su infinita misericordia: “Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Jn 13,1).

La celebración litúrgica de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, es decir, su Misterio Pascual, no es solo el recuerdo de un acontecimiento histórico del pasado, sino que es su actualización en el presente de un modo real, a través del ministerio de la Iglesia, en la vida de cada uno de los creyentes. En la Cruz, Cristo tomó nuestros pecados y los perdonó, y en su Resurrección nos dio nueva vida. En efecto, “Él mismo que, sobre el madero, llevó nuestros pecados en su cuerpo, a fin de que, muertos a nuestros pecados, viviéramos para la justicia; con cuyas heridas ustedes han sido sanados” (1 Pe 2,24).

Nuestra participación en los misterios de Cristo se realiza a través de los Sacramentos, especialmente del Bautismo y la Eucaristía. Del Bautismo nos dice San Pablo: “Fuimos, pues, con Él sepultados por el Bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva. Porque si hemos si hecho una misma cosa con Él por una muerte semejante a la suya, también lo seremos por una resurrección semejante” (Rm 6,4-5). La Semana Santa tiene su culminación en la Solemne Vigilia Pascual en la que renovaremos nuestras promesas bautismales.

El nacimiento nuevo del agua y del Espíritu Santo (ver Jn 3,3.5) nos hace participar en la tierra de la vida gloriosa de Cristo, vida que alcanzará su plenitud en la eternidad del Cielo. Esta esperanza es tan verdadera, que San Pablo puede hablar de ella como algo actual: “Con Él (el Padre) nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús” (Ef 2,6).

Cristo se nos entrega todo entero en su Iglesia en el Sacramento de la Eucaristía precisamente para comunicarnos la vida eterna merecida por su Muerte y Resurrección. El Cuerpo y la Sangre de Jesucristo se constituyen en el alimento de los hijos de Dios nacidos en el Bautismo, en prenda de vida eterna, anticipo del banquete celestial y participación en su Muerte y Resurrección.

+ Francisco Javier Stegmeier
Obispo de Villarrica


Fuente: Comunicaciones Villarrica
Villarrica, 17-04-2019